Capitulo 36

3409 Palabras
Tom era un adicto. Sabía que si alguna vez volvía a caer en las garras de la droga, la arrastraría a ella en su caída, hasta unas profundidades en las que no deseaba habitar. Además, cualquier tipo de relación con él podía manchar tanto la carrera de Tom como la suya. Si su relación salía a la luz, él se convertiría en el centro de las conversaciones malintencionadas de todas las fiestas de la universidad. Sería el joven y prometedor profesor que se había tirado a una alumna a la que había conocido en su seminario. Y ella sería la fresca que se había abierto de piernas para conseguir aprobar el seminario, ya que no era lo bastante inteligente como para conseguirlo de otra manera. Que ambos esperaran al final del semestre no tenía importancia. Las habladurías los alcanzarían igualmente.También se dedicó a recordar el pasado. Se había enamorado de Tom a los diecisiete años. Tal vez podía explicarse por la intensa conexión que había existido entre ellos, o por cómo él la había mirado, o por los sentimientos que le había despertado mientras estuvo entre sus brazos. Cualquiera que fuera la base de ese sentimiento, el caso era que se había enamorado de él perdidamente. Cuando Tom desapareció, trató de borrar sus sentimientos. Al ver que no lo conseguía, trató de ahogarlos enamorándose de otra persona. Pero acurrucada entre sus brazos la noche anterior, había sentido unas emociones tan intensas que las defensas que había construido tan cuidadosamente alrededor de su corazón se habían derrumbado como un castillo de arena abatido por la fuerza del océano. El amor que sentía por Tom seguía allí, como una llamita que ningún océano podía apagar. Tal vez en ese momento no tenía elección porque ya la había hecho en el pasado. Había elegido cuando él le tendió la mano y ella se la cogió sin dudarlo un instante. En cuanto Tom la había tocado, ______supo que era suya. Después, él había vivido siempre entre las sombras, como un fantasma que se negaba a desaparecer por completo. Y ahora ese fantasma había decidido que quería recuperarla. Aunque _______ creía que él nunca sería capaz de amarla. A la mañana siguiente, ______ comprobó los mensajes en el móvil y se sorprendió al encontrar uno de Tom. La había llamado cuando ya estaba dormida. «______, me prometiste que responderías al teléfono. [Suspiro.] Supongo que estás bien; que estarás en el baño o algo. Llámame cuando recibas el mensaje. »Siento no haber podido llevarte a cenar esta noche, pero me gustaría cenar contigo mañana. ¿Podríamos al menos hablarlo? [Pausa.] Llámame, principessa. Por favor.» Lo primero que hizo ella fue guardar su número, aunque en vez de su nombre, escribió Dante Alighieri. Luego lo llamó, pero le salió el buzón de voz. «Hola, soy yo. Siento no haber respondido al teléfono anoche. Me quedé dormida. Claro que me gustaría verte, pero creo que ir a cenar fuera es muy arriesgado. Quiero conocerte mejor, Tom, y espero que encontremos una manera segura de hacerlo. Siento haberme perdido tu llamada. Hablamos luego.» ______ pasó casi toda la mañana del viernes trabajando en su proyecto de tesis. Tuvo el teléfono a mano por si Tom la llamaba, pero no lo hizo. Quien sí la llamó fue Paul, aunque su conversación se interrumpió bruscamente cuando el profesor Kaulitz entró en su despacho de la biblioteca. Al parecer, Tom estaba de mucho mejor humor, así que a Paul no le costó demasiado creer que no había sido excesivamente duro con ella. ______, por su parte, hizo todo lo que estaba en su mano para convencerlo. Crisis evitada. Tras una reunión muy interesante con Katherine, regresó a casa y se preparó una cena ligera. Después de tomarse la sopa de tomate, se duchó y se