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1692 Palabras

Allegra vio llegar el coche y, de él, salir a Duncan. Él se detuvo un momento para admirar las puertas de cristal, mientras se abrochaba uno de los botones de su traje. Era guapo con ganas, pensó Allegra, y esperó a que entrara. —Bienvenido –dijo una de las recepcionistas al verlo. A Allegra no se le pasó por alto la mirada de ave de rapiña que aquella mujer le había lanzado a Duncan. Él sonrió cordial, sin verla realmente, y eso la tranquilizó. Él no parecía ser uno de esos que coqueteaba a diestro y siniestro.  Se encaminó a él y le sonrió. —Aquí estamos. Supongo que ahora todo depende de ti. Duncan la estaba mirando atentamente. Ahora a la luz del día, sin peluca ni maquillaje extravagante, parecía totalmente diferente. No llevaba accesorios en el cabello, y realmente vestía muy sob

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