XVI El río Tomek dedicó las últimas horas del día a la fabricación de una balsa. Tenía al alcance de la mano todo lo que necesitaba: troncos de árboles en abundancia, lianas para atarlos unos a otros y piedras afiladas para cortar las lianas, de modo que le gustó aquella tarea, y la terminó en pocas horas sin cansarse demasiado. Tuvo un único momento de pánico: al ir a serrar una larga rama para hacerse un remo, vio que había un fruto ardilla al otro extremo. Mientras Tomek se disculpaba, el pequeño animal se limitó a sacudir la cabeza de izquierda a derecha, como diciendo, «¿qué crees que estás haciendo?». Era tan gracioso que a Tomek le dio un ataque de risa. A veces, descansaba durante un rato, y en esos momentos no podía evitar ir a mojar las manos en el agua del río, y dejarla resba

