El silencio de los presentes sin duda alguna no alcanzaba para llenar el lugar, el mutismo impreso en todo el cuarto regia por encima de todo sonido que no fuese las respiraciones pausadas de los presentes. Los cuatro hijos de la matriarca muerta se mantenían serenos, cuando a la vez en su pecho un montón de emociones aplastantes dificultaban su respiración y volvían todo un poco más intoxicante y triste. Sin duda cuando su madre había muerto no podían describirlo como una sorpresa ya que estaban seguros que tarde o temprano sucedería. Más la muerte se había posado en su familia como una sombra perpetua y triste, el dolor en sus corazones a penas y había logrado mermar un poco luego de los días que habían transcurrido después del entierro...
Los cuatro estaban sentados alrededor de la mesa color caoba de la sala de juntas del despacho del abogado que su madre había contratado hacia años atrás. Al parecer ella estaba segura de que muerte era una inminencia que no podían detener o posponer algunos años más, ya que tres semanas antes de que se diera el trágico suceso ella había mandado a preparar el documento donde notificaba a quienes dejaría cada una de las escasas propiedades y pertenencias que tenía. Más todos los presentes con corazones desinteresados llevaba su pena a cabo, ninguno quería asistir a tal reunión, la perdida hondeando en su memoria y sentimientos siquiera los dejaba descansar correctamente en las noches y las lagrimas no dejaban de derramarse noche tras noche luego de la noticia que con un matiz oscuro los habían obligado a afrontar, más allá de todo eso, el padre de Aria miraba con profundo desinterés los bordes de la mesa.
Su mente vuelta un rollo con la situación que en su hogar se presentaba, su hija había vuelto después de años sin tener demasiada información acerca de su paradero y solo lo había hecho porque su madre ahora estaba muerta. Félix tenia el alma en un contraste de felicidad y desdicha que le nublaba la mente, sin duda tenia pensado renunciar a lo que su madre quizás le hubiese dejado, lo sedería a alguno de sus otros tres hermanos. La falta de su padre en aquella reunión era un constante recuerdo de como el hombre internado en el hogar para Paancianos siquiera podía recordar el rostro de su madre. La enfermedad que portaba su mente nublaba sus recuerdos y era imposible que su padre con setenta años recordara algo del presente o de manera más inmediata. Todo los pensamientos tristes hicieron que sus ojos nuevamente se nublaran, y el momento en que su madre comenzó a lidiar con la perdida de memoria de su padre, lo que inicio como unos pocos eventos donde olvidaba donde ponía su cepillo de dientes o quizás si había o no desayunado prontamente se convirtió en alzheimer, la enfermedad devasto el corazón de la pobre mujer, pero ella se negó a abandonar a su esposo hasta que no pudo controlar la depresión que comenzaba a arroparla con el pasar de los meses. En ese punto exacto sus hijos decidieron intervenir y buscar una solución entre ellos. Anastasia y Roma se negaban a dejar los cuidados de su padre a un ancianato, mientras que Romeo, el mellizo de Roma, y él estaban decididos a no dejar que su madre se perdiera en medio de la enfermedad de su padre, por eso Aria al ser la mayor de los nietos tuvo el punto final para poder inclinar la balanza entre alguna de las dos decisiones.
Para ese momento Felix estuvo seguro de que eso había marcado un antes y un después en la vida de pequeña hija. Tener que tomar una decisión que fuera tan importante e hiciera que la existencia de otra persona estuviera en riesgo fue algo que noto como hizo mella en la mente de Aria, que con miedo dijo que tenían que rescatar la salud mental de su abuela. En ese instante él supo que su hija estaba destinada a grandes cosas, pero para su sorpresa ella desapareció días después. Así fue como luego de dejar a su padre en manos de personas expertas que sabrían cómo cuidarlo, Felix emprendió un viaje en busca de su hija desaparecida, el secreto de la repentina ausencia de Aria se quedó como tal, como un secreto. Así transcurrieron semanas hasta que el preocupado padre no pudo mantener más el secreto y tuvo que decirle a toda la familia como no sabia en donde estaba la chica.
