Sesenta y uno

2061 Palabras

Desayuné en silencio, sintiendo la mirada de Eliot sobre mí. Aunque no le miraba, podía sentir sus ojos direccionados en mi dirección. Revolvía la comida mientras pensaba y analizaba cómo decirle que, al medio día me reuniría con Adriano Santoro; el mismo Adriano que destrozó mi corazón y lo rompió en mil pedazos en repetidas ocasiones, el motivo de que abandonara mi país y me refugiara en este. Aquí, donde encontré a un amigo, un pilar fundamental que me apoyó en los momentos más difíciles, quién me animó a seguir adelante, y a diario me impulsaba a cumplir mis sueños y que soltara mis miedos. Suspiré profundo porque no podía mentirle, me era imposible ocultarle algo así a Eliot. Aunque él me haya ocultado sus gustos hacia las mujeres, a pesar de que me confesara su amor, no podía hace

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