Al estar fuera de los edificios de la Chrystal Duncan volvió a echar una mirada al conglomerado. Necesitaría más de un día para pasearlo todo, pensó. Extensos jardines rodeaban los diferentes edificios, y el principal, que en la parte alta de su fachada llevaba una estrella, símbolo de la empresa, brillaba al sol del mediodía, a pesar de que el cielo estaba un poco encapotado. Anduvo unos pasos con Allegra a su lado y sacó su teléfono para avisarle a su madre que no iría a almorzar. Kathleen tenía el turno de noche a partir de esa noche y durante el día se quedaba en casa cuidando de los chicos. —¿A dónde vas? —A pedir un taxi. Dudo que se detengan aquí –contestó de manera distraída, mientras marcaba a Kathleen, pero nadie le contestaba. —Boinet puede llevarte. —No, gracias. No quiero