cubrió con una toalla lila que apenas llegaba para cubrirle el pecho y el trasero. Frente al armario, estuvo dudando qué pijama ponerse. En vista de que el frío de finales de octubre no parecía tener intenciones de remitir y como homenaje a la proximidad de Halloween, eligió uno de calabazas. Tap, tap, tap. Sobresaltada, _______ soltó un gritito. Una voz llegaba amortiguada desde el otro lado de la ventana. Alguien volvió a golpear en el cristal con más urgencia. Fue hacia allí y, al descorrer la cortina, se encontró con la cara preocupada de Tom. —¡Me has dado un susto de muerte! —exclamó ella, quitando los seguros de la vieja ventana y levantándola con una mano, mientras se sujetaba la toalla con la otra. —No respondías al teléfono, ni al timbre de la puerta. Temía que te hubiera pasado algo. He dado la vuelta al edificio y he visto luz en esta habitación. Al darse cuenta de que le costaba sujetar la ventana, dijo: —Déjame a mí. Con un solo movimiento, la levantó hasta arriba y le dio dos bolsas de papel. —¿Qué es esto? —preguntó ______. —La cena. Ahora apártate y déjame entrar. Aquí fuera hace frío. —¿Qué estás haciendo? —¿A ti qué te parece? Estoy entrando en tu apartamento por la ventana. —Te habría dejado entrar por la puerta como una persona normal —replicó ella, colocando las bolsas sobre la mesa. Tom le dirigió una mirada hambrienta mientras pasaba las piernas por encima del alféizar de la ventana. —Vestida así, mejor que no abras la puerta. —Cerró la ventana, pasó el seguro y corrió las cortinas—. Deberías ponerte algo encima. _______ se estremeció cuando él le acarició el hombro desnudo con un dedo. «Suave, tersa, húmeda y cálida», pensó Tom. Ella se sujetó la toalla con más fuerza, mientras él apartaba la vista. Estaba prácticamente desnuda y aún húmeda de la ducha. La visión estaba causando efectos indeseados en su anatomía. Algo cobró vida dentro de sus pantalones y saludó. Más de una vez. —Por favor, vístete, _______—le dijo con voz ronca. Ella retrocedió ante lo que le pareció vergüenza e incomodidad por parte de Tom. —Me cambiaré en el baño —dijo, mientras buscaba la ropa de yoga y sus zapatillas de borreguillo. —¿Por qué no tienes encendida la calefacción? —preguntó él, mientras _______se alejaba. —Está encendida. —No me digas... Si hace casi el mismo frío aquí que en la calle. Te pondrás enferma si te paseas vestida sólo con una toalla. Ella cerró la puerta, poniendo fin a la conversación. Tom se recolocó los pantalones y buscó un termostato, pero por supuesto, no había ninguno. Pronto estuvo de rodillas en el suelo, tratando de reparar el viejo radiador que era la única fuente de calor del apartamento. «¿Cómo puede vivir así? Hace un frío que pela aquí dentro.» Cuando _______salió del baño, se lo encontró todavía con el abrigo puesto, arrodillado frente al radiador, como si éste fuera un altar. —Pasas más tiempo de rodillas que cualquier otro profesor —le comentó riendo. Él la miró por encima del hombro. —Muy graciosa, _______. Este radiador no funciona. ¿Tienes alguna estufa eléctrica? —Hay una de barra en el baño, pero no la uso. Tom se levantó negando con la cabeza y se dirigió al aseo rápidamente. Encendió la barra eléctrica y dejó la puerta abierta. —Deja que caliente un poco el apartamento. Tienes el pelo mojado y puedes coger frío. Te prepararé una taza de té —se ofreció, colgando el abrigo detrás de la puerta de la calle. —Puedo hacerlo yo. —Permíteme —pidió, dándole un beso en la frente. A continuación, cogió la tetera eléctrica, la llenó con agua del lavabo y volvió a ponerse de rodillas para enchufarla debajo del armario. ________ trató de no quedarse mirando cómo los pantalones de lana negra se amoldaban a su