La Posada Yaina bostezó restregándose los ojos para despejarse. Llevaban varias horas a caballo para regresar a Odea. Iba vestida con pantalones, botas y una camisa oscura. Su cabello iba trenzado firmemente para mantener su agilidad. Miró a su esposo, quien iba en otro caballo junto a ella vestido de manera similar. Su cabello rubio destacaba mucho en esa zona rural. Debería haber usado las pociones de encubrimiento, pensó con una mueca y recordó cuando lo volvió a ver, vestido como un campesino. Si no se hubiese reído, no lo hubiese reconocido. - Deja de preocuparte por eso. - le dijo Kairon sin mirarla haciéndola sobresaltar. Aún no se acostumbraba que Kairon pudiese leer sus emociones con tanta facilidad. - Destacas mucho. - le dijo levantando la capucha de su capa para cubrirse ell

