Ya había anochecido cuando salí del trabajo y me dispuse a emprender el camino de regreso a casa. Las calles estaban vacías y me sentía algo inquieta y deseosa de llegar a casa, darme una buena ducha de agua caliente y hacer el amor con mi novio antes de acostarme. Todo aquello rondaba en mi cabeza cuando, sin previo aviso, unos brazos me rodearon y una mano tapó mi boca, ahogando el gritó que escapó de mi garganta. Por un momento vislumbre parte de la camiseta y los fuertes brazos de quien me sostenía contra su cuerpo, y casi sonreí, relajándome al momento. Sin embargo, esos segundos de calma fueron suficientes para que la mano que tapaba mi boca fuese sustituida por una mordaza, mientras que una venda pasó a cubrir mis ojos. En ese instante reaccioné, algo asustada, e intenté desprende

