Cuarto capítulo.

1666 Palabras
[Mi teléfono vibro en el bolsillo trasero de mis pantalones. Teniendo la maña de hacer eso, una mañana muy mala, pero justo en ese instante lo suficientemente buena como para sacarme de apuros, me sentí un poco más tranquila. Sin prestarle atención a los mensajes entrantes, ocupe usar una llamada dentro del cuarto pequeño, mis manos sostenían el teléfono temblorosamente, con anterioridad había dejado todos los envases reposando en mis piernas. ] El sonido de los pasos se escuchaba cada vez más cercar de mi escondite. No había logrado ver el rostro de quien era el intruso ya que él se encontraba a espaldas de mí. Busque el numero de jay en el teléfono entre los contactos, rápidamente tome la decisión de llamarle y con ese proceso logre poner mi teléfono contra mi oído para poder comunicarme con Jay quien al parecer tenia cosas más importantes que hacer a esa hora porque no contestaba de ninguna forma. Logre contar una cantidad exacta de pitidos para que finalmente me enviara a buzón, por eso repetía el proceso de volverlo a llamar una y otra vez. Para aquel punto ya no había pasos, solo el golpeteo constante en la puerta, justo en ese instante la voz de Jay me devolvió un poco del alivio perdido.   ─ ¡Jay! ─mi voz tuvo esa nota de pánico que no me agradaba en lo absoluto, pero con la respiración agitada y un nudo formándose en mi garganta era aquello lo que menos me importaba en ese preciso instante. La respiración pausada del chico me anunciaba que quizás estaba durmiendo desde hacia rato, cuando la culpabilidad intento pullar en mi piel, la ignore en su totalidad, tenia miedo y era una situación de vida o muerte. ─¡Hay un hombre en la tienda!   Un leve ‘’¿qué?’’ por parte de Jay me dio la impresión de que con mi noticia había logrado despertarlo completamente después de que la noticia borrara la bruma que el sueño había dejado. Pude escuchar detrás de la línea como un pequeño quejido abandonaba los labios de Jay. Sentí un tanto de pena por el rizado, pero necesitaba ayuda y el era la persona más confiable que tenía que conocía de la floristería casi tan bien como mi fallecida abuela.   ─ ¿Qué haces a estar hora en la floristería, Aria? ─un pequeño tono malhumorado por parte de las palabras de Jay me dejo bastante consternada, intente no sentirme mal, lográndolo cuando el miedo pudo más que yo y el sonido de los golpeteos contra la puerta me volvieron a alertar. Jadee despavorida y en un constante sentido de bruma. Con los labios temblorosos no encontré como responder a la interrogante de Jay, los golpes en la puerta se seguían repitiendo una y otra vez. ─ ¿Es él? ─pregunto y yo respondí un trémulo ‘’sí’’.   ─ ¡Soy Elian! ─ la voz ronca del presunto asaltante termino llamando mi atención por completo. Frunciendo el ceño algo confundida escuche del lado de Jay un ‘’diablos’’, sin entender la situación quise preguntar, pero solo termine abriendo mi boca y volviéndola a cerrar rápidamente, parecía que estaba boqueando como un pez fuera del agua.  La respiración pesada de Jay a la par de la risa por parte del rizado me indigno en sobremanera, no lograba entender que era lo gracioso de toda la situación, sobre todo porque los nervios seguían increíblemente activos en mi ser.  ─ ¡Perdón por pasar así, soy Elian!   ─Déjame revisar que día es hoy, Aria, espera. ─inquieta aun me removí en mi sitio y esperé a que Jay buscara lo que tuviese que buscar, aun conociendo todo el contexto no lograba sentirme cómoda. ─ Bien, Aria. Es el tipo de al frente de la tienda, el de la relojería se llama Elian y todos los lunes va a esa hora a buscar tulipanes, tu abuela le guardaba siempre tulipanes, pero recuerda que se agotaron hoy. ¡Buena suerte, Aria!    Estaba algo confundida con el asunto de Elian, la llamada de Jay se cortó luego de que explicara aquello, siquiera me había dado tiempo de preguntarle las dudas que aparecieron en mi mente luego de su vaga explicación, lo cual me enojo aún más. No entendía en el embrollo que me estaba metiendo, pero estaba segura de que quizás Jay sabia esto, tal vez pensaba que cerraría temprano y por eso no había mencionado nada acerca del hecho de que este tipo venia los lunes a comprar tulipanes, a las ocho de la noche, peor aún mi abuela lo había acostumbrado a ello y ahora yo tenía que cargar con este asunto lo cual era frustrante porque era yo quien estaba en ese armario con un montón de masetas. La carcajada de Jay se seguía reproduciéndose en mi mente como constancia de mi idea otorgado a un desconocido que siempre iba a comprar las mismas flores. Los nervios estaban causando todavía estragos en mi sistema nervioso se mezclaban directamente con la ira que burbujeaba en el fondo de mi estómago, estaba rodeaba de macetas y Jay y este tipo no daban respuestas claras para la situación que se estaba desarrollando.           