Pudo recordar como su familia entera estuvo a punto de colapsar, pero también en su mente rondo la imagen serena de su madre que intentaba apaciguar todo con una sonrisa tranquila y consejos. Su esposa Rose, y madre de Aria, solo lloraba desconsolada y sus hermanos, los mellizos, estaban histéricos, la imagen podía casi que verla repitiéndose al frente de sus ojos, mientras que Anastasia había salido a buscar pistas del paradero de su sobrina en hospitales, comisarias y todo aquel establecimiento que pudo haber visitado la muchacha. Por otro lado, Felix solo observaba a su madre que en medio del caos sonreía pacíficamente, para que después de unos segundos en silencio ella murmurada un cálido «Ella volverá tan pronto que no se darán cuenta que se ha ido». Y tuvo toda la razón del mundo, Aria había vuelto uno o dos días después, siendo recibida con una cantidad de regaños y amables abrazos por parte de todos. Ojerosa, pero a la vez radiante, la chica había explicado el porqué de su tan mítica desaparición, pero lo que más rompió el corazón de su padre fue como la culpa comenzó a corroerle al saber que el fue quien orillo a la chica después de dejar aquella gran decisión sobre sus hombros.
Luego de esa primera vez, para su hija fue una costumbre desaparecer, cada vez por más tiempo, pero siempre regresaba, una y otra vez, nunca sabia a donde la chica se marchaba solo que ella volvía al hueco de su familia radiante y rebosante de felicidad. Tenía la teoría de que alguien allá afuera estaba haciendo de la vida de su hija algo mejor, pero fue descartado cuando por casualidad en medio de un viaje se encontró con la chica, solitaria como siempre y una cámara en mano. Se dedico a espirarla en el tiempo que paso fuera de la ciudad, pero cuando creía que la había atrapado ella ya había desaparecido, así fue como supo que Aria no se fugaba con alguien, sino que solo buscaba su salud mental y el lugar donde podía sentirse cómoda en donde pudiera.
Su familia en cambio se preocupaba cada vez más cuando ella tardaba en regresar. Intentaba calmar los humos que comenzaban a caldearse, pero quien realmente apaciguo todo fue su madre que aclaro que Aria sabia lo que hacia y que estaba segura de que ella podía cuidarse a si misma de manera efectiva. Así fue como la próxima llegada de Aria se convirtió en una fiesta donde celebraban particularmente nada, pero que en el fondo Feliz estaba seguro de que era una manera de agradecer a la vida que estaban vivos y podían acunarse uno con otros en el lecho familiar.
─Señores…─en medio de la bruma de sus pensamientos apareció el abogado, que con maletín en mano se acercó a la reunión. La tensión era inexistente entre todas las personas que estaban presentes aumento de pronto, el sonido de la voz chillona de aquel sujeto había puesto alerta a cada uno de los cuatro hermanos. Los mellizos por su parte estaban bastante alterados, sus emociones remitiendo en cada uno como una pelota, se la pasaban de un lado a otro y así era como la angustia en sus rostros era compartida. ─Lamento llegar tan tarde.
Hasta ahí quedo todo lo que tenia para decir aquel hombre, más allá de todo ello su lenguaje corporal hacia denotar seguridad y a la misma vez tristeza que era destilada en pequeños gramos. Felix se tensó y en medio de bruma espesa que eran las emociones que surcaban su mente por el rabillo del ojo pudo notar como Anastasia también se encontraba algo incomoda y con lágrimas acumulándose en sus ojos color café. Los mellizos se pusieron de pie en el instante continuo, nerviosos y visiblemente incomodos como para parecer que en lugar de levantarse en calma habían rebotado de las sillas en las que estaban sentados, después con mucha más calma Anastasia se levantó, manteniendo la postura y lucieron precisamente calmada y finalmente él, que tardo demasiado en ponerse de pie, con piernas trémulas y una mueca clara de la soledad que atormentaba el mar de emociones que revolvía su pensar.
─Hola, ¿cómo está? Es un gusto volverlo a ver. ─ Felix no pudo evitar que una sonrisa sincera y con algo de burla se adjuntara a sus labios, sabía que alguno de sus hermanos intentaría apurar la situación de una manera u otra, Roma estaba seria e incómoda, estaba seguro de que aquella situación no era favorable para ella que con cinco meses de embarazo acariciaba su barriga en un intento de calmarse a sí misma. ─Por favor, no quiero sonar molesta, pero creo que todos estamos de acuerdo en apurar toda esta situación. No estamos seguros de estar aquí y realmente quisiera volver a mi hogar, agradecería que entendiera la situación y nos dirigiera directamente al punto.
