Capitulo 35

2025 Palabras
en el dedo. —Quería hacer una buena acción. Lamenté mucho que no pudieras ir a Harvard. ______ bajó la mirada. —Pero gracias a eso me he reencontrado contigo. Tom sonrió con los ojos brillantes. —Así es. Tras observarla intensamente durante unos instantes, cambió de postura para mirar la hora en su Rolex y gruñó. —¿Qué pasa? —preguntó _______. —He de irme. Tengo una reunión. —Yo también tendría que marcharme —replicó ella, levantándose rápidamente del sofá. Se colgó la mochila al hombro y fue a por su abrigo. Cruzando la habitación en tres zancadas, Tom la detuvo poniéndole las manos en los hombros. —Quédate. No tardaré mucho y volveré directamente aquí. ________ se mordió el labio inferior mientras lo pensaba. —No hagas eso —le pidió él, liberándole el labio con el pulgar—. Me preocupa que hagas eso. Retiró el pulgar rápidamente para que ella no malinterpretara su intención, pero no antes de que éste entrara en contacto con la lengua de ________ por accidente. No habría sabido decir de quién había sido el descuido. —¿De qué va la reunión? —He quedado con Christa —respondió Tom mirándola a los ojos—. Va a ser desagradable. Pero será mucho más soportable si sé que, cuando acabe, estarás aquí esperándome. —Tengo muchas cosas que hacer y además debo llamar a Paul. Al parecer, anoche fue a mi apartamento para asegurarse de que estaba bien —explicó ella, hablando muy de prisa—. Le mandé un mensaje diciéndole que estaba bien, que no tendría que dejar el curso, pero que iba a tener que buscar un nuevo director de tesis. No sé cómo voy a explicarle lo de Katherine. —No tienes por qué darle explicaciones —refunfuñó Tom—. Dile que se meta en sus asuntos. —Es mi amigo. —Entonces dile que lo has conseguido gracias a la solicitud que enviaste a Harvard. Katherine es amiga de Greg Matthews. _______ asintió mientras se abrochaba el abrigo. —Un momento. Él desapareció en su estudio durante unos momentos y luego regresó con un viejo libro que le puso entre las manos. Ella leyó el título: La figura de Beatriz: Un estudio sobre Dante, de Charles Williams. —Quiero que te lo quedes. —Tom, tienes que dejar de regalarme cosas —dijo, devolviéndoselo. —Si estás familiarizada con este libro, impresionarás a Katherine. Es una gran admiradora de Dorothy L. Sayers, y Sayers obtuvo muchos de sus conocimientos sobre La Divina Comedia de la obra de Williams. —Se aclaró la garganta—. No espero nada a cambio, así que no te preocupe aceptarlo. Ella pasó una mano sobre la vieja cubierta, contemplándola con devoción. —______, quédatelo al menos hasta que Katherine acepte ser tu tutora. —Gracias. —De nada. Tenemos que comentar una cosa más. Ella levantó la vista hacia él, nerviosa. —Todo sería mucho más fácil si no fueras mi alumna, pero lo eres, al menos de momento. Ella ahogó un grito. Tom la miró a los ojos. —Disculpa. No era eso lo que quería decir. Me refiero a que, aunque solucionemos el tema de la dirección de tu tesis, seguimos teniendo el problema del seminario. —Si lo dejo, no podré graduarme en mayo. En tus mensajes decías que me buscarías un curso para suplir éste, pero no es una buena solución. Necesito hacer el seminario sobre Dante, tanto para mi especialización como para la tesis. —La política de no confraternización se aplica tanto a estudiantes de doctorado como a todos los demás alumnos. Mientras estés en mi seminario, no podemos mantener una relación. El semestre que viene será distinto, claro. Ya no serás mi alumna. ______ ya sabía todo esto. La Declaración de Derechos y Deberes de los Estudiantes Universitarios lo decía claramente. El profesorado no podía acostarse con los alumnos. Los alumnos no podían acostarse