Después de escoger las ropas, Bruno se quedó sentado un rato en su cama pensando en la cena y en el viaje que tendría a Emiratos. Al menos no iba a estar solo, estaba tan ensimismado en sus pensamientos que escuchó de pronto la puerta del baño abrirse. Levantó un poco su cabeza viendo a Héctor salir con una toalla en la cintura y el torso desnudo, las gotas caían por su piel perdiéndose. Bruno lo quedó mirando, parpadeó un par de veces viendo lo cambiado que se veía su guardaespaldas después de unos cuantos años de entrenamiento. —¿Me prestará ropas o quiere qué salga desnudo a cenar?— le preguntó con algo de insinuación. Bruno frunció el ceño. —Ya quisieras— dijo el castaño levantándose de la cama para darle las prendas. —Gracias— le dijo el guardaespaldas tocando sus manos suavemente

