VIII Las Palabras que Despiertan —Bajo… la… tripa… del caco… del coca… del cocodrilo… —dijo la vocecita. Tomek se despertó en ese momento y abrió ligeramente los párpados. Se encontraba en una habitación muy ordenada, con un agradable olor a lavanda. Estaba acostado sobre una cama individual, y el niño que estaba aprendiendo a leer seguía las líneas con el dedo. No debía de tener más de siete años. —… estaba… esconda… escondida la lia… la llave… —continuó, sin darse cuenta de que Tomek había abierto los ojos y le estaba mirando. —… el caco… el cocodrilo… do… dormía a… per… a pierna… suelta. Esta es… la… la mía, pe… pensó… Flibus… el mo…nito. Tomek no pudo evitar sonreír. El niño estaba concentrando todas sus energías en la lectura, pero se tropezaba en cada palabra, o casi. La ventan

