Lo veo llegar y todo me tiembla. De miedo, de placer. Me saluda, me da un beso en la mejilla. Me pregunta si hay alguna novedad. Yo, como secretaria eficiente, le cuento lo que ha pasado, pero no lo miro a los ojos. Se me trancarían las palabras si lo hago. Se daría cuenta de lo que siento. Hace poco que lo conozco. Al principio fue un poco reticente a contratarme, pero al ver que no le quedaba otra opción, me aceptó. Tiene un cuerpo bien formado, como de deportista pero amateur. Un cuerpo que me quedo embobada mirando cuando no me ve. Un cuerpo al que le haría de todo si pudiera. Y cuando estoy ociosa en el trabajo, mi cabeza empieza a desear lo que verdaderamente quisiera con ese hombre... Siento que llega a la oficina. Voy y le preparo su mate como siempre. Me agradece y me voy. Vu

