Primer capítulo.

1562 Palabras
     Un poco trémula y con pesar introduje la llave en la cerradura del candado de la santa maria del local, haciendo un esfuerzo monumental a la hora de agacharme para poder abrir la reja de pesado metal. Intente varias veces a la hora de intentar abrir el candado o al menos recordar la maña que tenía este y que pocas veces la abuela había intentado enseñarme. Con un tanto de esfuerzo y forcejeo logre que el candado cediera a mí, el momento más difícil había llegado cuando tuve que levantar la reja del pesado material, tomando impulso desde abajo termine haciendo un patético esfuerzo que casi culmino conmigo con el trasero pegado al piso después de un golpe que de seguro podía haber dejado un moretón bastante feo y desagradable. Aunque finalmente abrí el local a la hora indicada, el sueño aun estaba como una estela a mi alrededor y los pensamientos no muy claros se arremolinaban en mi mente a esa hora de la mañana.            Terminando de abrir el local, quite el seguro de la puerta de cristal y así termine entrando a la hermana floristería que mi abuela tanto añoraba. El olor característico de las flores se hacia cada vez más fuerte para mí, dándome la bienvenida con rapidez apremiante, era incluso mejor que cualquier otro perfume que hubiese probado o usado alguna vez. La floristería de mi abuela seguía igual de intacta y hermosa de como la recordaba, o al menos intentaba hacerlo el tiempo había pasado y yo ya no venía con tanta regularía como lo hacia cuando niña, en realidad después de los dieciséis había evitado venir al sitio, y justo ahora me arrepentía bastante de no haberlo hecho nunca más.            El contacto con la señora mayor se volvió con el pasar del tiempo casi nulo y de esa forma no existía una relación solida entre ambas como la que teníamos cuando yo era una adolescente. Con un suspiro que reflejaba mi tristeza recorrí el camino hasta el mostrador, antes me había tomado el tiempo de cerrar la puerta detrás de mi colocándole el seguro, no tenia idea de lo que necesitaba hacer. El chico que trabaja con mi abuela llegaba a penas una hora después que yo, entonces en todo ese tiempo debería descubrir que era lo que hacia mi abuela para hacer funcionar tan preciosa tienda de flores. No sabía si existía algún tipo de secreto para ello, pero estaba segura de que mi abuela tenia un toque especial, tanto para personas como para las plantas.            Curiosamente comencé a revisar las cosas que escondía mi abuela en el estando que nunca me permitía revisar por alguna razón, era bastante ridículo ya que aquello lo hacia con una sonrisa en los labios, parecía una niña bastante pequeña que esta a punto de cometer una travesura, pero la intriga de lo que escondía mi abuela en aquel sitio era algo que no podía dejar pasar, aun más sabiendo que nadie podría detenerme. El ultimo pensamiento resulto ser algo bastante triste para mí, a sabiendas de que ciertamente nadie podría hacerlo, pero queriendo secretamente que mi abuela saliese de la puerta trasera del sitio y me diera un pequeño golpe en la mano para evitar que hiciese lo que tuviera planeado. Era un sentimiento triste que albergaba distintas emociones adicionales al sentimiento de pérdida que me embargaba.            Así fue como termine abriendo el estante con sumo cuidado de no estropearlo, ya que con el pasar de los años este se había deteriorado hasta tal punto de se difícil abrirlo sin que la puerta te quedase en las manos. El olor a madera vieja se sentía bien cuando pico en mi nariz, era aquel hallazgo que me hacia sentir fascinada por lo que mi abuela pudiese guardar ahí, el pensar que el tiempo hubiese conservado lo que sea que escondiese la señora mayor. Pero para mi sorpresa lo que note fue una cantidad exagerada de fotos de sus nietos. Sonriendo un poco sentí como la melancolía me tomaba en sus brazos. Una cantidad incontable de recuerdos de nosotros era lo que ocultaba tan preciado sitio.            Un poco temblorosa termine tomando una de las cajas que mi abuela tenia ahí, con el alma pesándome culmine arrastrando uno de los taburetes de madera más cercanos para poder sentarme y revisar con más tranquilidad. Trémula adquirí un color rojizo en mis mejillas con el cabello color caoba cayendo grácilmente por mis hombros, intenté descuidadamente quitar unos cuantos mechones que comenzaban a posarse encima de mis ojos. Recorrí el cartón viejo de la caja con mis dedos casi como si estuviese acariciándolo con ternura, aunque esto no distaba mucho de la realidad ya que el sentimiento de apreciación se sentía flotando alrededor de mi. Quite la tapa con delicadeza de no dañarla y la deje a un lado. Justo dentro de esa caja estaban algunos de los regalos que le hacia a la señora cuando venía a la floristería.            