Prólogo

3223 Palabras
Prólogo 10 de julio del 2010 No tengo duda de lo que quiero hacer en el futuro, siempre me gusta la medicina y desde que tengo uso de razón mamá me enseñaba a saber sobre las enfermedades y sus curas. Ahora se me presentó la oportunidad de ser auxiliar en el hospital y me pareció increíble. Algo de lo que me gusta es que es un hospital muy lejos del que trabaja mamá. Eso me da la oportunidad de irla a ver antes de que tenga guardia. Al entrar por las puertas enormes del hospital, el aroma a desinfectante y alcohol inunda mi olfato. Es como si fuera una droga, me encanta. Me dieron un nombre para comunicarme con una señora Martha. Me acerco donde una enfermera al mostrador, le dedicó una sonrisa. – Buenas tardes busco a la enfermera Martha– la señora rubia frunce el ceño. – ¿Quién la busca?– contesta toscamente, mi sonrisa se borra inmediatamente. – Soy la auxiliar de apoyo, vengo de parte de la escuela Greyson. – La enfermera Martha se encuentra en el piso de pediatría. Me indica en donde es y me dirijo al tercer piso. Al llegar todo está en silencio. Eso me parece algo raro ya que al ser hospital debería de haber mucho ruido. Camino por el pasillo y escucho ecos de risas de niños saliendo de una de las puertas la empujó y logró visualizar a muchas personas, inclusive las enfermeras se encuentran aquí. Me fijo al frente un chico con una nariz roja haciendo reír a varios niños. – ¿Vienes por el show?– una enfermera que lleva el uniforme de distinto color a las demás, me habla. Me fijo en sus enormes ojos marrones y su sonrisa calidad, bueno es un poco baja de estatura. Le regresó la sonrisa que me dirige y le digo. – Lo siento estoy buscando a la enfermera Martha.– escucho la risa de los niños y padres. Mi vista se enfoca en el chico por breves minutos. – Bueno y ¿a quien busca?– dejo de mirar al chico que le entrega un globo en forma de flor a una niña pequeña algo pálida pero hermosa. – Soy Chelsea Shepard, auxiliar en prácticas de la escuela… – Claro cariño, me dijeron que hoy vendrías.– me muestra una sonrisa, se la regreso. Me fijo en el chico y varios niños se acercan a él, algunos con sillas de ruedas. No entiendo porque no dejo de mirarlo, él se ríe de lo que la niña dice y alza su vista y me ve. Sus ojos que no distingo el color me miran y su sonrisa no pierde la fuerza. – ¿No sabía que hacían show para niños?– me oigo preguntar. – También es un practicante en medicina, quiso hacer un show para los niños. Eso ayuda a que se distraigan de su enfermedad. Te parece si te indico tus labores– presto toda mi atención a la enfermera Martha. – Sí claro. Ella me comienza a decir las cosas que haré. Comienzo anotar todo para no olvidar, me indica dónde se encuentran los implementos y me indica las habitaciones. Antes de irme ya que comenzare desde el día de mañana me pide que lleve a una niña a su habitación. La niña quien tiene una banda en la cabeza, comienza a cantar una canción sobre una mariposa. No debe tener más de seis años, pero duele ver que a alguien tan pequeño ya lo atacó esa enfermedad. El cáncer no perdona ni género ni edad. Su piel ya blanca está aún más pálida y sus labios agrietados pero ella no deja de mostrar una sonrisa a las enfermeras. La ayudo a subir a su cama y siento el toque su mano en mi cabello. – Me gusta mucho– sus manos se entretienen en mi cabello. – Muchas gracias, estoy segura que tu tendrás un cabello aun mas bonito que el mío– le digo con una sonrisa. – Gracias, soy Rose– me entrega su mano que noto que está un poco fría. – Yo soy Chelsea– le digo y ella sonríe un poco. – ¿Te veré mañana? – Claro que sí, vendré a verte mañana– le digo y ella asiente. Se acuesta mucho mejor en la cama y cierra sus ojos marrones. – Estoy cansada– dice en un susurro. – Te dejaré descansar– me levanto y salgo de su habitación, cierro la puerta con mucho cuidado y me volteo rápidamente. Chocó con el pecho de alguien y para alejarme me chocó la espalda con la puerta, me quejo por el dolor. – ¿Estás bien?