El camino fue silencioso hasta el departamento de Héctor. El guardaespaldas sólo observaba de reojo a su jefe que se veía con el rostro algo triste. Seguramente el chico se estaba arrepintiendo de alguna manera por el viaje a Emiratos, pero a la misma vez tenía una mirada de convencimiento que era difícil de descifrar. Finalmente llegabas al departamento de Héctor, estacionaron y bajaron. Caminaron al interior del condominio, entraron al edificio y subieron al ascensor. Llegaron al último piso, bajaron. Se dirigieron a la puerta correspondiente, el guardaespaldas abrió. —Me puede esperar en el living si quiere— le dijo Héctor a su jefe mientras entraba en su habitación. Sin pedir permiso Beuno entró al dormitorio de su guardaespalda, se estiró en la cama con toda la confianza del mundo.

