Sensenta y dos.

2522 Palabras

Volví a mi lugar y centré la mirada en su mano, específicamente en su dedo. Tenía ganas de arrancarle ese anillo y lanzarlo a la basura. Mi pecho ardía de dolor al saber que reemplazó el mío por él de ese miserable. —Adri—, levanté la mirada y la miré con fastidio. Estaba tan enojado por lo que había hecho —Mira, debemos hablar como los adultos que somos y llegar a un acuerdo. Dejemos el resentimiento a un lado y hablemos, hablemos como los adultos que somos. Por ellos, hagámoslo—, humedeció sus labios y prosiguió. Yo solo me quedé observándola —Ellos te extrañan… —Es lógico, ¿no? Los apartaste de mi lado cuando apenas y empezaba a pasar tiempo con ellos. Después de haber estado ausente varios años tuviste que volverlos a separar, alejarlos de mi abuelo y de mí, meterle a otro hombre com

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