—Si—, dijo al dar vueltas al bolígrafo y mirarme fijamente —Así puedes pasar tiempo con nuestros hijos. Sonreí y me senté en la silla —Es un consejo agradable, pero sabes que. Tengo tiempo de sobra para trabajar y pasar con mis hijos. Lo he hecho todos estos años y creo que puedo seguirlo haciendo. —Bien, puedes quedarte a trabajar si quieres. Pero la presidencia regresa a mí y esta oficina también—, suspiró al tiempo que miró la fotografía que se encontraba a su izquierda. —No te dejaré la presidencia—, acarreé su mirada. Le vi cerrar los ojos y posando sus codos sobre el escritorio suspiró. —Ana, no hagas esto difícil. —No me llames Ana—, dije al levantarme —No puedes venir y acopar la presidencia haciéndome a un lado. Si es posible reunimos a los socios y que ellos decidan al igu

