Capítulo 6

2430 Palabras
Las palabras salieron de su boca antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo. Al ver que ________ se ruborizaba y luego palidecía, se horrorizó. Había vuelto a agachar la cabeza, por supuesto, y se estaba mordiendo la mejilla. —Señorita Mitchell, nunca se me ocurriría cobrarle la copa. Va en contra de todas las leyes de la hospitalidad. «Y eso sería intolerable», pensó ella con ironía. —Pero también te he manchado la camisa. Deja que pague la tintorería al menos. Tom bajó la vista hacia su preciosa, pero obviamente estropeada camisa y maldijo en silencio. Le gustaba aquella camisa. Paulina se la había traído de Londres. La mancha de la saliva de ______ mezclada con el chianti no iba a desaparecer nunca. —Tengo varias camisas iguales —mintió—. Además, seguro que la mancha saldrá fácilmente. Rachel me ayudará. ______ se mordió el labio inferior una vez más. Tom sintió que le daba vueltas la cabeza, pero sus labios eran tan rojos y tentadores que no pudo apartar la vista. Era una sensación comparable a estar presenciando un accidente de coche desde la cubierta de un barco. Inclinándose hacia ella, le dio unas palmaditas en el dorso de la mano. —Los accidentes son inevitables. No son culpa de nadie —dijo para tranquilizarla. _____ dejó de morderse el labio y lo recompensó con una sonrisa. «La amabilidad la hace florecer. Es como una rosa que abre los pétalos.» —¿Se encuentra bien? —preguntó Rachel a su espalda. Tom retiró la mano apresuradamente y suspiró. —Sí, aunque me temo que ______odia el cuscús. Y, tras decirlo, le guiñó un ojo a _______ y disfrutó viendo cómo el rubor se extendía desde sus mejillas por su piel de porcelana. En verdad era un ángel de ojos castaños. —No pasa nada. Prepararé arroz pilaf —dijo Rachel, que salió del cuarto de baño seguida por Tom. ______se quedó dónde estaba, tratando de impedir que el corazón se le saliera del pecho. Mientras Rachel guardaba el cuscús en la nevera, Tom fue a cambiarse al dormitorio. Se quitó la camisa manchada y, muy a su pesar, la tiró a la basura. Al volver a la cocina, acabó de recoger los cristales y el vino del suelo. —Hay un par de cosas que deberías saber sobre ______—dijo Rachel por encima del hombro. Él echó los trozos de cristal a la basura. —Preferiría no oírlas. —Pero ¡por favor! ¿Qué te pasa? Es mi amiga. —Pero también es mi alumna. No debería saber nada de su vida privada. Que sea tu amiga ya resulta bastante problemático. Su hermana irguió la espalda y negó con la cabeza. Sus ojos grises se oscurecieron al decirle: —¿Sabes qué?, no me importa. La quiero mucho y mamá también la quería. Será mejor que lo recuerdes la próxima vez que sientas tentaciones de gritarle. Al cabo de unos momentos, continuó: —Lo ha pasado muy mal, idiota. Por eso se ha mantenido a distancia este año. Y ahora que por fin empieza a salir de su caparazón, un caparazón que yo pensaba que no abandonaría nunca, tú con tu arrogancia y tu condescendencia la empujas a volver a ocultarse. Así que deja de actuar como un estirado inglés y trátala como se merece. No eres ni el señor Rochester, ni el señor Darcy ni Heathcliff, por el amor de Dios. ¡Compórtate o volveré a Canadá y te meteré un taco por el culo! Tom enderezó la espalda y la fulminó con la mirada. —Espero que te refieras a una tortilla de maíz. Rachel no se amilanó. De hecho, se irguió aún más. Tenía un aspecto casi amenazador. —De acuerdo —se rindió él. —Bien. Por otra parte, me cuesta creer que no reconocieras su nombre después de la cantidad de veces que te he hablado de lo mucho que le gusta Dante. ¿A cuántas entusiastas de Dante de Selinsgrove conoces? Tom se inclinó hacia su hermana y le dio un beso en la frente enfurruñada. —No seas tan dura conmigo, Rach. Trato de no pensar en nada relacionado con Selinsgrove si puedo evitarlo. El enfado de ella desapareció al oírlo. —Lo sé —dijo, abrazándolo con fuerza. Unas cuantas horas y otra botella de chianti más tarde, ______se dispuso a irse. —Gracias por la cena. Tendría que volver a casa. —Te llevaremos —dijo Rachel, levantándose para ir a buscar los abrigos. Tom frunció el cejo, pero siguió a su hermana. —No hace falta. No está lejos, puedo ir andando —dijo _____desde la cocina. —Ni hablar. Es de noche y no me importa lo seguro que sea Toronto. Además, está lloviendo —replicó Rachel antes de empezar a discutir con su hermano. _____se alejó para no oír a Tom diciendo que no