Unas cuantas lagrimas comenzaron a remolinarse encima de mis ojos, nublando descuidadamente mi vista y hasta cierto punto comenzando a hacer que mi nariz comenzara a tupirse con las ganas de lagrimear que me tomaban presa. La curiosidad estaba presente aun como fiel compañera, pero también había mermado increíblemente rápido después de saber que era lo que ocultaba la abuela Marta. Uno a uno los regalos fueron examinados con cuidado, algunos tan viejos que casi podían haberse desecho a mi tacto, pero que mantenían firmes a pesar de los años. El olor dulce del perfume de quien fue mi familia estaba impreso en cada una de sus pertenencias, cuando el ultimo objeto estuvo en mis manos siendo examinado el golpeteo del cristal llamo mi atención rapidez. Confundida y dispuesta a decir que no estaba abierto, me levante con rapidez del taburete.            Un poco molesta por la interrupción innecesaria no me fije en la hora, estaba solamente sumergida en la idea de que alguien estaba viendo el cartel que decía ‘’cerrado’’ y aun así se osaba a tocar la puerta. Era insensato desde mi punto de vista, aunque quizás ese alguien se trataba del chico que trabaja con mi abuela desde hacía ya bastante. Abriendo la boca dispuesta a reclamar la cerré rápidamente y borre toda ceña que demostrara el hecho de que estaba enojada o disgustada, aún más coloque mi mejor sonrisa en un intento de que mi disgusto no se notara en nada. Me acerque a la puerta y quitando el seguro recibí al muchacho un            ─Buen día, te veías molesta. ¿Sucedió algo? ─La voz profunda y algo confundida de Jay fue una sorpresa para mí, el cabello rizado y n***o del pálido hombre caía en su frente con suavidad y desorden otorgándole un aspecto atrayente, a la vez que los demás rizos tomaban su lugar conforme a como lo habían peinado, en realidad lucia bastante desordenado.        Obviando mi inspección a su cabello me encargue de negar con mi cabeza en un movimiento casi mecánico, pero que parecía natural y hasta amistoso, muy contrario a las cualidades que poseía mi temperamento. La diferencia en la estatura de los dos era notable y no podía dejarse pasar por debajo de la mesa, Jay podía sacarme al menos dos cabezas en cuanto a la altura, era inquietante y a la vez resultaba algo gracioso. No tenía ninguna intención de hacer mención de mi escasa estatura. Tampoco me consideraba alta, porque no lo era, así que tampoco se trataba de una sorpresa del todo. Me encogí de hombros restándole importancia al asunto y me quité de la puerta tomando ahora la posición en un costado de la entrada del establecimiento, así que terminé invitando silenciosamente al hombre a que pasara a su empleo.            ─Buenos días. ¿Dormiste bien? ─la amabilidad de Jay fue bastante agradable hasta el punto de sentirme a gusta en primera estancia con el muchacho. No tenía intención de evadir su pregunta en lo más mínimo, solo estaba siendo cortés con la persona que debía instruirme en lo que podía significar que era el legado de mi abuela. Lo mire moverse por el lugar con tanta familiaridad y naturalidad que fue incluso envidiable, yo a penar y conocía, por haber hurgado sin permiso, donde mi abuela escondía los recuerdos familiares.            ─No, solo estaba intentando descubrir cómo funciona todo esto. ─ la respuesta fue simple y pareció bien o al menos funcional para Jay que solo asintió, en cuanto entro fue directo a una de las repisas y ahí coloco su bolso en uno de los estantes superiores, note como tomo un delantal y se lo paso por el cuello, colocándoselo. En realidad, era bastante pequeño para alguien de su altura así que resultaba algo gracioso ver a ese hombre tan alto con un delantal que si mal no recordaba pertenecía a mi abuela, o quizás a mi, no tenia certeza de ello en ese momento.            Note como Jay paso tranquilamente al lado del estante de donde mi abuela guardaba todos sus recuerdos, sin alterarme lo seguí con la mirada, la figura del hombre se perdió detrás de la puerta del armario de la parte de atrás de la tienda, quedándome en mi sitio espere a que apareciera. No tardo demasiado ya que pude notar como Jay volvía a la parte delantera del local con una escoba y una pala.    
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