Capítulo 1: Un paso más.
23 de julio del 2010
Hoy es viernes y mañana será mi día libre por lo que no vendré, estoy algo cansada porque esta semana los exámenes han estado un poco difíciles por lo que solo me toca descansar.
Veo a lo lejos a Sam con un niño de unos ocho años, desde el día que nos presentamos lo he evitado a toda costa, él me pone nerviosa y no quiero ir por ese camino. Le conté a Alice todo lo que pasó y ella me dijo que era mejor evitarlo.
Cojo mi bolsa para poder irme, me despido de algunas enfermeras que me han ayudado en mi primera semana. Antes de irme decidí pasar a ver a Rose.
Toco la puerta y veo a un lado a su mamá, sus ojos se ven realmente cansados. Ella mayormente viene muy tarde y se va muy temprano porque solo la he visto dos veces a la semana.
– Buenas noches vine a despedirme– le digo, Rose me ve desde su cama, esta semana ha estado en su cama todo el día y no ha querido salir, se siente muy cansada.
– Claro pasa Chelsea– dice su madre.
Me acerco a la cama de Rose y ella me sonríe débilmente. Logre escuchar a su doctora que la enfermedad de Rose está avanzando rápidamente.
– Vendré en dos días, ¿quieres que te traiga algo? – le pregunto, ella toma mi mano y siento sus palmas muy frías.
– Una mariposa…– lo dice en un susurro, comienza a toser con fuerza. Su mamá se acerca a ella y le pasa un pañuelo, logro ver un poco de sangre en él. Ella calma un poco su respiración.
– Te traeré una mariposa– le digo, intento que las lágrimas no salgan de mis ojos. Su mamá se voltea, pero logró ver sus hombros sacudirse.
Me acerco a su mama y la abrazo por la espalda, ella llora en silencio. Intento de alguna forma confrontarla, pero no sé cómo hacerlo. Sé que le duele mucho, no sé lo que es perder un hijo, pero es un más difícil verlo sufrir antes de irse.
– Mami…– volteamos a ver a Rose, su mamá limpia sus lágrimas rápidamente.
– Mami está bien cariño– rose pasa su mano por el rostro de su madre.
Tocan la puerta y abren la puerta rápidamente, lo primero que veo son muchos globos, veo el rostro de Rose iluminarse. Los globos suben y veo el rostro de Sam, él sonríe a Rose, pero cuando me ve su sonrisa raramente se intensifica.
– Vine a traerle unos globos a una bella señorita– dice él, se acerca a su cama y pone los globos amarrados a la cabecera de la cama.
– Sam…– dice en un susurro rose, tose nuevamente.
– Tranquila bella no te agites.
– Estoy cansada– es lo último que dice hasta caer dormida.
– Las quimioterapias de hoy estuvieron fuertes– dice su mamá.
– Claro Clarice lo entendemos, la dejaremos descansar– dice Sam, se acerca y toma su mano, ella hace una sonrisa débil.
– Vendremos otro día, aun le debo su mariposa– le digo, ella me mira y asiente con una sonrisa.
– Gracias por querer tanto a mi Rose– cojo mi bolso y salimos de la habitación.
Una vez que me encuentro afuera de la habitación de Rose con Sam, ninguno de los dos dice nada.
– ¿Tú crees que mejore? – me escuchó preguntar, volteo a verlo. Lo veo mirándome de igual forma.
– Espero que sí, esa niña es un ángel no merece morir– asiento de acuerdo en lo que dice.
– ¿Qué le prometiste? – me acomodé la chaqueta ya que hace un poco de frío.
– Ella quería una mariposa, así que hare una– le digo, miro hacia su rostro y lo veo mirando el área de mi pecho, la blusa que le robe a Caitlin me queda un poco chica ya que ella no tiene tanto al frente.