quería acompañarla. Pero los hermanos reaparecieron en seguida y los tres salieron al rellano. Cuando el ascensor estaba llegando, el móvil de Rachel empezó a sonar. —Es Aaron —informó ella, abrazando a su amiga para despedirse—. Llevo todo el día intentando hablar con él, pero ha estado de reuniones. No te preocupes, hermano mayor, tengo llave. Y volvió a entrar en el piso, dejando a una incómoda ______con un Tom enfurruñado en el ascensor. —¿Pensabas contarme quién eras alguna vez? —preguntó él en tono ligeramente acusatorio. Ella negó con la cabeza y se abrazó con fuerza a su ridícula mochila. Tom le echó un vistazo y decidió que aquella bolsa tenía los días contados. Si volvía a verla, perdería los nervios. Además, Paul la había tocado, lo que significaba que estaba contaminada. ______iba a tener que tirarla. La guio hasta su plaza de aparcamiento y ella se dirigió a la puerta del acompañante del Jaguar. Pero entonces Tom apretó el botón de un mando a distancia y un Range Rover que tenían al lado hizo un ruido agudo. —Vamos a usar éste. La tracción en las cuatro ruedas es más segura cuando llueve. No me gusta usar el Jaguar con el suelo mojado si puedo evitarlo. Ella trató de disimular su sorpresa al ver lo incómodo que parecía. Era como si se avergonzara de su riqueza. Cuando le abrió la puerta y la ayudó a subir, _______ se preguntó si habría notado la conexión entre ellos al tocarle el brazo. Por supuesto, la había notado. —Has dejado que me comportara como un auténtico imbécil —protestó él, frunciendo el cejo mientras salían del garaje. «No has necesitado mi ayuda. Lo has hecho estupendamente tú solito.» Las palabras no pronunciadas quedaron suspendidas entre ellos. ______se preguntó si El Profesor sería capaz de leer la mente. —Si lo hubiera sabido, te habría tratado de otra manera. Te habría tratado mejor. —¿Ah, sí? ¿De verdad? ¿Y qué habrías hecho? ¿Hacerle pagar tu mal humor a otro alumno? En ese caso, me alegro de que no lo supieras. Tom la miró con frialdad. —Esto no cambia nada. Me alegro de que seas amiga de Rachel, pero sigues siendo mi alumna y hemos de mantener nuestra relación a un nivel profesional, señorita Mitchell. Será mejor que tengas cuidado con cómo te diriges a mí, ahora y en el futuro. —Sí, profesor. Tom buscó algún rastro de sarcasmo en su voz, pero no lo encontró. Tenía los hombros encorvados y la cabeza gacha. Su pequeña rosa se había marchitado. Y él era el único responsable. «¿Tu pequeña rosa? ¡Maldita sea, Kaulitz! ¿En qué estás pensando?» —Rachel está muy contenta de tenerte aquí. ¿Sabías que estuvo prometida? —¿Estuvo? ¿Ya no lo está? —Aaron Webster le pidió que se casara con él y ella aceptó, pero eso fue antes de que Grace... —Tom respiró hondo—. A Rachel no le apetece preparar la boda ahora y canceló el compromiso. Por eso está aquí. —Oh, no, lo siento mucho. Pobre Rachel. —______suspiró—. Y pobre Aaron. Yo lo apreciaba mucho. Tom frunció el cejo. —Aún están juntos. Aaron la quiere, es obvio, y entiende que Rachel necesita tiempo. Cuando las cosas se ponían feas en casa, ella siempre venía a verme para escapar de las peleas. Lo que no deja de ser curioso, porque yo era la oveja negra y Rachel la favorita. _____ asintió como si lo comprendiera. —Tengo un problema de carácter, señorita Mitchell. Me cuesta controlar la ira. Cuando pierdo el control, puedo ser muy destructivo. Ella abrió mucho los ojos ante su confesión y separó los labios como si fuera a hablar, pero no dijo nada. —Sería... desaconsejable que perdiera los papeles cerca de alguien como tú. Sería muy doloroso para ambos —siguió diciendo él. Sus palabras sonaban tan sinceras y aterradoras que a ______se le quedaron grabadas a fuego. —La ira es uno de los siete pecados capitales —comentó, volviendo la cabeza para mirar por la ventanilla, tratando de calmar el ardor que sentía en el vientre. Él se echó a reír con amargura. —Curiosamente, poseo los siete. No te molestes en contarlos: orgullo, envidia, ira, pereza, avaricia, gula, lujuria. Ella alzó una ceja, pero no se volvió a mirarlo. —Lo dudo. —No espero que lo entiendas. Tú sólo eres un imán para los percances, señorita Mitchell, pero yo soy un imán para el pecado. Esta vez sí se volvió hacia él, que le dedicó una mirada resignada; ella respondió con otra compasiva. —El pecado no se siente atraído por un ser humano en concreto, profesor. Es más bien al revés. —No según mi experiencia. A mí el pecado me