– escuchó una voz grave preguntarme. – ¡Qué te pasa estás loco!, no se le asusta así a nadie– alejo mis cabellos de mi rostro y me fijo en la persona que me sorprendió. Me doy cuenta que es el chico que estaba dando el show. – Lo siento, solo quería ver a Rose– el dice con una sonrisa, me fijo en sus ojos que son de un azul muy claro, me hace recordar a los ojos de mamá y de Caitlin. No me había fijado en el color anteriormente por la luz. Me fijo que tiene unas pecas muy tenues, su cabello rubio está un poco despeinado. Lo estoy inspeccionando ya que se encuentra muy cerca, demasiado cerca a mi. Él también me ha inspeccionado ya que se encuentra callado, mirando mis ojos. En mi cabeza suenan campanas de advertencia. Lo empujo sutilmente, aunque creo que no fue tan sutil ya que casi se cae, lo agarro de la mano para que no se caiga. Aunque casi me lleva con él, hace una maniobra para no caerse y me doy cuenta que me encuentro pegada a su pecho. Lo suelto rápidamente ya que mi corazón late a un ritmo preocupante. – Lo siento, estábamos muy juntos y solo quería alejarte. ¿Estás bien?– le preguntó, él toma su posición inicial y solo se limita a reír. Me sorprendo y siento que mi ceño se comienza a fruncir. – Yo debería pedir perdón por sorprenderte así– dice él, pasa una mano por su cabellera. No se cuantos años tenga pero luce muy joven, calculo que debe tener la edad de mi hermano. – Está bien, Rose está descansando. Sería mejor dejarla descansar– él se fija en la puerta detrás de mí, él hace una pequeña mueca con sus labios, que noto que son carnosos y de un tono muy rosa. – Está bien vendré en otro momento– su atención cae de nuevo en mí y me muestra una sonrisa porque yo parpadeo. Dejo de mirar sus labios y siento mi rostro muy caliente. Que me pasa, nunca me he puesto nerviosa por ningún chico. Normalmente son los chicos los que se sienten nerviosos al hablarme. – Está bien– me alejo rápidamente, Aaron siempre me advierte de que me aleje de personas así. Ese tipo de personas siempre son peligro. – ¿Espera a dónde vas?– volteo brevemente ante su llamado. – A casa– le digo. – Pero no me dijiste tu nombre– lo veo con una sonrisa, caminó un poco más rápido. – Eso no importa– le digo. – Mi nombre es Sam, por cierto– lo escucho gritar antes de salir completamente del lugar. Me pego a la pared fría y miró la puerta por donde salí. comienzo a reír y pongo una mano en mi boca, que fue eso. Veo como Alice peina su cabello, primero se hace una trenza de lado y luego la suelta. No es la primera vez que lo hace, llegaremos tarde porque según ella no está lo suficientemente perfecta para salir. Mi relación con Alice Davies al principio fue muy rara, yo la detestaba. Ella al ser tan bonita y nueva, me molestaba que tenga la atención de todos y creo que el sentimiento era mutuo. Pero para mi mala suerte mi hermana estaba flechada por Austin Davies, quien era hermano menor de Alice. Así que mis padres ayudaron a la señora Davies, y así se volvieron nuestros vecinos. Un día participamos en el concurso de belleza de la escuela y ese día ambas peleamos por el primer lugar y cuando digo peleamos, me refiero que literalmente peleamos. Después de salir al escenario ambas despeinadas y con los vestidos arrugados ninguna de las dos ganamos. Cuando terminó el concurso me fui a disculpar y ella también iba por el mismo camino y la niña que había ganado se burló de nosotras, Ambas le pusimos el pie para que tropezara y ambas nos comenzamos a reír. Desde ese día ella se convirtió en mi cómplice y mi mejor amiga. – Detesto mi cabello, tal vez debería cortarlo o pintarlo– suspira y se tapa la cara con ambas manos. – Preferible que te corten un brazo antes que tu cabello, es como tu marca– le digo y ella destapa su rostro. – ¿Tengo una marca?