Suspirando termine abandonando mi teléfono a un costado de mi cuerpo, las emociones lograban sobrepasarme grandemente incluso un pequeño punto de dolor se estaba situando en mi justo en la frente. Gruñendo lleve mis manos a mi rostro, luego de ello arrastre mis palmas por la zona con una cantidad bastante grande de frustración. Elian seguía repitiendo que no era un asaltante afuera del cuarto que me protegía de que viera todos los sentimientos negativos que estaba causando la situación en mis emociones. Las macetas a mi alrededor estaban regadas, las mire desilusionada, quizás si no me hubiese quedado a acomodarlas nada de eso hubiera pasado, deslice mis manos hasta que quedaran mis palmas abiertas en el piso de esta manera puede acuñarme en algo y levantarme con más facilidad, suspirando ya de pie pude alisar mi roda, e intentar acomodar mi cabello para lucir lo más presentable posible, aunque fue una lástima porque estaba segura de que mis aspecto podía ejemplificar fácilmente al desastre.           Tire mi mirada al suelo y note que mi teléfono yacía abandonado en el piso. Estaba un tanto colérica para aquel punto, también nerviosa y sin duda ansiosa, eran muchos los sentimientos que se volcaban entorno a mí, pero más allá de ello no podía hacer absolutamente nada, era como una especie de resignación, que, aunque no la quería, seguía estando ahí. Emití lo que podía ser similar a un gruñido enfurecido, sí como si me tratase de un animal que ha estado enjaulado por mucho tiempo, pero eso fue lo que menos me había importado, para culminar el revuelvo de acciones que se llevaban acabo en esa pequeña habitación me agache para tomar mi teléfono y justo en ese momento algo sonó como si se tratase de tela rasgándose.  Maldije en voz baja, porque aquello era lo último que podía faltarme, un pantalón roto. Con las mejillas tiñéndoseme de un rojo intenso iba a quitarme el suéter que temprano cargaba conmigo, pero para aumentar la desgracias que surgía a mi alrededor había olvidado que cuando preparaba todo para irme a casa lo había dejado encima del mostrador. Recogiendo la poca dignidad que podía quedarme decidí idear un plan. De esa manera fue que termine tomando el pomo de la puerta, quitando el seguro para jalarla y terminar topándome con el rostro de Elian.       ─Hola, soy Eli…─creo que fue suficiente con la mirada que logre asomar encima de él ya que solo con ella el pobre tipo logro guardar silencio. Tensa a más no poder me crece de brazos dispuesta a soltar la peor cantidad de insultos si el lograba atreverse a sobrepasar mis limites nuevamente. Toda la situación tenia a mis pensamientos vueltos una gran masa que no me permitía organizar mis ideas correctamente, no fue una sorpresa cuando intento hablar de nuevo pero una vez más abrí los ojos a más no poder e incline mi cabeza hacia un costado nuevamente logre que guardara silencio.           ─De noche. ─ah, era mi momento de descargar mi frustración con aquella pobre alma ingenua que pensaba que podía irrumpir en un local de esa manera, asustándome, orillándome a encerrarme en un cuarto con masetas y como si fuera menos importante lograr que la parte trasera de mi pantalón se desgarrase. ─Buenas noches, Elian. ─comencé con una muy cordial bienvenida, pero para la retahíla que estaba a punto de soltar, note como el soltó todo el aire que tenia contenido en sus pulmones así fue como yo amablemente comencé. ─ ¿Es que acaso estas loco? ¡Es de noche y vienes a comprar tulipanes! ¿Quién compra tulipanes a esta hora? ─lleve mi mano derecha a mi rostro y con mis dedos índice y pulgar presione la zona tan fuerte que logre hacerla doler. Mis palabras salían entre gritos y gemidos de frustración. ─ ¡No te presentaste, siquiera tuviste la decencia de llamar y avisar que estabas acá! ¡Largo de mi tienda, tú, señor maleducado, perturbador de la paz ajena, comprador de tulipanes nocturno desconsiderado, mi abuela pudo malcriarte, pero yo te lo quito así sea usando refuerzos de conducta negativos…!           Me mostré sorprendida una vez más por este hombre que osaba molestarme. Quizás si estaba bastante molesta y enfurecida, pero eso no le daba el derecho de ocupar su mano en mi boca haciéndome callar de una sola vez mientras que la otra reposaba en mi nuca con un tacto cálido que hubiese podido apreciar en otro momento, aquello no hizo más que aumentar todo el enojo que tenia hacia su persona, mire el rostro del hombre logrando notar como este se había vuelto tan rojo haciendo resaltar las pecas que podía tener, así de cerca estábamos, incomoda me removí intentando salir de sus aprisionamiento utilice mis manos para tomar sus antebrazos, era una pena que mis uñas largar se hubiesen ido de mis manos hacia días atrás, sino ese hombre ya tendría una lindas marcas en sus brazos.
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