A pesar de estar en el último vagón, había bastante gente. Estaba cansada, pero como iba a la última parada no me importó, ya que sabía que en algún momento abría un sitio libre. Una repentina frenada del metro hizo que un pasajero chocara conmigo. Estaba justo detrás de mí, así que no supe si era hombre o mujer. Incluso después de haber pasado un rato y de haber sitio suficiente esa persona no se movió de mi espalda. Casi podía oír su respiración. Fue entonces cuando noté una mano acariciándome el muslo. Era una mano huesuda y masculina, que me tocaba gentilmente esperando mi reacción. Por extraño que parezca no noté ni rastro de nerviosismo ni asco en mí. Era un manoseador, y yo me estaba dejando tocar. Me gustaba que incluso sin haber tenido novio nunca, pudiera hacer que los hombre