Romeo por otro lado solo asintió en apoyo a lo que había dicho su melliza, siendo protector y serio en gran magnitud, la necesidad de aproximar el bienestar a su pequeña y escurridiza hermana, que aun siendo adultos estaba la aquella prioridad de redirigir siempre la calma a la persona que portaba a su sobrino, Felix particularmente jamás había entendido aquello, porque más allá de todo ello el era el ultimo hijo, al ser el ultimo no contaba con un hermano de mismo parto, entonces no tenia idea de la comunicación especial que tenían sus dos hermanos, a veces ansiaba en secreto poder obtener algo así, pero ya era muy tarde, cuarenta años tarde para poder quejarse con alguien de su gran apego y creciente ansiedad por compartir con alguien lo que ellos compartían, pero todo eso era punto y aparte.
─Espero pueda disculpar a mi hermana, Rossetti. ─Anastasia la mediadora estaba ahí, haciendo gala de todo su juicio y paciencia, siendo la hermana mayor la mayoría de los conflictos que pudieron haber en casa eran propiciados por ella, pero ahí se encontraba la personalidad que la mujer con tanto esfuerzo había adquirido en medio de su juventud, siempre intentando menguar los conflictos. ─Como podrá notar, Roma esta embarazada y necesita reposo absoluto, le ha notificado que su esposo no puede venir, sino que ella lo tiene que hacer personalmente, por favor tome asiento y aclaremos este asunto para que todos podamos volver a casa lo más pronto posible. ─su voz era calma y sencilla, sin ningún tipo de bruma que intentara ocultar algo, mejor que ello Anastasia estaba sonriendo cordialmente, y Felix estaba seguro de saber que significaba eso, era un claro «mueve tu trasero hasta acá y explica que demonios es lo que sucede antes de que me acerque a ti y haga que tus palabras salgan», ¿cuántas veces en torno a toda su juventud no había él pasado por eso? Incapaz de evitar reírse en voz alta, una risita corta y humorística abandono sus labios, al instante en que esto ocurrió pudo sentir como se arrepentía cuando cuatro pares de ojos se volvieron hacia donde estaba él.
Las mejillas de Felix se tiñeron de rojo fácilmente y con la poca gracia que podía tener. El ambiente familiar había hecho que su mente tomase un atajo familiar a la necesidad de volver al inicio de su vida, retomando discusiones entre sus hermanos y peleas innecesarias que en su momento fueron de gran importancia, pero que con el pasar de los años habían sido borradas del corazón de cada uno de los hermanos. La situación se había tornado incomoda para el pobre hermano mayor que a duras penas pudo carraspear para distraer a todos de la imprudencia que anteriormente había cometido, finalmente entre la vergüenza decidió que las palabras eran sus mejores aliadas.
─¿Cómo está, Rossetti? Ha pasado mucho tiempo desde que lo he visto, no puedo recordar la ultima vez que compartí con usted palabra alguna. ─su broma no tuvo ningún tipo de humor que podría haber contagiado a los presentes. Para Feliz no era un secreto que a sus hermanos les encantaba ponerlo en momentos incomodos, incluso el se ganaba mucho de ellos. Rossetti era su mejor amigo y sin duda tenia como una semana o algo más que no mantenía una charla con él, por eso fue extraño que citara a todos los hermanos en aquella oportunidad. ─Concuerdo con mis hermanos en torno a su necesidad de apresurar todo esto, seré sincero nadie quiere estar aquí, y todos nos vemos cumpliendo una demanda que nadie quiere llevar a cabo, evitemos formalidades y vámonos a lo que se supone debería ser importante para cada m*****o de esta familia.
Rosetti solo asintió en silencio como una sonrisa creciendo en sus labios, el ambiente tenso que se había construido alrededor de todos ellos tuvo que marcharse en un dos por tres cuando cada hermano demostró su descontento, incluso el hombre que con maletín en mano se presentaba estaba realmente consternado de tener que hacer aquello. Suspirando Rossetti se acerco con cautela a la mesa, donde dejo que su portafolio reposara, los hermanos tomaron cada uno su asiento a la espera del próximo movimiento de quien era el abogado de su preciada madre y amigo de su hermano menor. Calculadoramente cada uno estaba mirando las acciones del pobre tipo, que con mano temblorosas a penas y alcanzo a sacar el documento que estaba dentro de sus pertenencias. Sentía como el peso de aquel papel estaba multiplicado por mil, como un kilogramo de plomo puro y espeso fuese puesto e pronto encima de sus palmas, así que tuvo que dejar que este se mantuviera increíblemente olvidado reposando en la superficie lisa de la mesa, con su cuerpo siendo quemado por miradas de tristeza y dolor, Rossetti intento apresurar todo lo que ocurría, sacando plumas y cerrando el bolso donde cargaba sus pertenencias de trabajo.