bien formado trasero mientras lo hacía. Para distraerse, comparó su comportamiento con el de la primera visita que hizo a su agujero de hobbit. Era como si existieran dos Tom y ese día había tocado que la visitara el amable. «Este otro es igual de guapo, pero mucho más atractivo.» —Bien —dijo Tom, levantándose y mirando a su alrededor—. Y ahora te haré entrar en calor. —Clavando la mirada en ella, se le acercó y la abrazó, frotándole la espalda—. ¿Estás bien? —Sí. —¿Y por qué no contestas al teléfono? —Contesto al teléfono, a no ser que esté durmiendo o en la ducha. —Estaba preocupado. No me respondiste ayer por la noche, ni hace una hora. —Me estaba lavando el pelo. Tom le hundió la cara en el cuello y aspiró su aroma. «Vainilla.» —_______—empezó a decir, acariciándole la cara. Ella parpadeó. —¿Sí? Él guardó silencio. Al alzar la vista, _______vio que se le habían oscurecido los ojos y que la estaba mirando intensamente. Tom se inclinó sobre ella y le rozó el cuello con los labios con suavidad, empezando por debajo de la oreja izquierda y terminando en el comienzo de la clavícula. Un fogonazo de deseo se encendió en el estómago de _______ y fue bajando. Aunque los labios de él reseguían su piel casi sin tocarla, la sangre de ella respondía a su llamada y circulaba más de prisa. El contacto de Tom nunca le había parecido tan erótico, tan afectuoso. Una y otra vez, recorrió la columna de su cuello, sacando la lengua de vez en cuando para probar el sabor de su piel. Y también de vez en cuando cambiando los labios por la nariz o la barbilla, rascándola con la barba incipiente. Trazó un camino de delicados besos hasta llegar al hueco de debajo de su garganta. Tras presionar allí los labios con fuerza, siguió su camino, recorriéndole el lado derecho del cuello. _______ gimió y cerró los ojos. Subiendo las manos por la espalda de Tom, llegó a su nuca y le enredó las manos en el pelo. Sus dedos se movían por voluntad propia, acariciándole la piel justo por encima del cuello de la camisa sin darse cuenta. —Humm. —¿Te gusta? —susurró él, sin dejar de besarla. _______ volvió a murmurar para expresar su placer. —Quiero complacerte, ________. Más de lo que te imaginas —dijo Tom, prestando especial atención a la zona de debajo de la oreja y a la sensible piel de la mandíbula—Dime si te estoy dando placer. Ella apenas oyó lo que decía, distraída por una miríada de sensaciones que le recorrían el cuerpo y por el calor que le encendía la carne. Ya no tenía frío. No sentía nada que no fuera él. —Me das placer, Tom—susurró aturdida. —Ésa es una declaración de deseo —murmuró él a su oído, provocando que ella se estremeciera—. Si fuéramos amantes, te besaría así para comunicarte mi intención de llevarte a la cama. Ahora sólo puedes imaginarte los placeres que te aguardan allí, pero te puedo asegurar que ardo por ti. No voy a besarte en los labios porque tengo miedo de no poder detenerme. _______ gimió con más fuerza y Tom continuó con su sensual asalto, echándole el pelo hacia atrás para poder ampliar su territorio de exploración. Con besos ligeros y delicados como plumas, fue ascendiendo hasta llegar a su otra oreja. Una vez allí, se metió el lóbulo en la boca y se lo acarició con la lengua. —Si probara tu boca ahora, no respondería de las consecuencias. Sólo puedo adorar tu precioso cuello. Y sé que dentro de poco tendré que parar, antes de que la tentación sea demasiado grande. Ya es demasiado grande. No te imaginas cuánto te deseo. —La voz se le había puesto ronca; parecía estar respirando agitadamente. ______ sintió que las piernas no la aguantaban y empezó a tambalearse... justo cuando la tetera empezó a silbar. Tom le dio un casto beso en la mejilla y se