Capitulo 34

2819 Palabras
—No me conoces. No me conociste aquella noche. Abrazaste a la Beatriz de Dante, a la imagen que te habías formado gracias a los escritos y al cuadro de Holiday, no a mí. Él negó con la cabeza. —Lo que sentí fue real. Lo que hice fue real. —Te lo pareció, pero forma parte de la ilusión. —Fue real, _____. Lo más real que me ha pasado nunca. En cuanto te toqué, lo supe. Y cuando volví a tocarte... años después... te recordé. Mi cuerpo se acordaba del tuyo. Sólo mi mente consciente te había olvidado. —Ya no soy aquella chiquilla. Me he convertido en una mujer, una mujer que te desagradó a primera vista. —No es cierto. Te has convertido en una joven preciosa. —Sólo buscas una mascota. —No, Beatriz. —Deja de llamarme así —protestó ella, apretando los dientes. —Lo siento, _______. Sé que te he hecho daño. Y soy consciente de que tengo un lado oscuro. ¿Me dejarás demostrarte que también puedo ser bueno? ¿Muy bueno? —No. Es demasiado tarde. No puedo. —Aunque sentía que el corazón se le desgarraba, se dirigió al recibidor, recogiendo el abrigo y la mochila por el camino. —¿Y lo de anoche? —preguntó Tom, siguiéndola—. ¿No significó nada para ti? —¿Qué debería significar? ¡A ver, te escucho! —lo incitó, abrazándose a la mochila para protegerse por delante y apoyándose en la pared para cubrirse la espalda. Tom apoyó una mano a cada lado de sus hombros y se inclinó sobre ella. —¿Tengo que explicártelo? ¿No lo notaste? Acercó los labios, casi rozando los suyos. Al notar su cálido aliento sobre la piel, _____ se estremeció. —¿El qué? —Tu cuerpo junto al mío. Fuiste tú la que vino a mí anoche. Te metiste en mi cama. ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me dijiste que no podías mantenerte alejada de mí? Porque somos almas gemelas, tal como Aristófanes las describió, una alma en dos cuerpos. Eres la mitad que me falta. Eres mi bashert. —¿Bashert? ¿Acaso sabes lo que significa? El Bashert es el bashert, Tom, el destino es el destino. Puedes aplicarlo a lo que quieras. No tengo por qué ser yo. Él le dedicó una sonrisa radiante. —Tus conocimientos lingüísticos no dejan de sorprenderme. —Conozco esa palabra. —Por supuesto, preciosa, porque eres muy inteligente. Le acercó una mano al cuello y empezó a acariciárselo con la yema de los dedos. —Tom, para. —_______le apartó la mano para poder pensar—. Aunque estés limpio, sigues siendo un adicto. Y yo soy hija de una alcohólica. No pienso volver a pasar por ese infierno. —No te merezco. Lo sé. Conosco i segni dell’ antica fiamma. La sentí la primera vez que te di la mano. Y la primera vez que te besé. Anoche seguía estando allí. Las sensaciones, los recuerdos, todo lo que había sentido la primera vez, volvía a estar allí. Era real. Mírame a la cara y dime que no significó nada para ti y te dejaré marchar. _______ cerró los ojos para alejarse de sus súplicas. No quería oírlo decir que había reconocido los signos de la antigua llama. —No puedes hacerlo, ¿no es cierto? Tu piel me recuerda, igual que tu corazón. Desearías que me hubieran olvidado, pero no pueden hacerlo. Recuérdame, Beatriz. Recuerda a tu primer hombre. Le rozó el cuello con los labios y el pulso de ________ se aceleró. Su cuerpo era un traidor. No sabía mentir. No actuaba con sensatez. Él podría pedirle cualquier cosa en esos momentos y ella sería incapaz de negarse. La idea la ponía enferma. —Por favor, Tom. —Por favor, ¿qué? —susurró, depositando suaves besos a lo largo de su cuello. Finalmente, se detuvo para sentir el flujo vital de su sangre bajo la boca. —Por favor, deja que me vaya. —No puedo. —Le arrancó la mochila y el abrigo de las manos y los tiró al suelo. —No confío en ti. —Lo sé. —Me destruirás. Serás mi perdición. —Nunca. Tom le