– frunce el ceño. – Obviamente, aparte quien sería mi parte rubia. Tendría que buscarme una mejor amiga rubia y sabes lo difícil que es para mí hacer amigos. Así que ahórrame ese trabajo– le digo pasando por su lado. Ella detesta que le diga que la cambiare por otra persona. Ese es su punto débil y se manejarlo muy bien cuando quiero algo que ella no quiere hacer. – Estas loca, si crees que dejaré que te vayas con otra rubia– se voltea a mirarme con una sonrisa de psicópata. Al fin decide amarrar su cabello en una cola alta. – Está bien pero ya podemos irnos. Después Majo se pone impaciente y solo habla con voz muy aguda. La amiga de mi hermana es otro caso, cuando ella dice qué cosa se tiene que hacer lo tenemos que hacer, porque sino lo hacemos luego se pone intensa. No sé cómo extorsiono a mi hermana para que vaya a la fiesta, ya que en un principio mi hermana es un poco antisocial. Agarro mi bolso de color dorado y pongo mi celular y mis llaves. Bueno, ni termino de salir de mi habitación cuando siento un empujón que me hace retroceder y mi espalda choca con la de Alice, escuchó su queja atrás mío. La persona pasa y cierra la puerta, la veo de pies a cabeza. El vestido azul va entallado a su cuerpo, y muestra mucho sus piernas. Su respiración es muy superficial y se queda en silencio mirándonos. – Vaya ustedes sí que se lucieron, a su lado parezco un payaso. – De que hablas te ves hermosa y muy sexi– dice Alice, para ella las demás somos algo exótico y ella solo es normal, al parecer debo regalarle más espejos en su casa. – Porque entraste así de la nada, se suponía que nos encontraríamos en la entrada– le digo con la ceja enarcada y un brazo en mi cintura, ella sonríe culposamente. – Sobre eso… – ¿Qué hiciste?– le preguntó cruzándome de brazos. – Robe el diario de Caitlin– lo dice rápidamente y abre su cartera para mostrarme el interior. Mis ojos se abren ante la sorpresa, creo que un pequeño jadeo sale de mis labios. – ¡Que hiciste que, se pondrá como loca!– prácticamente gritó. – ¡Cállate!– me tapa la boca con su mano, sus ojos se ven realmente arrepentida. Mi hermana no permite que nadie toque su diario, se que ahí escribe cómo se siente respecto a Austin y también se encuentra su secreto más grande, pocas personas de la familia lo sabemos. – ¿Y dónde está Caitlin?– pregunta Alice. – Se encuentra en la cocina, está preparándose unos snack– me zafó de la mano de Majo y la miro. – Sabes que te hará si se entera que tomaste su diario– le digo, ella asiente mordiéndose el labio. – Por eso tenemos que irnos ya, ella no quería ir pero esto le hará ir. Ya le deje la ropa que se pondrá en su cama. así que tenemos que bajar muy silenciosamente. Miró a Alice y ella se encoge de hombros, vuelvo a mirar a la mejor amiga de mi hermana y ella me pone un mirada de ojos entrecerrados y un puchero ridículo. – ¿Estás segura de que lo harás?– le pregunto por última vez. – Si no la hago salir de ese cuarto morirá pudriéndose ahí– dice Majo, bueno en eso tiene razón. A mi hermana no le gusta salir mucho y tengo miedo de que termine en su vejez en mi casa. Claro que viviría en el sótano de mi casa, con muchos gatos y mis hijos tendrían miedo de bajar a ver a su tía la loca. – Bueno, entonces vámonos– acomodo mi vestido plateado, me miró por última vez en el espejo y veo que el marcador plateado que llevo sigue intacto. Salimos de la habitación y todo está en silencio, mis padres están trabajando, vendrán más tarde y mi hermano salió a la casa de un amigo. Se que fue a la casa de Sam, pero prefiero no preguntar a donde sale el. Solo pocas veces hemos coincidido y prefiero dejarlo así porque cada vez que lo veo siento una punzada en el corazón. No se cuanto tiempo tenga que pasar para que yo deje de pensar en él. Salimos de la casa sin hacer ruido y escucho que algo se cae en la cocina y escucho que Caitlin maldice en español, igual que lo hace papá. Llegamos a la casa donde será la fiesta, varios chicos miran mis piernas y no me incomoda mucho que miren pero si llegan a tocar ahí si cambia la cosa. – ¿Dejarías el bolso ahí?– le pregunto a Majo ya que la veo dejarlo en el armario donde hay varias chaquetas. – Si, no quiero cargar con el bolso toda la noche. – Iré por unas cervezas– dice Alice. Ella se va del lugar y veo como los chicos se la comen con la mirada, es el efecto que ella causa. Sigo a Majo que se acerca a saludar a unas chicas, yo solo las saludo con la cabeza. Siempre me ha costado hacer amigas, y bueno las chicas piensan que soy odiosa y prefiere no hablarme, solo tengo dos amigas Alice y Aurora. Alice se acerca con las cervezas y me entrega una y a Majo quien comienza a tomar el trago rápidamente. Alice toma mi mano y nos alejamos un rato de ella ya que me siento un poco incómoda. – ¿Estás bien?