apartó para preparar el té, mientras ella se sentaba, temblorosa, en una de las sillas. El corazón le latía tan de prisa que pensó que estaba a punto de tener un ataque. Se echó hacia adelante y apoyó la cabeza entre las manos. «Si reacciono así por unos cuantos besos, ¿cómo voy a reaccionar cuando...?» —¿Qué tipo de té quieres, cariño? —preguntó Tom, alzando una ceja, divertido ante los esfuerzos de _______ por recuperar el aliento. La única razón por la que él había recuperado el suyo era porque se había apartado de ella. Y porque tenía más experiencia en ocultar sus sentimientos y sensaciones. A menos que alguien hiciera un examen visual riguroso. —Lady Grey. Está en la lata, al lado de la tetera —respondió ______ con voz temblorosa. —No soy muy aficionado al té, así que seguro que no será tan bueno como el que haces tú. Esperemos que se pueda beber. _______ alzó la ceja, sorprendida por su elección de palabras, y le dio las gracias cuando él le puso la tetera y una taza delante. —He comprado unas cuantas cosas. ¿Has cenado? —Me he tomado una sopa. —________. —Tom se sentó a su lado, mirándola con desaprobación—. Una sopa no es suficiente. —Sí, creo que no es la primera vez que oigo eso —replicó ella, poniendo los ojos en blanco. Él se echó a reír y sacó de las bolsas una botella de vino y un abridor. —¿Tienes copas? —Sí. _______ se acercó a la zona de cocina para buscarlas. Todavía no sabía qué pensar de la relación de Tom con el alcohol, pero por el momento decidió concederle el beneficio de la duda. Al volver a la mesa, leyó la etiqueta de la botella: Serego Alighieri Vaio Armaron Amarone 2000. —¿Es quien creo que es? —preguntó, señalando la botella. Tom le cogió la mano y le dio un beso en la palma. —Sí, el hijo de Dante compró los viñedos en el siglo XIV y la familia Masi ha estado produciendo vino desde entonces. Echándose hacia atrás en la silla plegable, contempló a ________ en silencio. Parecía sobrecogida. —No sabía que su familia tuviera un viñedo. —Producen un vino muy bueno. Aunque, tal vez, teniendo en cuenta nuestro pasado, la elección te parezca demasiado sentimental. Ella negó con la cabeza. —No. No me lo parece. —He trabajado hasta tarde, pero me apetecía mucho cenar contigo. He ido a Pusateri’s y he comprado comida para llevar. Hay manicotti, ensalada César y una barra de pan. ¿Te apetece? ________ miró el despliegue de comida que había aparecido en su mesa y se le abrió el apetito inmediatamente. —¿Y esto qué es? —preguntó, señalando un paquete de lo que parecían galletas, con un reno en la etiqueta. Tom se echó a reír. —Son galletas de lima de la Dancing Deer Baking Company, mis favoritas. ¿Por qué no te secas el pelo y te bebes el té mientras acabo de preparar todo esto? —propuso, pasándole los dedos por el cabello aún húmedo. —¿Por qué sigues alimentándome? La mano de él se detuvo. —Ya te lo he dicho, me gusta darte placer. —Retirando la mano, le dedicó una mirada socarrona—. Esto es lo que hace un hombre cuando le interesa una mujer, ________. Se muestra atento, se anticipa a sus necesidades. —Con una sonrisa traviesa, añadió—: Tal vez esté tratando de enviarte un mensaje. Si soy así de atento con tus necesidades culinarias, imagínate lo atento que sería respecto a otros... apetitos. Ella se ruborizó inmediatamente y Tom no pudo reprimir el impulso de acariciarle la mejilla. —Tienes una piel preciosa —susurró—. Como una rosa que acabara de florecer. —La miró con admiración—. Rachel dejó de ruborizarse cuando empezó a acostarse con Aaron. —¿Cómo lo sabes? —Todos nos dimos cuenta. No fue muy difícil. Un día estaba leyendo El Principito y al siguiente se estaba comprando lencería. _______ se mordisqueó el labio inferior, perdida