sujetó la cara entre las manos. Cuando ella cerró los ojos, se detuvo. ______ aguardó, esperando sentir la suavidad de sus labios sobre los suyos, pero el gesto no llegó. Esperó un poco más y abrió los ojos. Los de él, grandes y cálidos, la estaban contemplando. Sonreía. Le acarició la cara con suavidad aquí y allí, como si estuviera memorizando sus rasgos. Cuando volvió a acariciarle el cuello, arriba y abajo, con la yema de un dedo, _______ se estremeció. Le acercó los labios al oído. —Relájate, cariño —dijo él, antes de mordisquearle el lóbulo de la oreja y el cuello—. Deja que te muestre lo que soy capaz de hacer cuando me tomo mi tiempo. Sosteniendo la cara de _______ entre sus manos, le rozó la frente con los labios. Descendió por su nariz, por sus mejillas, por la barbilla. Cuando ella volvió a cerrar los ojos, le cubrió la boca con los labios. A esas alturas, ________ ya estaba sin aliento. En cuanto sus labios se encontraron, una corriente de sangre, calor y energía los recorrió a ambos, pero Tom no se apresuró. Sus labios cubrieron los de ella completamente y se movieron arriba y abajo, hasta que sus cuerpos vibraron con la suave fricción. Pero no abrió la boca. Levantó una mano para sujetarle delicadamente la nuca, masajeándole con suavidad la cabeza y enredándose en su pelo unos segundos antes de volver a descender. ______ no fue tan delicada al agarrarlo por la nuca y hundir los dedos en su pelo. Sus bocas seguían presionando la una contra la otra, milímetro a milímetro. Tom sacó la punta de la lengua y la pasó lánguidamente por el labio superior de ella, probándola con discreción antes de succionarle el labio inferior. Era tentador. Era una tortura. Era el beso más lento que Tom había dado nunca. Su corazón, por el contrario, latía aceleradamente. Cuando ella gimió contra su boca, él le echó la cabeza hacia atrás para que abriera la boca. Pero no aceleró el ritmo. Esperó a que la mandíbula de _______ se relajara. Cuando ella no pudo esperar más y sacó a su vez la punta de la lengua para que se reuniera con la suya, sólo entonces Tom se dio permiso para aceptar su invitación. _______ se habría lanzado a un beso enfebrecido, pero él marcaba el ritmo y quería ir despacio. Besarla con suavidad, tomarse su tiempo. Tardó una eternidad en bajar las manos desde la cara de _______ hasta sus hombros. Y media eternidad más en deslizárselas por la espalda hasta encontrar piel desnuda. Y durante todo ese tiempo no dejó de explorarle la boca, como si nunca fuera a tener otra oportunidad de hacerlo. Tom inspiró hondo y gimió al encontrar los hoyuelos que había descubierto la noche anterior. Eran territorio inexplorado, nunca hollado por otras manos, aunque las suyas tampoco tenían derecho a reclamarlo; no tenía derecho a reclamar a _______. Sus dedos se deslizaron por su piel mientras ella gemía y se agarraba a él. Sus sonidos de impotencia eran más eróticos que cualquier jadeo lascivo que hubiera emitido. Le perforaba el cuerpo y se lo inflamaba. Se apretó contra ella, oponiendo tendones de acero a sus delicadas y suaves curvas. Fue moviéndose lentamente hasta que fue su espalda la que se apoyó en la pared. No quería que se sintiera atrapada ni acorralada. Él en cambio no tenía ningún inconveniente en dejar que ella lo acorralara. ________ respiraba su aliento cálido y húmedo. Él era su oxígeno. No lograba dejar de besarlo el tiempo necesario para respirar correctamente y la cabeza empezó a darle vueltas. El aturdimiento hacía que sintiera el roce de sus labios con más intensidad, por lo que no se resistió. Se rindió a las sensaciones, lamiendo, succionando, moviéndose... Muy lentamente, Tom se retiró, interrumpiendo el beso. Con los pulgares le acarició la piel desnuda de la