La Entrega El duque, agradecido, se inclinó y obedeció la orden no dicha, primero suave y lento. Dándose tiempo de explorar su boca con su lengua y enseñándole a ella a responder a sus movimientos. Acarició con suavidad su espalda sobre las ropas de dormir delimitando su figura en su mente. Sentía sus senos apretándose contra su pecho y eso lo excitó más ¿Qué tenía esa mujer para hacerlo perder los sentidos y la cordura de manera tan fácil? Era pequeña, llegaba a su hombro, era tímida y reservada, curiosa y suspicaz, culta y decidida. Cuidaba a su familia (hermano) con la misma intensidad que él cuidaba a los suyos. Expresaba sus opiniones con seguridad y claridad frente a él, lo calmaba dentro de todo el caos y lo hacía sentir en casa. Se sentía en casa, no había nada que temer, si ella