en sus propios pensamientos. —Me encantó ese libro. —«Hemos de mirar con el corazón, no con los ojos.» —Exacto —murmuró ella—. Me encanta la parte en la que el zorro le explica al Principito el proceso de domesticación y decide que quiere que lo domestique a él, que quiere ser su zorro, aunque eso lo haga vulnerable. —_______, creo que deberías secarte el pelo ahora mismo. Él le apartó la mano de la cara y se levantó bruscamente, luego fingió estar muy ocupado organizando la cena. ________ se preguntó qué habría dicho para causarle esa desazón. Después de cenar, se sentaron en la cama a modo de sofá. Tom apiló varios cojines y se reclinó, rodeando la cintura de ______ con un brazo. —Siento que sea tan incómodo —se disculpó ella con sencillez. —No es incómodo. —No disimules. Sé que odias este sitio. Es pequeño, frío y... —dejó la frase en el aire, señalando a su alrededor. —Siempre me arrepentiré de las cosas que te dije cuando fuiste tan amable de invitarme a entrar. No odio este sitio. ¿Cómo iba a hacerlo? —Entrelazó los dedos con los suyos—. Es donde tú estás. —Gracias. —Gracias a ti por hacer que todo sea hermoso sólo por estar ahí. _______ sonrió mientras Tom se llevaba sus manos entrelazadas a la boca y le besaba los dedos con ternura. —Cuéntame, ¿qué tal la reunión con Katherine? Ella tuvo que esperar unos momentos a que los dedos dejaran de hormiguearle para poder hablar: —Es exactamente como me la describiste. Se ha alegrado mucho al saber que había estado leyendo a Charles Williams. Creo que eso la ha predispuesto a mi favor. Ha aceptado ser mi tutora. —¿Y qué le ha parecido el proyecto? —Bueno, dice que le parece un tema muy trillado. Ha sugerido que, en vez de comparar lujuria y amor cortés, podría comparar aspectos de la amistad entre Virgilio y Dante con el amor cortés. Así que, en vez de lujuria y amor, compararé amistad y amor. —¿Estás satisfecha con el cambio? —Supongo. Me ha aconsejado que el semestre que viene me matricule en el seminario de la profesora Leaming. Aunque sea especialista en santo Tomás de Aquino, su curso está centrado en el amor y la amistad. Tom asintió. —Conozco a Jennifer Leaming. Es buena. Ella jugueteó con la colcha. Él le cubrió la mano con la suya. —¿Qué pasa? —Nada. —Sin secretos, ______. ¿Qué pasa? —Le envié un correo electrónico a la profesora Leaming hace una semana preguntándole si quería ser mi directora de tesis. Fue antes de que mantuviéramos nuestra... conversación. La mirada de Tom se ensombreció. —Y ¿qué te dijo? —Nada. —Jennifer está muy ocupada. No es adjunta y dudo que tenga tiempo de supervisar a alumnos que no pertenezcan al Departamento de Filosofía. —Tom se interrumpió unos instantes antes de seguir hablando—: Cuando te dije que te buscaría un nuevo director, ¿no me creíste? _______ se removió, inquieta. —Te creí. —Entonces, ¿qué te impulsó a moverte a mis espaldas? —Quería comprobar si podía resolverlo por mi cuenta. —¿Y qué tal? —preguntó él, apretando los labios. —Muy mal. —Tarde o temprano vas a tener que confiar en mí. Particularmente en temas ligados a la universidad. Si no, no conseguirás nada. Ella asintió, mordiéndose la mejilla por dentro. —¿Y qué tal fue tu reunión con Christa? —Prefiero no hablar de eso. Esa mujer es una plaga bíblica. ______ trató de disimular una sonrisa. —Está demasiado ocupada tratando de rescatar su propuesta de tesis para molestarnos ahora mismo —continuó él—. No pienso aceptar su proyecto tal como está y eso probablemente implique que busque a otro director de tesis. Aunque, por desgracia, soy el único especialista en Dante en estos momentos. —¿Así que Christa queda fuera de la ecuación?
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