con los profesores. Si lo hacían, debían atenerse a las consecuencias. Por supuesto, _______ no estaba previendo acostarse con Tom. Se preguntó si él se acordaría de ese detalle. —No pienso perderte —susurró él—, pero tampoco voy a apartarte de tus objetivos. Vamos a tener que planear algo. Mientras tanto, hablaré con mi abogado. —¿Tu abogado? —Una conversación preventiva sobre lo que podría pasar si me acostara con una de mis alumnas. _______ le apoyó una mano temblorosa en la manga. —¿Quieres perder tu empleo? —Claro que no —respondió él bruscamente. —Ya he puesto en peligro tu carrera una vez. No pienso volver a hacerlo —aseveró ella—.Tenemos que mantenernos apartados hasta que acabe el semestre. Luego, si quieres, volveremos a hablar del tema. Tal vez durante ese tiempo cambies de opinión y te des cuenta de que en realidad no te intereso. Bajó la vista hacia sus zapatillas deportivas y movió los dedos de los pies, inquieta. —Eso no va a pasar, _______. —Todavía nos estamos conociendo. Tal vez cinco semanas sólo de amistad sea justo lo que necesitamos. —Los amigos cenan juntos. ¿Mañana por la noche? Ella negó con la cabeza con fuerza y dijo: —¿Por qué no me llamas? Te prometo que responderé al teléfono. Tom frunció el cejo. —Entonces, ¿cuándo volveré a verte? —La semana que viene, en tu seminario. —Falta mucho para eso. —Es lo que hay, profesor. _______ esbozó una media sonrisa y se dirigió hacia la puerta. —¿No te dejas nada? Ella comprobó que llevaba las llaves en la mochila. —No, creo que no. Él se le acercó con una mirada insinuante. —¿No hay un beso para el pobre y solitario Tom? —musitó en tono seductor. _______ tragó saliva. —Los amigos no se besan como lo haces tú. Tom siguió avanzando hasta que ella notó la puerta contra su espalda. —Sólo un beso de amigos. Palabra de boy scout. —¿Fuiste boy scout? —No. Levantando la mano muy lentamente para no asustarla, le acarició la mejilla con delicadeza y le sonrió. Desarmada, ________ le devolvió la sonrisa. Tom entonces la besó, con un beso suave pero firme. Ella esperaba que continuara seduciéndola, abriendo la boca, o moviendo el cuerpo, pero no lo hizo. Se mantuvo inmóvil, con los labios pegados a los suyos hasta que se apartó sonriente. —No ha sido tan grave, ¿no? —preguntó, pasándole un dedo por la mandíbula y echándose a reír. Ella negó con la cabeza. —Adiós, Tom. Cuando ______ se hubo marchado, él se apoyó en la puerta y se frotó los ojos, refunfuñando. Cuando Tom regresó a casa, después de una reunión desagradable y bastante pintoresca con Christa, sacó una agua Perrier de la nevera y marcó el número de John Green, su abogado. Hacía bastante tiempo que no necesitaba sus servicios y no lo había echado de menos. John tenía algunos clientes de dudosa reputación, pero era el mejor en su campo y Tom lo sabía. Era especialista en derecho penal de Canadá, tema que tenía poco que ver con el derecho laboral, como John se ocupó de recordarle varias veces a lo largo de la media hora que duró su conversación. —Te advierto que si la política de no confraternización es uno de los puntos de tu contrato, violarla pone en peligro tu empleo. Así que deja que te lo pregunte directamente: ¿te estás acostando con ella? —No —respondió Tom lacónicamente. —Bien. Pues sigue así. De hecho, mi consejo profesional es que te mantengas lejos de esa chica hasta que volvamos a hablar. ¿Cuántos años tiene? —¿Disculpa? —La chica, Tom, la putita. —Vuelve a llamarla así y dejaré de ser tu cliente. El abogado hizo una pausa. Su cliente era un tipo duro, un cabronazo sin miedo a nada y John no tenía energías para un altercado telefónico. —Déjame intentarlo de nuevo. ¿Qué edad tiene la jovencita? —Veintitrés. John