─Estando en mis funciones y plenamente consciente de mis acciones, sin necesidad de un intermediario o tutor yo…─entonces Felix no quiso escuchar más de lo que decía su amigo, leyendo desde ese documento que escondía los últimos deseos que tuvo su madre antes de su muerte, no tenia las fuerzas suficientes como para poder reconectar su mente con el mundo exterior e intentar comprender si realmente pudo haber hecho algo más, pero muy en el fondo de su mente sabia eso era posible y que finalmente su madre debía morir tarde o temprano, por muy cruel y nefasto que eso sonase en su mente, con su enfermedad tan avanzada no había demasiado que hacer, su corazón a penar y podía resistir, y la ultima batalla que lidero estuvo puesta encima de su mesa durante una semana donde constantes dolores en su pecho le dificultaban la respiración así que para Felix no fue una sorpresa la llamada desesperada de Romeo que lloraba desconsolado detrás de la línea. En cambio, el hecho de que su hija apareciese tan rápido como pudo fue algo reconfortante para su alma, su familia estaba unida y podía sentirse un poco mejor en sentidos generales, pero un pequeño fragmento de su pensar estaba vuelto cenizas.
─Uno de mis deseos primordiales es que Romeo conserve los libros de mi biblioteca y con los fondos que he dejado en mi cuenta bancaria financié la auto publicación de alguna de sus obras. ─ a penas y logro escuchar esa frase cuando ya de nuevo estuvo en medio de sus pensamientos navegando en recuerdos y luchando contra tormentas de sucesos tristes cuando escucho como la puerta del despacho era abierta y cerrada fuertemente. Levanto su vista y ya Romeo no estaba ahí, al ser uno de los hermanos del medio estaba en medio de las caóticas peleas alrededor de todo el núcleo de cuatro hijos, recibía la mayor parte de emociones y debajo de esa mascara de profunda seriedad estaba un tipo sensible que escribía las ideas que surcaban libres por el cielo que era su mente, el que su madre le brindase aquella oportunidad le había roto el corazón.
Felix hizo amago de levantarse, pero la delgada y delicada mano de Roma tomo su antebrazo, incomodo y algo curioso el hombre miro a la mujer que con simpatía lo recibió con una sonrisa nostálgica, negó con la cabeza y con lagrimas en los ojos acaricio la empatía que sentía por el mellizo que para ese instante estaba lidiando con su propia batalla emocional, como siempre Romeo se cerraba como un caracol en su caparazón cuando se sentía algo ofuscado o triste.
─El estará bien, solo esta procesando lo que nuestra madre le ha dejado, recuerda que su sueño es dejar la fábrica de productos, aunque sea gerente es un trabajo que solo llena sus bolsillos, su alma estaba vacía y nuestra madre ha dejado algo para que su pecho se llene de alegría, déjalo asimilarlo volverá cuando este seguro de que puede hacerlo, no lo presiones, feliz.
Y ahí estaba el apodo que calentaba el pecho de Felix y lo hacía sentirse más cómodo consigo mismo, asintiendo a su hermana mayor termino resignándose y desparramándose nuevamente en la silla junto a la melliza, esta jamás aparto su mano de su antebrazo y solo se encogió de hombros cuando la mirada interrogante de su hermano menor cayó encima de ella. Quizás Roma sabía que Felix lo necesitaba tanto como ella, suspirando volvió a cavilar ensimismado. Sintió como Roma suspiraba en medio de la siguiente frase y su cuerpo se volvía un poco más tenso, las palabras del abogado lo dejaron en medio de shock.
─Aria, sé que no estarás presente cuando este documento se lea porque yo le pedí a Rossetti que no te notificara y ahora mi deseo primordial es que tu padre, Felix te comunique lo que tengo para decirte por medio del testamento, y luego entregue una carta que tengo para ti, pero esto será cuando tengas al menos dos meses estando constante con la familia. Felix, mi más preciado bien, aparte de mi familia, es la floristería y quiero que Aria, sea la sucesora de la floristería…