Carraspeo y me cierro el escote de la blusa con mi chaqueta, por primera vez logro ver un leve rubor en su rostro. Él se rasca la parte trasera de su cabeza y muestra una sonrisa de niño culpable.
– Lo siento– dice en un susurro.
– Creo que lo mejor es que me vaya– le digo.
– Espera– antes de darme la vuelta logró verlo, sus ojos se encuentran un poco dilatados– ¿Me dirás tu nombre ahora?
– Pensé que lo sabías, algunos me llaman por mi nombre aquí.
– Lo único que he escuchado es tu apellido y sé que es Shepard, pero no tu nombre.
– ¿Por qué tanto interés en mi nombre?– preguntó cruzándome de brazos, él ve mi pecho nuevamente y bajo mis brazos.
– Bueno, tendría que saber el nombre de mi futura novia– dice él con una sonrisa, yo solo me quedo sin decir nada hasta que estalló en una carcajada.
– Si claro, como si tuvieras mucha suerte– logró decir de tanto reírme.
– Porque te ríes es en serio– él está muy serio.
– Creo que estar muchas horas aquí te afecta un poco, te recomiendo tomar el sol– me doy la vuelta para irme del hospital y escucho su risa.
– ¡Me dirás tu nombre! – lo escucho gritar, cierro la puerta, pero no me muevo del piso. Me volteo y abro la puerta, asomó la cabeza. Él todavía se encuentra en el mismo lugar.
– ¡Chealse! – gritó, él sonríe y yo salgo del hospital con una estúpida sonrisa en mi rostro.
Termino de arreglarme para poder ir a la universidad, siempre me levanto muy temprano para estar lista. Mi cabello está ondulado perfectamente y mi maquillaje es muy discreto, pero igual de impecable. mi traje de color morado y blanco está muy liso, me pongo una chaqueta liviana ya que no hace mucho frio.
Tomo mis cosas y bajó para encontrarme con papá tomando desayuno, me acerco y beso su mejilla. Él se sorprende, pero sonríe al verme. Me siento a su lado y tomo una tostada la cual como con mermelada.
– Como esta mi pollita– dice papá dejando a un lado su periódico, por alguna extraña razón papá se rehúsa a leer las noticias virtualmente.
– Bien papá, hoy comenzaré mis prácticas en un nuevo hospital. Daré nutrición pediátrica– le digo emocionada, desde hace tiempo no hago prácticas, no desde la última vez que estuve con Sam.
– Me alegro pollita, sabes que si necesitas algo me llamas– dice papá con una sonrisa. Le doy una sonrisa de igual forma y veo que Aaron baja las escaleras rápidamente, tiene unos libros en sus manos.
– ¡Tenemos que irnos ya Chealse! – dice muy rápido, se acerca a papá y le da un beso en la mejilla.
– Porque tan rápido pollito mayor.
– Tengo un examen muy importante. Estudié mucho y quiero ser el primero en llegar, el profesor es un grano en el trasero– dice todo comiendo una tostada.
– Pero yo estoy comiendo– le digo, me levanta del brazo para apurarme.
– Sería más fácil si manejas Chealse– dice el con reproche.
– Tu hermano tiene razón Chealse, cuando volverás a intentarlo– dice papá.
– No puedo, cada vez que me pongo en el timón me tiemblan las manos y las piernas. el que me dio el examen dijo que soy un peligro al volante así que no manejare nunca.
La última vez que lo intenté casi me desmayo y chocó con un poste de luz, el que dio el examen salió a rastras del carro y prácticamente rompió mi hoja en mi rostro.
– ¡Bueno como sea debemos irnos ya! – cojo mi mochila y me acuerdo de Caitlin, a ella también la llevamos a la escuela.
Este es su último año así que no tendrá que sufrir como yo corriendo de un lado al otro por culpa de Aaron. No es que mi hermana no sepa conducir, solo que ella es un peligro al volante, no le importa la velocidad y menos si atropella a alguien.
