[Ella se acerco y tomo asiento, yo por mi parte camine lejos de ella en dirección hacia la entrada de la floristería mis pasos junto a los ruidos que estaba haciendo Jay creaban una melodía un tanto tranquilizante para mis oídos, aunque el repiqueteo del pie de la muchacha que comenzó a sonar también estaba poniendo mis nervios de punta. Intentando calmarme adentre mi mano en el bolsillo de mi pantalón sacando el manojo de llaves que contenía las llaves de todas las cerraduras que podían existir en la floristería. Así termine cerrando la puerta con llave, también me agache y recogí el cartel que estaba tirado en el piso y así fue como lo termine colocándolo y girándome finalmente para encarar a la mucha que seguía sentada pero esta vez con su mirada gacha y manos entrelazadas, en una postura un tanto triste.]
La noche ya caía fuera del local el ambiente frio se filtraba hacia adentro del establecimiento creando un clima bastante relajante al compás de la cantidad de aromas que estaban danzado alrededor de mí gracias a las esencias características de las flores que me rodeaban. La soledad de la calle que había estado concurrida se estaba volviendo algo sombría junto a los pocos sonidos que hacían vida afuera, pero más allá de tener miedo resultaba ser algo tranquilizante hasta cierto punto. Camine directamente al mostrador, los estantes con cosas para jardinería como macetas, semillas y demás daban un ambiente bastante hogareño y precioso, este contenía absolutamente toda la esencia de quien era mi abuela. Suspirando intente cortar todos los recuerdos que salían a flote de pronto. El sonido de las neveras donde se encontraban algunas flores me hizo tener el impulso de acercarme a visualizar un poco que era lo que se encontraba por ahí, pero deseche la idea con rapidez apremiante.
Jay desde hacía mucho se había ido dejándome sola dentro del sitio, el día había resultado ser agotador para ambos ya que al no contar con mi abuela habían muchas personas preguntando por ella, solo evadía las preguntas de una manera u otra, quizás tenía la leve impresión de que Jay me usaba de escudo para esas situaciones y por eso siempre era yo quien terminaba recibiendo la cantidad excesiva de preguntas incomodas que no sabía cómo contestar. Cuando él había partido yo tomé la oportunidad y cerré el establecimiento, o al menos eso pensé, no tenía idea a ciencia cierta y finalmente me decidí ir directamente a concluir todo en el local. El día había sido caótico para ambos, comenzó con la presencia de la chica rubia a primera hora, después de narrarle lo ocurrido a Mayah, la rubia, todo se había tornado triste con su llanto desgarrador y lágrimas que resultaban ser indiscutiblemente pegadizas. A Mayah mi abuela ni nadie le había informado que ella tenía problemas cardiacos debido a su avanzada edad, lo cual resulto un serio problema al momento de contarle absolutamente todo el proceso, yo misma estaba confundida y un tanto triste reviviendo lo que fueron los últimos días de la vida de mi abuela, era más pesado contarlo y tener que revivirlo mediante recuerdo que haberlo vivido en carne propia, por otra parte.
Jay definitivamente me había dejado sola cuando comencé a contarle lo ocurrido a la chica, al momento de que él paso cerca de nosotras pude notar como las lagrimas se acumulaban en sus ojos y la tristeza lo arropaba en su andar rápido. Solo por eso no le había reclamado absolutamente nada de lo sucedido con Mayah, ni tampoco cuando arrojaba hacia mi el peso de las preguntas totalmente incomodas y tristes.
En ese momento ella y yo nos habíamos quedados solas, fue imposible que la mujer no explotara en llanto y sollozos demasiados lastimeros y ahogados como para que mi corazón lo soportara, yo por mi parte intentaba mantenerme al margen y solo hacer el intento de consolarla cuando fuese necesario, pero nada sirvió porque ella no lograba conciliar la paz o al menos intentar mermar sus lágrimas y sufrimiento, pero aun cuando intentaba ofrecer alguna palabra de consuelo ella solo lloraba más. Después de escucharla llorar al menos durante diez minutos en Mayah mermo su llanto, más la tristeza estaba reflejada en sus ojos grandemente.
Ella luego dijo que necesitaba irse y así fue como me quede sola, con el local cerrado hasta que Jay toco anunciando que había vuelto una hora después de que Mayah se había ido, el semblante triste y con algo de amargura de Jay me tomo por sorpresa, más no quise preguntar ya que tenía un leve indicio de que era lo que sucedía exactamente con él. Podía leer el dolor a través de él, era como una sombra que lo seguía constantemente y aunque lucia como alguien feliz y activo resultaba ser algo triste notar que esa felicidad se iba con facilidad cuando recordaba hechos pasados, no podía culparlo de ninguna forma ya que el evento que traía el pesar en jay, era el mismo que clavaba espinazos en mi corazón. Durante el tiempo que Jay tardo me sirvió para reflexionar y llenarme de tristeza a mi misma, intente contener las lágrimas, pero una que otra salieron escapadas de mis ojos, la memoria de mi abuela seguía presente en mi mente y siempre estaría ahí.
