—Sí, claro —respondió al fin. Trató de concentrarse en el libro que Carol tenía abierto en las piernas, un texto sobre psicología adolescente. Observó cómo su hermanastra robaba esporádicas ojeadas hacia él, como si quisiera garantizar que ya se encontraba en la misma página que ella. Continuaron estudiando juntos, o al menos, trataban de hacerlo. La tensión s****l entre ellos aún se sentía palpable, pero ninguno de los dos se atrevía a romper el silencio con respecto a lo que había ocurrido antes, hasta que Carol le puso su mano en la entrepierna de nuevo. Jaime dio un respingo, la miró sorprendido. Carol, sin contarse, continuó leyendo el libro que se encontraba en su regazo. Sus dedos se metieron lentamente debajo de su entrepierna a través del material de la tela de sus pantalones. J

