La mujer contempló alegremente a sus dos pequeños mientras jugaban en el suelo frente a ella. Los dos eran perfectos, talvez demasiado, llegó a pensar. Era muy difícil distinguirlos entre sí. Pensó que nunca antes había visto gemelos así. Los había llevado en su vientre, los había dado a luz y ahora era responsable de cada minuto de sus vidas. Ellos la amaban, dependían de ella e interactuaban con ella de una forma que jamás creyó posible. Habían comenzado a hablar hacía unos meses, ambos tenían la habilidad de dar unos cuantos pasos sin ayuda; ella estaba orgullosa de su progreso. Ellos tenían mentes ágiles y activas, tal como ella imaginó. Después de todo eran tan parecidos al hombre que se encontraba sentado en el cuarto de al lado; el hombre que había estado a su lado durante todo el

