Segundo capítulo.

1534 Palabras
[Note como Jay paso tranquilamente al lado del estante de donde mi abuela guardaba todos sus recuerdos, sin alterarme lo seguí con la mirada, la figura del hombre se perdió detrás de la puerta del armario de la parte de atrás de la tienda, quedándome en mi sitio espere a que apareciera. No tardo demasiado ya que pude notar como Jay volvía a la parte delantera del local con una escoba y una pala.] Esta vez se paso al lado de del armario abierto, el termino señalándolo con su dedo, una sonrisa carismática y llena de brillo me recibió. Reconocí la chispa de curiosidad que se reflejo en los ojos de Jay.          ─Yo también quería saber como funcionaba todo en ese armario. ─murmuro con algo de burla Jay, sin pensarlo el hombre mayor que yo dejo a un lado la escoba y la pala que estaba en sus manos anteriormente. Una penumbra de tristeza nos cubrió a ambos con rapidez al momento de que el estante fue mencionado, sin dudar en acercarse Jay lo hizo, y detrás de él fui yo, no tenía ningún problema con el hurgando las cosas ajenas, a final de cuentas el también trabajaba ahí, e incluso era más cercano a mi familiar que yo misma.        Cuando estuve a su lado no pude evitar notar como los ojos de Jay estaban un tanto nublados. En la sepultura de mi abuela había estado la presencia de Jay todo el tiempo que se estuvo dando el trágico evento, el hombre estaba serio, dándole a su rostro un aspecto de alguien totalmente antipático y gruñón. Contrario a eso tenia a un hombre que al parecer extrañaba a su antigua empleadora a tal punto de no abandonar su empleo.            ─Son recuerdos, cuando era más joven nunca me permitió abrir el estante, supongo que le daba un tanto de vergüenza que alguien notara todo lo que ella guardaba de su familia. ─murmure sonriendo un poco a Jay quien se volteo un poco y devolvió la sonrisa que le había otorgado. Aun con lágrimas el hombre asintió como si estuviese enterado de lo que estaba hablando. Sentándose en el piso Jay saco algo del estante que se encontraba justo en el ultimo tramo del mueble, lo coloco en sus piernas y luego de ello procedió a abrir la caja. La incertidumbre nos tomo a ambos con rapidez, pero no tanto a Jay como a mi quien se tomo el tiempo de destapar el contenedor, aunque yo estaba ansiosa y pedía a gritos silenciosamente que se apurase.        Pasaron algunos minutos para que Jay abriera la caja y lo que hubo ahí fue otra sorpresa para ambos. Las manos masculinas tomaron el contenido y lo esparcieron por todo el suelo. Tomando lugar al lado de Jay me senté con las piernas cruzadas y mi espalda terminando apoyada contra una silla, era incomodo, pero no importaba había una cantidad incontables de cartas dispersas por el suelo clamando por ser leídas. Observé con anhelo las cartas en el piso, tomándome algún tiempo para ver cual leer primero decidí acercarme a la más deteriorada de todas las cartas. Me estire un poco y estando a punto de tomar una de las cartas el agarre de Jay en antebrazo se posó. Interrogante lo mire, apreciando un par de ojos rojos y mejillas sonrojadas con lágrimas escurriendo por ellas.        ─¿Crees que es buena idea? ─ el tono de su voz estaba tres decimas más bajo, todo esto a causa del llanto silencioso que estaba desencadenando Jay sin que yo lo notara.            Había duda y un deje de dolor cuando hablaba. Su labio inferior tembló paulatinamente y pude ver como era que Jay se estaba rompiendo, no tenia entendido cual era la relación entre mi abuela y Jay, pero estaba segura de que para el hombre adulto mi abuela era como una madre. Alguna que otra vez escuche decir que mi abuela había llegado a su ayudante de la floristería a una de las cenas familiares que por desgracia me había perdido. Mire el dolor que comenzaba a frecuentar con más insistencia a los ojos de Jay, entonces entendí que no era algo que yo pensara si estaba bien o no, era que Jay no estaba preparado para aquello.            ─No, la verdad es que no. ─susurre guardando el desanimo que estaba royendo dentro de mi con fiereza, en cambio le sonreí a Jay en sinónimo de pedirle una disculpa. No estaba notando el dolor que tomaba preso al rizado, suspirando con pesar tome cada una de las cartas y la deposite nuevamente en el contenedor que mi abuela le tenia designado. Me termine levantando algo temblorosa con la caja en mano, dispuesta a guardarla y también guardar todo lo que estaba afuera y pertenecía a ella. Estando plenamente consciente de que aquello era un punto sensible para Jay.            