– ¡Espera! y Caitlin– le digo Aarón, él resopla.
– ¡Caitlin! si no bajas te dejamos.
– ¡Ya voy! – escuchamos a lo lejos, pasan cinco minutos en el que aprovechó en meter algo de fruta en mi mochila.
– Suficiente, si no te subes al carro Chealse te dejo– dice Aaron, no voy a irme en autobús por culpa de Caitlin. Mi hermano querido (noten el sarcasmo) se sube rápido y yo me subo antes de que arranque.
El camino a la universidad todo es en silencio, aun me pongo un poco tensa cuando es todo en silencio. Para mí no hay eso del silencio cómodo, para mí todos los silencios son incómodos.
– Iré el sábado al cine con Alice, ¿quieres ir? – le pregunto, él me mira brevemente y regresa su vista al camino.
– Me encantaría, pero tengo que estudiar para el examen de anatomía. No puedo reprobar, no cuando me falta muy poco para graduarme.
– Claro lo entiendo, le mandaré tus saludos entonces– le digo con una sonrisa.
– Si eso incluye un beso déjame a mí– dice él de broma.
Desde que tengo memoria mi hermano babea por Alice y sé que ella también solo que es más reservada a los asuntos del corazón, pero la he visto darle grandes vistazos a mi hermano. Sé que mi hermano es guapo, bueno en si todo lo somos, mis papás tienen una buena genética, pero mi hermano resalta mucho más que Caitlin y yo.
Lo único que no entiendo es que después de tantos años de estar uno tras el otro porque no se oficializan. Solo les gusta estar de tontos y bromear del asunto, pero nada más.
Llegamos a mi universidad y el me deja en la puerta, Aaron y yo no estudiamos juntos ya que yo decidí cambiarme de universidad para no ver a Sam, fue el mejor acuerdo que hice con mis padres, ellos lo entendieron. Él y mi hermano se conocieron por amigos en común, y yo no conocía a todos sus amigos; ya que la loca teoría de mi hermano es que me fijara en uno de ellos.
Así que cuando conocí a Sam no lo asocié a que él y mi hermano se conocían, así que ahora cada vez que conozco un chico lo primero que pregunto es que si conocen a Aaron Shepard, y si mi contestan afirmativamente huyó.
Me quedo en la cafetería comiendo la fruta que me traje, sigo comiendo muy tranquila con mis auriculares escuchando un poco de música antes de que comiencen mis clases. Siento el cuerpo de alguien atrás mío, volteo rápidamente y la persona me asusta. Me quito mis auriculares y la persona se ríe escandalosamente, se sienta a mi lado.
– No pensé que te asustarías– dice muerta de la risa.
– Claro que lo haría, no se le asusta así a nadie. ¿Quieres que muera de un infarto? – me agarró del pecho.
– Que bueno que si te mueres lo harías aquí, ya que hay muchos chicos de medicina que le encantaría animarte o abrirte– lo dice tan tranquila.
– ¡No puedo creer que hayas dicho eso aurora!– lo digo indignada, ella se vuelve a reír escandalosamente hasta veo lágrimas en sus ojos por la risa.
Aurora Martínez, es una de mis amigas que hice en la universidad, bueno creo que es la única. Ella es una orgullosa latina, creo que lo que más le gusta de nuestra amistad es que yo hablo perfectamente el español. Y bueno, casi da el grito al cielo al enterarse que mi padre es un orgulloso mexicano al igual que ella.
Aurora es hermosa y no me refiero al interior si no que al exterior tiene una piel bronceada de envidia acompañada de unos ojos almendrados con toques verdes. Su cabello de un color castaño es realmente abundante y muy ondulado. Es la típica chica que ves en la calle y te la quedas mirando por su belleza exótica.
– ¿Qué harás el sábado? – dice mordiendo la mitad de mi manzana.
– Saldré con Alice al cine, ¿quieres venir? – le pregunto y veo cómo su rostro cambia a uno desagradable.