El saber que ella siempre nos recordaba y guardaba todo lo que podía tener de nosotros sus nietos a la mano era algo magnifico y sin duda tan hermoso como impresionante en muchos sentidos, por eso no podía imaginarme a mi abuela como alguien dentro de una urna pálida y en descanso eterno, su imagen en mi memoria se mantenía viva como alguien que transmitía la alegría a los sitios que iba, todos los recuerdos que compartimos creaban una idílica imagen en mi mente. La floristería era un claro ejemplo de ella, la presencia de mi abuela y su espíritu lo sentía más cerca de mi que nunca, incluso el temor apabullante de no ser lo que ella esperaba a la hora de manejar el negocio que significaba tanto era algo que sin duda logro tomarme presa desde que supe que su floristería era una herencia que quedo a mi nombre. Cuando hicieron la lectura del testamento nunca pensé ir en primer lugar, se supone que todo quedaría a nombre de mi padre y mis tíos, pero mi sorpresa fue cuando mi padre me llamo para comunicarme que ahora el preciado negocio estaba bajo mi mando.
Suspirando termine de acomodar el libro del inventario en el sitio asignado para él, el invernadero de atrás de la floristería Jay lo había cerrado antes de irse, era su sitio de trabajo mayormente, se encarga de cuidar las flores que se cultivaban dentro del local. Lo cual había sido de gran ayuda, tan solo faltaban apagar las luces y estaría más que dispuesta a irme a casa a descansar. Para aquel instante estaba acomodando unas macetas que a mi parecer estaban fuera de lugar. Siendo una cantidad bastante grande termine con mis brazos repletos de ellas, por suerte eran bastantes livianas al ser de plástico, lo que significaba que moverlas no se trataba de un problema enorme.
Totalmente concentrada en la actividad que estaba ejecutando, me vi interrumpida por culpa de un sonido que hubo de algo que alerto todo mi ser e hizo que los nervios se dispararan rápidamente por todo mi sistema, el cosquilleo del miedo nació rápidamente en el fondo de mi estómago. En un intento de guardar la calma sin la necesidad de pensar lo peor el sonido de la puerta siendo abierta y los pesados pasos apurados reproduciéndose contra el piso del local termino por hacer darme cuenta que aquello si podía tratarse de algo bastante malo., hizo que mis manos comenzaran a temblar y suponer lo peor. Una idea comenzó a formularse en mi mente, dispuesta a esconderme y buscar ayuda, intente caminar para esconderme detrás del mostrador que contenía la caja registradora encima de él, intente que mis pasos ocuparan el menor ruido posible, pero justo luego de que diera los primeros tres pasos con los nervios a flor de piel y el corazón latiendo más rápido de lo normal Dispuesta una voz masculina hablo detrás de mí. Sentí como el alma se me escapa del cuerpo, el hombre carraspeo un poco, tensa y viéndome descubierta decidí correr a la parte trasera del local. Mi corazón martillaba fuerte contra mi pecho, y los sonidos de los latidos retumbaban en mis oídos, si bien la calma siempre había sido uno de mis fuertes era algo ridículo que alguien llegara a esa hora de la noche solo porque sí a una floristería, entonces, ¿qué significaba la visita del hombre a la tienda? Sencillo, un robo.
El pánico comenzaba a crear un margen desalentador en mi cuerpo, y junto a las malas decisiones termine encerrándome en le armario que contenía los productos de limpieza dispuestos para arreglar todo el negocio. No había prestado demasiada atención, pero desde afuera podía escuchar como los gritos del hombre intentaban llamar mi atención, pero me negaba a escucharlo ya que mi seguridad estaba como una prioridad por encima de todo, miedosa como nada más pegue mi espalda a la puerta haciendo fuerza sobrenatural para que nadie abriese. Me deslice por la superficie amaderada hasta que mi trasero toco el piso, quedando de esta manera sentada sobre el suelo.
Mi teléfono vibro en el bolsillo trasero de mis pantalones. Teniendo la maña de hacer eso, una mañana muy mala, pero justo en ese instante lo suficientemente buena como para sacarme de apuros, me sentí un poco más tranquila. Sin prestarle atención a los mensajes entrantes, ocupe usar una llamada dentro del cuarto pequeño, mis manos sostenían el teléfono temblorosamente, con anterioridad había dejado todos los envases reposando en mis piernas.