cintura. Cuando ella inspiró bruscamente, Tom la abrazó con fuerza, rodeándola con sus brazos y sintiendo cómo sus pechos se le clavaban en el torso. —Tienes que acostumbrarte a mis labios, _______, porque pienso besarte mucho —la amenazó en broma, besándole el pelo y sonriendo. Parecía verdaderamente feliz. Cuando ella por fin pudo hablar, la voz le temblaba. —Logan, no te prometo nada. Un beso no cambia las cosas. La sonrisa se borró del rostro de él, pero siguió abrazándola con fuerza. Con un dedo, le apartó un mechón de pelo de la cara. —Sólo te pido una oportunidad para tomarnos las cosas con calma y tratar de curarnos el uno al otro. —Anoche hablaste de ser amigos. Los amigos no se besan así. Tom se echó a reír. —Podemos ser amigos. Podemos seguir el modelo de amor cortés si es lo que deseas. Tendré que recordarlo la próxima vez que te bese. Y tú también. ______ apartó la mirada. —No me fío de ti. Y, aunque lo hiciera, no soy la chica que te imaginas. Te llevarías una gran decepción. —¿De qué estás hablando? —No estarías satisfecho si tuvieras que conformarte sólo conmigo. Y en cuanto te des cuenta de eso, me dejarás. Por eso te ruego que elijas una pareja que sea sexualmente compatible contigo antes de que uno de los dos resulte herido. ________ vio que Tom se sofocaba y que sus ojos lanzaban chispas y supo que estaba a punto de estallar. —¿Qué te hizo? Ésa no era la pregunta que ella había esperado. —¿De qué estás hablando? Tom la miró con cautela, observando sus reacciones. Se separó de la pared y enderezó los hombros. —No sé qué te hizo para que tengas tan mala opinión de ti misma, pero yo no soy él. ¿No comprobaste durante la noche en el huerto que nuestra conexión no está basada en el sexo? —Le acarició el cabello con una dulzura que contrastaba con la fiereza de sus palabras—. No me costaría mucho matarlo por lo que te ha hecho —susurró—, por quebrantar tu espíritu. »No negaré que me he dado muchos caprichos y que nunca he sido monógamo, pero quiero algo más. Algo real. Y sé que tú también lo quieres. ¿Qué posibilidades hay de que tu próximo novio sea virgen? Muy pocas. Tu baja autoestima será un problema con cualquier persona, no sólo conmigo. Si un hombre te deja por tu falta de experiencia s****l, no se merece tus lágrimas. Has de tener fe, ______, y debes tener esperanza. Si no en nosotros, al menos en ti. De otro modo, nunca dejarás que nadie te ame. —No me conoces. —Te conozco más de lo que crees y lo que no conozco me gustaría conocerlo. Enséñame, Beatriz. Me matricularé en tu universidad. Seré tu alumno. Enséñame a cuidarte. —Por favor, Tom. ¡No bromees! —No bromeo. Hay muchas cosas que desconocemos el uno del otro. Cosas que deseo explorar y descubrir. —No dejaré que me compartas con nadie. Tom gruñó. —No tengo la costumbre de compartir lo que es valioso para mí. Nunca permitiría que otro hombre te pusiera las manos encima y eso incluye a Paul y a cualquier otro follaángeles que ande por ahí. —Y yo no pienso compartirte con nadie. —¿A mí? —Sí. —Por descontado. Es evidente. —No, no lo es. —¿Qué se supone que quiere decir eso? —refunfuñó él. —No toleraré que duermas con nadie, incluso durante el período de... reflexión inicial. Tómatelo como una demostración de buenas intenciones. —Hecho. _______ se echó a reír. —Lo dices como si fuera lo más fácil del mundo. ¿Piensas renunciar a toda compañía femenina sólo por la posibilidad de tener algo conmigo? No te creo. —Créeme. Gano mucho más de lo que pierdo. Y pienso demostrártelo. Una vez, y otra... y otra. —Se inclinó sobre ella y le besó la mejilla. —Paulina... —susurró _______. Tom siguió besándola, bajando por su cuello hasta llegar al hombro. —No te preocupes por ella. —No pienso compartirte con ella. —No