Culminando el trabajo de silenciosamente me había otorgado la sorpresa nos tomo a ambos cuando una mujer entro a la puerta algo apura. Frunciendo el ceño recordé que no había puesto el pestillo, miré el cartel de cerrado que estaba siendo olvidado en el piso. Al ser yo solamente la que era visible para la mujer, lo ojos azules de ella demostró la confusión que seguramente estaba tomándola.            ─Buenos días, ¿está la abuela? ─ella pareció increíblemente dudosa, también note como miro detrás de mi en busca de la fallecida. Al no encontrarla se dirigió nuevamente a mi, esta vez desanimada. ─La floristería ha estado cerrada desde hace una semana, y yo quería contarle como fue el encargo de las treinta rosas para mi madre.       Angustiada por no saber como lidiar con la situación, tire la vista hacia el suelo donde se encontraba Jay, pero este estaba gateando a la parte trasera de la tienda, abriendo mi boca sorprendida estuve a punto de reclamarle, pero recordé que Jay tampoco estaba bien, yo no me entraba mejor que él, pero, prefería yo dar la noticia que tener a un rizado demasiado alto como para ser consolado por una persona de estatura menor.            ─Buenos días, mi nombre es Aria. ─una sonrisa condescendiente se instalo en mi boca, sin duda la cantidad de personas con que estaba teniendo contacto no era demasiado buena para mi gusto, acostumbrada a ser huraña y retraída me encontraba en una posición donde estaba teniendo que comunicar una noticia que no seria tomada de buena forma. ─¿Eres amiga de mi abuela? ─pregunte para saber en donde estaba pisando, tal vez tendría que ofrecerle una silla a la mujer además de un te o algo para que se relajase.            Ella frunció el ceño, para luego relajarlo y mirarme interrogante. Pero finalmente solo asintió a modo de respuesta, sin esperar a algo más pensando que esa seria su contestación totalmente definitiva iba a responder, pero ella me interrumpió.            ─La abuela estuvo ayudándome cuando mi madre enferma de cáncer, ella me dio dinero para el tratamiento y estuvo apoyándome cuando me veía decaída. ─en ese instante supe que eso seria difícil, ella se notaba realmente preocupada y solo la verdad eliminaría esa preocupación. El cariño hacia mi abuela aumento dentro de mi al saber que realmente era querida en el sitio donde trabajaba, haciéndome sentir orgullosa de saber que yo era la elegida primordialmente para seguir con el legado que ella estaba dejando. Una idea paso por mi mente.            ─Hagamos algo, linda. Yo cerrare la tienda y tu estarás acá tomando un té conmigo, tengo algo que contarte, y tomara tiempo, ¿aceptas? ─sentí que hasta cierto punto la muchacha esperaba lo peor, porque solo asintió y su rostro tomo una tonalidad algo sombría y melancólica, estaba segura de que ella simplemente esperaba hasta cierto punto lo peor en cuanto a mi abuela.            ─Esta bien, sí. ─fue su respuesta, levantando mi mano hice una ceña para que ella se acercase detrás del mostrador, ahí le ofrecí la silla que con anterioridad estaba usando yo. El ruido de lo que estaba haciendo Jay estaba realmente escuchándose por toda la parte de delante de la floristería, frunciendo el ceño me di cuenta el polvo que estaba siendo levantado con bastante facilidad, supuse que estaba barriendo así que cuando escuché un estornudo proveniente del mismo sitio de donde jay estaba sonreí satisfecha, la justicia perseguía quienes hacían mal, y Jay me había dejado sola en un momento bastante delicado.            Ella se acerco y tomo asiento, yo por mi parte camine lejos de ella en dirección hacia la entrada de la floristería mis pasos junto a los ruidos que estaba haciendo Jay creaban una melodía un tanto tranquilizante para mis oídos, aunque el repiqueteo del pie de la muchacha que comenzó a sonar también estaba poniendo mis nervios de punta. Intentando calmarme adentre mi mano en el bolsillo de mi pantalón sacando el manojo de llaves que contenía las llaves de todas las cerraduras que podían existir en la floristería. Así termine cerrando la puerta con llave, también me agache y recogí el cartel que estaba tirado en el piso y así fue como lo termine colocándolo y girándome finalmente para encarar a la mucha que seguía sentada pero esta vez con su mirada gacha y manos entrelazadas, en una postura un tanto triste.
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