encuentra siempre, aunque no lo busque. Eso sí, reconozco que no se me da bien resistirme a la tentación. —La miró brevemente a los ojos antes de volver a fijarse en la conducción—. Tu amistad con Rachel explica por qué enviaste gardenias. Y cómo firmaste la tarjeta como lo hiciste. —Siento lo de Grace. Yo también la quería. Tom la miró de nuevo. En los ojos de _____, grandes y amables, vio indicios de tristeza y de una pérdida irreparable. —Sí, ahora me doy cuenta. —¿Tienes radio por satélite? —preguntó ella, cuando él encendió el aparato y apretó uno de los botones de pre sintonización. —Sí, suelo escuchar alguna emisora de las que ponen jazz, pero depende de mi estado de ánimo. ______ alargó la mano hacia la radio, pero la retiró sin atreverse a tocarla. Tom sonrió al darse cuenta. Recordó cómo había ronroneado cuando le dio permiso para sentarse en su butaca favorita. Quería volver a oírla de nuevo. —Adelante. Elige lo que quieras. _____fue tocando botones, sonriendo al comprobar qué emisoras había pre sintonizado él. No le extrañó encontrar la CBS francesa ni las noticias de la BBC, pero sí la sorprendió una llamada Nine Inch Nails. —¿Hay una emisora que sólo emite sus canciones? —preguntó ella, incrédula. —Sí —respondió Tom, revolviéndose inquieto en el asiento, como si hubiera descubierto un secreto embarazoso. —¿Y te gustan? —Según de qué humor estoy. ______apretó el botón de una de las emisoras de jazz. Tom presintió más que vio su visceral rechazo. No lo entendió, pero pensó que sería mejor no insistir en ello. ______ odiaba a los Nine Inch Nails. Si empezaban a sonar en la radio, cambiaba de emisora. Si en algún sitio ponían una canción suya, salía de la habitación, o del edificio si hacía falta. El sonido de su música, pero sobre todo la voz de Trent Reznor, la aterrorizaban, aunque nunca le había contado a nadie por qué. La primera vez que los escuchó fue en un club, en Filadelfia. Había estado bailando con él, y él se había estado restregando contra ella. Al principio no le dio importancia, porque ya estaba acostumbrada. Siempre lo hacía, pero cuando cambió la música y empezó a sonar aquella canción, ______empezó a sentirse incómoda. Supuso que tendría algo que ver con la extraña secuencia de notas del principio, pero luego empeoró con aquella voz, la letra sobre follar como un animal y la mirada de él mientras apoyaba la frente en la suya y le susurraba aquellas palabras, que se le clavaron en el alma. Fueran cuales fuesen las creencias religiosas de ______y sus oraciones medio en broma a los dioses menores, en ese momento tuvo la certeza de estar oyendo la voz del diablo. Sintió que Lucifer la rodeaba con sus brazos y le susurraba aquellas palabras. Y se asustó mucho. ______se había separado de él bruscamente y se había refugiado en el lavabo de mujeres. Mientras miraba a la chica pálida y temblorosa que le devolvía la mirada desde el espejo, se preguntó qué demonios le había pasado. No sabía por qué él le había hablado así, ni por qué había elegido ese preciso momento para hacerlo, pero estaba segura de que no se había tratado sólo de la letra de una canción. Ésta había sido un medio para confesarle sus intenciones y deseos más oscuros. _______no quería que la follaran como a un animal. Quería ser amada. Habría renegado del sexo para siempre si pensara que con ello lograría el tipo de amor del que se nutrían los poemas y los mitos. Ése era el tipo de sentimiento que deseaba desesperadamente, aunque en el fondo no se creía merecedora de él. Quería ser la musa de alguien. Quería ser venerada y adorada en cuerpo y alma. Quería ser la Beatriz de un Dante apuesto y noble y habitar con él para siempre en el Paraíso. Quería vivir una vida que rivalizara con la belleza de las ilustraciones de Botticelli. Ésa era la causa de que, a los veintitrés años, _______Mitchell siguiera siendo virgen y de que guardara en el cajón de la ropa interior la fotografía del hombre que había puesto el listón tan alto que ninguno de los que había habido después había podido alcanzarlo. Durante los últimos seis años, había dormido con su foto debajo de la almohada. Ningún otro hombre había estado nunca a su altura. Ningún otro había despertado en ella los sentimientos de amor y devoción que él le había inspirado. Su relación se basaba en una única noche, una noche que _____ revivía en sus recuerdos una y otra vez.
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