Héctor quedó completamente descolocado al escuchar las palabras de aquella pelirroja. Rose lo miraba a los ojos para que viera que no mentía. —Soy Sany, trabajo para la CIA. Me contrataron hace más de dos años para infiltrarme en la mafia. Hemos seguido sus pasos, pero ha sido difícil atrapar a los grandes— le explicaba la mujer—. Cuando ayudaron a Linsai a escapar supimos que las cosas cambiarían radicalmente. —¿Ella está aquí?— le preguntó Héctor aún procesando la información, pero como buen guardaespaldas guardaba la compostura y se mantenía estoico. —No la he visto personalmente, pero he escuchado que está con ellos. Fueron muy hábiles para ayudarla a escapar, estuvieron años trazando el plan y comprando a los corruptos de la cárcel— le dijo Sany—. Pero jamás nos imaginamos que uste

