El leve sonido de los cubiertos era la música para nuestros oídos. En mi vaso solo había agua junto al de él. Cortaba su pescado con detenimiento. —Entonces, Anastasia, ¿piensas quedarte? —sus ojos suavemente me recorrieron con lentitud—. Porque estuve algo sorprendido cuando escuché que era probable que te mudaras a Inglaterra. Seth Ashford era uno de los empresarios automotrices más reconocidos de Inglaterra. Uno de esos prospectos que podrían hacer suspirar a cualquiera. Ojos penetrantes, cabello achocolatado y una sonrisa matadora. Amable para ser el amigo perfecto además del novio correcto. Por años, mis abuelos intentaron emparejarnos, pero al final terminamos siendo amigos. Nos conocimos en mis tantos viajes a Inglaterra cuando apenas tenía unos quince años. Siempre que regresaba