tendrás que hacerlo —dijo él con impaciencia. —¿Es tu esposa? Tom se apartó de ella y le dirigió una mirada incrédula. —Por supuesto que no. ¿Por quién me tomas? —¿Tu ex esposa? —_______, para. No es mi ex esposa. Fin de la conversación. —Quiero que me hables de ella. —No. —¿Por qué no? —Por razones que no quiero comentar. Ya te dije que no me acostaba con ella y que no voy a hacerlo en el futuro. Con eso debería bastarte. —¿Y quién es MAIA? La expresión de él se endureció aún más. —No. —Vi el tatuaje en tu pecho, Tom. Vi las letras. Él se cruzó de brazos. —No puedo. —Entonces yo tampoco puedo. Agachándose, _______ recogió el abrigo y la mochila. Él la retuvo. —_______, dime quién hizo que te sintieras tan insegura de ti misma y de tu capacidad s****l. ¿Fue Simon? Ella se encogió. —Dímelo. —No pronuncies su nombre en mi presencia. —Fuiste tú quien lo pronunció en sueños. Parecías muy alterada. Cuéntamelo. —No. —¿Por qué no? —Porque me da mucho asco —susurró, suplicándole con la mirada que cambiara de tema. Una idea oscura e inquietante se apoderó de la mente de Tom. Y una vez que se instaló, no pudo librarse de ella. —______, ¿él no... te forzaría? ______ agachó la cabeza. —No, Tom. Sigo siendo virgen. Él guardó silencio unos instantes, respirando hondo. —Serías virgen aunque te hubiera forzado. Para mí, seguirías siendo virgen. Su voz sonaba tan sincera y apenada que _______ sintió que se le rompía el corazón. —Eso es muy noble por tu parte, pero no me violó. Tom cerró los ojos y suspiró. —Los dos tenemos secretos que no queremos compartir. No te mentiré, pero tampoco voy a contártelo todo. Al menos hoy. Y no hace falta que hables para saber que tú también guardas secretos muy dolorosos. Lo acepto. No te voy a forzar a hablar de ellos.—Rodeándole la cintura con el brazo, la acercó hasta que se tocaron. —Entonces, ¿vamos a tener secretos el uno para el otro? —______sonaba perpleja. —De momento, sí. —Y queda pendiente el tema de que soy tu alumna. Tom la besó para impedir que siguiera hablando. —Ése es otro secreto que vamos a tener que guardar. Pero cariño, no quiero mantener el resto de esta conversación en el dichoso pasillo. Vuelve a la mesa y acaba de desayunar. Podemos hablar tomando un café o podemos comer en silencio. Pero no te vayas, por favor. ______ echó un vistazo rápido a la puerta antes de responder. —Necesito saber lo que sientes por mí, Tom—dijo ella, insegura—. Necesito saber que esto no es un juego para ti. Ni siquiera sé si te gusto. Si te gusto yo, no Beatriz. Él la miró sin dar crédito. —Por supuesto que me gustas. Y quiero ganarme tu afecto. Lo que venga después, dependerá de ti. _______ levantó la mano y le acarició el cabello. Él cerró los ojos y se relajó, respirando hondo. Cuando ella se detuvo, Tom abrió los ojos y _______ vio hambre en sus profundidades. Entonces sonrió y el hambre se transformó en otra cosa. «Esperanza.» Ver ese sentimiento en su cara hizo que a ______ se le saltaran las lágrimas. —Esto no es lo que me había imaginado —sollozó—. Encontrarte después de tantos años ha sido totalmente distinto a como era en mis sueños. No eres la persona que yo pensaba. —Lo sé. —Él la abrazó y le besó la frente con cariño. —Tom, me enamoré de ti a los diecisiete años. Fue la primera vez que me enamoré. Y resulta que lo hice de alguien que no existía. He malgastado mi vida por culpa de una falsa ilusión. —Siento haberte decepcionado. Me gustaría poder ser el caballero y no el dragón, pero no lo soy. —Tom se echó hacia atrás y la miró fijamente—. Todo está en tus manos. Puedes rescatarme o desterrarme de tu vida con una sola palabra. _______ escondió la cara en su pecho y se preguntó si tenía elección.
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