Capítulo 1

1048 Palabras
CAPÍTULO 1 TURÍN, ABRIL DE 1976 Las noticas alrededor del mundo no eran muy buenas. El 2 de abril de ese año, el príncipe Sihanouk de Camboya dejó su puesto como monarca de su país a pesar de la creciente ola de comunismo que se había apoderado de su tierra, para ser reemplazado por Pol Pot, quien se convirtió en Primer Ministro y dictador de esa nación tan asediada. En ese momento, pocos pudieron prever el h********o que pronto se propagaría en Camboya, matando a millones y trayendo consigo el miedo y la degradación. La pobreza arrasó con casi todos los que vivían bajo la temida zona de influencia de Pol Pot. Mientras que los acontecimientos en el sureste de Asia llenaban los titulares de los periódicos del mundo, otra noticia de menor proporción pero de intensa importancia personal fue tema principal en casa de Antonio y Lucía Cannavaro, donde noticias muy importantes habían llegado. — ¡La carta, Antonio! ¡Recibimos la carta de la clínica! ¡Nos aceptaron! —Cara, cara. Estoy tan feliz por ti, por nosotros, mi bella esposa. Talvez ahora podamos tener la familia que tanto hemos deseado. —Sí, esposo mío, y nos pagarán muy bien si les permito usar sus nuevos métodos en mí. —Mientras sea seguro, entonces estoy feliz querida. ¿Puedo ver la carta, por favor? Lucía le pasó la carta a su esposo, quien comenzó a leerla. Clínica Sobel Bruselas 28 de marzo de 1976 +32 (0)2 640 97 97 Estimada Sra. Cannavaro: Me complace informarle que dimos seguimiento a su solicitud en la clínica y a los resultados de los análisis subsecuentes, realizados por nuestro representante en Turín; y hemos decidido ofrecerle un lugar en nuestro programa de tratamiento experimental de infertilidad. Como se le aclaró en la entrevista, se requiere que pase un periodo de dos meses con nosotros, durante el cual aplicaremos una técnica revolucionaria, desarrollada por nuestro equipo médico, para combatir su infertilidad y esperamos así asegurar que usted y su esposo tengan la bendición de tener un hijo propio en un futuro próximo. Al finalizar su tiempo aquí, se le pagará la suma acordada de $2,000 dólares para compensar el tiempo que pasará lejos de su esposo. Durante todo momento de su estadía nos apegaremos a prácticas médicas seguras y en ningún momento estará usted en riesgo. Como también le señalamos en su entrevista, las prácticas que empleamos son revolucionarias en el campo de la medicina, y es necesario que no revele su participación en estas pruebas a nadie fuera de su círculo familiar inmediato; preferentemente sólo con su esposo. Si usted no respeta estas condiciones, se cancelará la oferta para participar en el programa y su lugar se le cederá a otra persona. Sea tan amable de llamar al número de arriba cuando le sea posible para confirmar su aceptación de esta propuesta y después envíe su carta de aceptación firmada. Felicidades nuevamente, y esperamos su visita a la clínica para conocerla el 1 de mayo. Atentamente: Charles DeVries Dr. Charles DeVries Administrador Lucía y Antonio bailaron alrededor de su pequeño departamento. Estaban lejos de ser adinerados ya que Antonio apenas ganaba lo suficiente para sobrevivir en su trabajo como mecánico en un taller de su misma calle. Él y Lucía habían intentado tener un bebé desde que se casaron hacía ya tres años. Las pruebas mostraban que era muy improbable que ella concibiera de manera natural ya que tenía una pequeña obstrucción un sus trompas de Falopio. Después descubrieron que Antonio tenía un conteo de e*****a bajo, así que sus oportunidades de concebir de manera natural eran mínimas. Para Lucía, aquel pequeño anuncio en el periódico pareció un mensaje del cielo. La clínica acababa de abrir sus puertas al público recientemente, y buscaba mujeres con diagnósticos de infertilidad para formar parte de las pruebas de sus nuevos tratamientos. Prometían altas oportunidades de éxito e incluso ofrecían pagarles por su tiempo a aquellas que aceptaran participar. Lucía se sentía afortunada, pues la invitaron a la oficina de un doctor local designado por la clínica para confirmar que fuera apta para el proyecto, y que hubiera asistido en todo momento a las pruebas necesarias requeridas por la clínica. Él había enviado su reporte a la clínica y ahora ella había recibido la carta. Estaba feliz, era lo más feliz que se había sentido en mucho tiempo. Antonio compartía con su esposa esa felicidad; bailaban alrededor de su pequeño departamento de un solo cuarto y en su sala estrecha, donde ambos esperaban escuchar pronto el sonido de la voz de un bebe junto a las suyas. —Tendremos que comprarte ropa nueva para el viaje, y para tu estancia en Bélgica —dijo Antonio. —No podemos pagar esas extravagancias, Antonio —respondió su esposa—. Debemos ahorrar dinero para cuando llegue el bebé. —Si es que funciona —le advirtió Antonio intentando ser realista acerca de sus posibilidades. —Funcionará mi amor, lo sé —contestó ella. Durante la siguiente semana, otras parejas de Europa y Estados Unidos recibieron cartas de aceptación similares. La felicidad de la joven pareja italiana se veía reflejada en la alegría y la emoción que experimentaban todas las afortunadas que habían sido seleccionadas. En ese momento, el Doctor Charles DeVries, administrador de la nueva y pionera clínica de infertilidad ubicada en el corazón de una de las ciudades más antiguas de Europa, podía pedir lo que fuera de esas jóvenes parejas y ellos se lo concederían mientras estuviera en sus posibilidades; ya que su gratitud era inmensa por tener la oportunidad de convertirse en padres. Poco sabían ellos que DeVries casi no estaría involucrado en el tratamiento que recibirían en la clínica, ya que después de todo, él sólo era el administrador del lugar; aunque sí disfrutaba ser la cara de la clínica. Había trabajado muy duro para cultivar su imagen de padre bondadoso y cariñoso para el establecimiento. Cada visitante del lugar hablaba de su habilidad de tranquilizar rápidamente hasta a los pacientes más nerviosos. En cuestión de semanas, mujeres de todo el mundo comenzaron su viaje por avión, por mar o por tren, hacia tan revolucionaria clínica, donde a todas les esperaba la oportunidad de hacer sus sueños realidad de convertirse en madres.
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