– me pregunta un poco alto por el sonido de la música. – Si… Voy a decirle otra cosa pero varios chicos se acercan a nosotras, siempre es lo mismo, alejamos algunos pero otros se acercan a nosotras. – Quieres bailar bonita– un chico ya algo borracho se acerca a Alice, ella lo mira de arriba a abajo y el chico intenta enderezarse. – No gracias– le dice Alice, me rio un poco y tomo un sorbo de mi cerveza. – Y que dices tu hermosa– me mira a mi, me relamo los labios y él no pierde ese gesto ya que intenta acercarse mucho más a mi. – Como dijo la bonita, no gracias– la cara del chico cambia intenta acercarse mucho más a mi. Alguien lo toma del brazo y el chico retrocede, veo a un lado y me doy cuenta que es Austin. El chico mira a Austin un poco intimidado pero no se mueve. – Amigo piérdete si no quieres problemas– dice algo amenazante a pesar de que no grite se escucha claramente, el chico nos mira por última vez y se retira de la habitación. – ¿Qué haces aquí?– pregunta Alice, ella lleva la cerveza en su boca y toma un sorbo el cual Austin lo interrumpe. – Yo iba a preguntar eso qué hacen ustedes aquí– veo a un lado a la novia de Austin, Leah moviéndose de un lado al otro parece como si estuviera o muy borracha o drogada. – Vinimos con majo y en camino viene Caitlin– le digo, enfocándome en Austin. Su mirada cambia, no se si alguna vez le gustó mi hermana pero siempre que la miraba estaba la mirada soñadora. – Deben irse– dice firmemente. – Creo que el que debe irse eres tú, tu enamorada esta actuando raro– dice Alice, volteamos a verla y la vemos intentando quitarse la ropa. – Carajo– escuchó murmurar a Austin. El se retira y seguimos tomando solas y tranquilas, los chicos ya no intentan acercarse mucho a nosotras pero igual están merodeando muy cerca de nosotras. Siento el toque de alguien volteo y veo que es mi hermana, ella se ve hermosa con cualquier cosa pero lo que escogió Majo resalta su belleza. Yo siempre tengo que estarme arreglándome para estar bonita, en cambio mi hermana sin esfuerzo ya lo es. Ella comienza hablar de su diario y pregunta por Majo, Alice le dice que está bailando con un chico, ambas volteamos a verla y se ve demasiado borracha. Ella nos dice que vayamos por ella para irse, antes de llegar a Majo veo pasar al hermano menor de Sam, Jeremy. Yo detengo el brazo de Alice y ella me mira sorprendida. – ¿Qué pasa? – Es Jeremy el hermano de Sam y si está por aquí– miro a todos lados. Siempre intento no toparme con Sam, nunca olvidaré cómo cortamos o como yo le corte. Cada vez que coincidimos, en verdad son muy pocas veces, todo se vuelve extraño. Luego de que él se va yo termino tan deprimida y tan sola. Por eso evito verlo, porque siempre acabo aún más rota de lo que estoy. Se que han pasado unos cuantos años pero igual lo sigo amando, y eso que intente salir con otros chicos pero eso fue peor. Se que el intento tener citas y le fue bien ya que tuvo una enamorada, ahora ya no están juntos pero él podría volver a tener otra novia y yo no puedo evitar que la sangre me hierva. Yo decidí terminar con él, porque preferí la unión de mi familia, aunque mamá siempre me dijo que me pusiera en prioridad, pero no quería seguir sintiéndome culpable. Se supone que un amor no te debe hacer sentir culpable, debe ser todo lo contrario. Aun recuerdo lo último que me dijo Sam, es como un eco en mi cerebro. – No creo que esté por aquí, pero ¿quieres irte?– salgo de mi trance y me fijo en lo que dijo Alice. – Si, por favor. – Está bien, vayamos por Majo. Alice va por Majo y yo me quedo plantada en el piso. Siempre tendré el cargo de culpa por haber terminado con Sam, si tan solo hubiera hecho las cosas diferentes, pero ya no hay vuelta atrás. Lo tendré que seguir amando en silencio, solo espero conocer a una persona que me haga olvidarme de él.
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