Jaime sabía que no podía seguir así. Necesitaba una distracción, algo que le permitiera despejar su mente y darle un descanso a su corazón acelerado. Decidió levantarse temprano al siguiente amanecer para salir a correr, en la esperanza de poder aclarar sus pensamientos. Al día siguiente, Jaime, después de terminar toda su tarea, al caer la tarde y, tal como había planeado, se calzó las zapatillas y salió a correr. Corrió durante más de una hora, a través del bosque cercano a su casa, en un intento por alejarse de todo. A pesar de que estaba físicamente agotado, mentalmente se sentía aliviado de poder alejarse, aunque fuera por un momento, de su escandaloso deseo por Carol. Jaime llegó de nuevo a casa, agotado pero satisfecho, y se dirigió a la ducha, esperando que el agua caliente le

