Y, tras excusarse, desapareció, probablemente para cambiarse de ropa y ponerse más cómodo.
—______—susurró Rachel, dejando un montón de verduras a un lado del fregadero doble—. ¿Puede saberse qué pasa entre Tom y tú?
—Vas a tener que preguntárselo a él.
—No te preocupes, pienso hacerlo. Pero ¿por qué se comporta de un modo tan raro? ¿Y por qué no le dijiste quién eras?
—Pensé que me reconocería —admitió ella, que parecía a punto de echarse a llorar—, pero no me recuerda —añadió, con voz temblorosa y la mirada fija en su regazo.
Rachel, sorprendida tanto por sus palabras como por su respuesta tan emocional, se acercó para abrazarla.
—No te preocupes. Ahora estoy yo aquí y me ocuparé de él. En algún lugar, debajo de la ropa, tiene corazón. Se lo vi una vez. Pero ahora ayúdame a limpiar las verduras. El cordero ya está en el horno.
Cuando Tom regresó, abrió el vino sonriendo para sus adentros. Iba a pasar un buen rato. Sabía qué aspecto tenía _______cuando probaba el vino e iba a tener una sesión privada de su erótica representación de la otra noche. Sintió un tirón involuntario en alguna parte de su cuerpo y deseó haber colocado alguna cámara secreta de vídeo en el apartamento. No creía que fuera buena idea sacar la máquina y empezar a hacerle fotos.
Le mostró la botella, satisfecho al ver la expresión de aprobación que le iluminó la cara al leer la etiqueta. Había comprado una botella de esa cosecha de la Toscana y habría sido una lástima malgastarla en alguien que no supiera apreciarla. Le sirvió un poco de vino en la copa y se echó hacia atrás, observándola y esforzándose para no sonreír.
Igual que la otra vez, ______hizo girar el líquido lentamente y lo examinó a la luz halógena. Cerró los ojos y aspiró su aroma. Luego acercó sus tentadores labios al borde de la copa y probó el vino con delectación, manteniéndolo en la boca unos instantes antes de bebérselo.
Tom suspiró mientras miraba cómo el chianti viajaba por su larga y elegante garganta.
Cuando abrió los ojos, ______ se encontró a Tom tambaleándose ligeramente delante de ella. Sus ojos cafés se habían oscurecido y tenía la respiración alterada. La parte delantera de sus pantalones gris marengo... ______ frunció el cejo.
—¿Te encuentras bien?
Pasándose una mano por la cara, él se obligó a calmarse.
—Sí, lo siento. —Tras llenarle la copa, se sirvió también y empezó a disfrutar del vino, sin dejar de mirarla por encima del borde de cristal.
—Debes de estar muerto de hambre, Tom—comentó Rachel por encima del hombro, mientras removía la salsa que estaba preparando—. Y sé que te conviertes en una bestia salvaje cuando tienes hambre.
—¿Qué vamos a tomar con el cordero? —preguntó él, observando a _______como si fuera un halcón, mientras ella se llevaba la copa a los labios una vez más.
Rachel dejó una caja sobre la barra.
—¡Cuscús!
______ se atragantó y escupió de golpe todo el vino que tenía en la boca, empapando a Tom y su camisa blanca. Al ver lo que había hecho, se asustó y soltó la copa, que se rompió en mil pedazos al chocar contra la base del taburete, manchándola a ella y manchando el suelo de madera noble.
Tom se limpió la cara y la camisa mientras maldecía en voz alta. Muy alta. _______se bajó del taburete, se arrodilló y empezó a recoger los trozos de cristal roto.
—Déjalo —dijo él suavemente, mirándola desde el otro lado de la barra.
Pero ella siguió recogiendo, con lágrimas en los ojos.
—¡Que lo dejes! —repitió él más fuerte, rodeando la barra.
________ se pasó los trozos de cristal de una mano a otra y siguió con su tarea. Parecía un cachorro arrastrándose patéticamente por el suelo con una pata herida.
—¡Para! ¡Por el amor de Dios, mujer, para! Te vas a cortar.
Tom se alzaba ante ella amenazadoramente y su enfado descendía desde las alturas como la ira de Dios.
Agarrándola por los hombros, la levantó y la obligó a soltar los trozos de cristal en un cuenco que había sobre la barra, antes de conducirla hasta el cuarto de baño de invitados.
—Siéntate —le ordenó.
Ella se sentó en la taza del váter y sollozó en silencio.
—Enséñame las manos.
Entre las manchas de vino, Tom distinguió algunas gotas de sangre y alguna esquirla de cristal clavada en la palma. Maldijo varias veces negando con la cabeza mientras abría el botiquín.
—No se te da muy bien escuchar, ¿no?
_______ parpadeó, lamentando no poder secarse las lágrimas de las mejillas con las manos.
—Y tampoco obedecer —añadió, mirando por encima del hombro.
Lo que vio lo hizo detenerse en seco.
Si más tarde alguien le hubiera preguntado por qué lo hizo, se habría encogido de hombros y no habría sabido qué responder. Pero cuando se detuvo y miró con atención a la criatura allí encogida, llorando, sintió algo. Algo que no era irritación, ni enfado, ni culpa ni lujuria. Sintió compasión. Y se arrepintió de haberla hecho llorar.
Inclinándose hacia ella, le secó las lágrimas con los dedos con delicadeza. En cuanto la rozó, notó un estremecimiento y la sensación de que su piel le resultaba familiar. Cuando le hubo secado las lágrimas, le sujetó la cara entre las manos y se la levantó hacia él. Pero al darse cuenta de lo que estaba haciendo, se apartó rápidamente y empezó a limpiarle las heridas.
—Gracias —murmuró_______ , agradeciéndole el cuidado con que estaba retirando los trocitos de cristal. Usaba unas pinzas y no dejaba ni un milímetro de piel sin examinar.
—No se merecen.
Cuando se dio por satisfecho con el resultado, echó yodo en un trozo de algodón.
—Esto te va a doler un poco.
Vio que ella se preparaba y se encogió por dentro. No le apetecía nada hacerle daño. Era tan suave y frágil. Tardó un minuto y medio en armarse de valor para aplicarle el desinfectante en los cortes. Durante todo ese tiempo, ________ permaneció inmóvil, mirándolo con los ojos muy abiertos y mordiéndose el labio, esperando a que se decidiera de una vez.
—Ya está —dijo él malhumorado, limpiándole los últimos restos de sangre—. Curada.
—Siento haber roto la copa. Sé que era de cristal.
Su suave voz interrumpió sus pensamientos mientras guardaba las cosas en el botiquín.
Él hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.
—Tengo varias docenas. Hay una tienda debajo de casa donde las venden. Si necesito otra, la iré a buscar.
—Me gustaría reponerla.
—No podrías permitírtelo.