suspiró aliviado. —Bueno, al menos no estamos hablando de una menor. —Fingiré no haber oído eso. —Escucha, Kaulitz, soy tu abogado. Déjame hacer mi trabajo. No puedo darte una opinión profesional sobre tu situación hasta que no conozca todos los detalles. Una de mis socias demandó a la Universidad de Toronto el año pasado. Le pediré que me pase el informe. Pero de momento, repito, mantente alejado de ella. Hagas lo que hagas, no te acuestes con ella. ¿Está claro? —Sí. —Para que no haya malentendidos, no mantengas ningún tipo de actividad s****l con ella. No me gustaría que nos viéramos metidos en un debate clintoniano sobre qué es una relación s****l y qué no lo es. No hagas nada con ella, aunque sea sexo consentido. —¿Y si tuviéramos una relación romántica pero no s****l? John reflexionó durante unos momentos, mientras se limpiaba la oreja con el dedo meñique. —No acabo de entenderlo. —¿Qué pasaría si nos viésemos, sin tener contacto s****l? John se echó a reír a carcajadas. —¿Me tomas el pelo, Kaulitz? Eso no me lo creo ni yo y soy tu abogado. Nadie más se lo creería. —No es lo que te he preguntado. Lo que quiero saber es si mantener una relación en la que no haya actividad s****l violaría la política de no confraternización de la universidad. —Nadie va a creerse que tengas relación con una estudiante sin sexo de por medio, especialmente con tu reputación. Por supuesto, le correspondería al empleador aportar pruebas, a no ser que tu chiquita presentara una demanda contra ti, o que alguien os descubriera en una situación comprometida. O que acabe embarazada. —Eso no va a pasar. —Eso es lo que dice todo el mundo, Kaulitz. Tom se aclaró la garganta. —Sí, pero en este caso es imposible. Por más de una razón. John puso los ojos en blanco. No tenía ganas de darle una clase de biología al profesor. —En cualquier caso, si os descubrieran y no hubiera habido contacto s****l, lo más probable es que sólo recibierais una reprimenda por relación inadecuada. Pero no puedo poner la mano en el fuego antes de leer la normativa y de informarme sobre los precedentes que haya habido en tu universidad. —Gracias. —Si la lías, es tu culo el que correrá peligro, no el mío. Ten cuidado. Yo cobraré igual, hagas lo que hagas. —Carraspeó—. Y, Tom... —¿Sí? —Trata de no meterte en líos durante una temporada. Nada de chicas, nada de peleas ni de dejarte ver borracho en público. Cualquier demanda judicial dejará al descubierto tu historia, no lo olvides. Dejemos el pasado en el pasado, ¿de acuerdo? —De acuerdo, John. Y dicho eso, colgó el teléfono y cogió las llaves. La mejor solución para liberar tensiones sería una sesión en su club de esgrima. Cuando ______ regresó a su apartamento, rebuscó entre los arbustos de delante de su puerta, pero lo único que encontró fueron unos cuantos trozos de la postal de Tom rotos y medio borrados. Era imposible recomponer el mensaje con ellos. Pasó casi todo el día leyendo el libro de Charles Williams y tomando notas que esperaba que le fueran útiles para su entrevista con Katherine. Tuvo que admitir que la idea de Tom había sido providencial. El dominio de Dante que tenía Williams le aportó muchísimas ideas para su proyecto de tesis. Antes de irse a dormir, se sentó en la cama escuchando el iPod y pensando en Tom. La segunda canción que éste le había descargado era Dante’s prayer, la oración de Dante, también de Loreena McKennitt. Era una pieza muy emotiva y, mientras la escuchaba, empezó a llorar. Esa noche, se acostó con la fotografía que había guardado en el cajón de la ropa interior otra vez bajo la almohada y reflexionando sobre un montón de cosas.
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