– No gracias, tu amiga la rubia y yo no cabemos en un mismo lugar– ruedo los ojos, no es la primera vez que las invito a un mismo lugar para que hagan el intento de llevarse bien, pero por alguna razón ellas decidieron odiarse desde el primer momento.
– Espero que algún día al menos puedan estar en un mismo lugar– le digo ya resignada.
– Como sea, hoy podemos salir. ¿Estás libre? – termina de comerse toda mi manzana.
– No puedo, hoy comienzo las prácticas en el nuevo hospital.
– Cierto me hablaste del nuevo hospital, ya quedaremos otro día. Vamos a la clase.
[...]
Al salir de la Universidad tomó el autobús que me llevara mi destino, el nuevo hospital. Se siente raro nuevamente volver a dar voluntario.
Mamá me consiguió este nuevo trabajo y realmente se lo agradezco; necesito las prácticas para poder graduarme, dentro de un año lo haré y podre mudarme.
Amo a mi familia, pero siempre he querido independizarme. Ahora quiero cuidar de mí, siempre he sentido que he cuidado de otra persona y nunca de mí.
Sé que Caitlin quiere ir a la universidad de Boston y por lo que se Aaron se quedará en la casa hasta que sea viejo. Yo quiero abrir mis alas y volar, para eso necesito dinero y un trabajo.
Sé que aquí no pagan mucho, pero por algo se empieza, muy aparte trabajaré en el área infantil, junto con una doctora muy experimentada, así agarrare experiencia. Yo amo a los niños y me gusta trabajar en ayudarlos, sé que no es algo grande, pero de igual forma estoy emocionada.
Llegó al hospital y el olor del desinfectante inunda mi olfato y me encanta. Busco el consultorio de la doctora Eun-yeong, al llegar veo la puerta abierta y la silueta de una mujer de espaldas en bata, toco la puerta y la persona voltea.
Antes de venir investigue todo sobre la doctora Eun-yeong, es una de las mejores doctoras de la rama de nutrición y no solo aquí en Estados Unidos sino también en Corea. Es soltera, graduada en en medicina de Harvard con el primer puesto en su facultad, tienen maestría en nutrición y también en gastroenterología pediátrica. No sale nada de su familia más que su hermano menor, quien para mi sorpresa es un idol muy popular en la música Kpop.
Es muy bonita para no ser alguien famoso, si la vieras parecería un modelo coreana. Ojos grandes y un poco rasgados, nariz pequeña, labios carnosos y rosados, tiene la piel más perfecta que haya visto, parece la de una muñeca de porcelana. Su cabello oscuro lo lleva recogido en un moño algo suelto y un flequillo le cubre la frente. Es delgada pero no tanto; hace ejercicio, bueno eso lo se porque la sigo en r************* en donde da charlas de la buena alimentación y el ejercicio balanceado, ella es mi modelo a seguir.
– No estoy en consulta– dice seriamente, se voltea por lo que hablo rápidamente.
–Buenas, soy Chealse Shepard su auxiliar de prácticas– me presento, ella voltea y me observa de arriba a abajo, me hace sentir un poco incómoda por lo que me remuevo en mi sitio. No entro ya que ella no me ha dado el pase.
– Claro, pasa te estuve esperando– pasó y ella se sienta en su escritorio.
Ella comienza a revisar unas hojas y me indica que me siente, lo hago y pongo mi bolso encima de mi regazo. revisó su escritorio y todo está en su lugar, no hay ninguna fotografía sobre su familia y ella en conferencia nunca dice nada acerca de ellos.
Alza la vista y me mira, me avergüenzo por la forma en la que la estuve analizando, casi siempre lo hago y sé que es algo descortés. Muchas personas siempre me lo dicen, pero a veces lo hago sin pensarlo.
– ¿Todavía estás estudiando en la universidad? ¿Cuánto te falta? – me pregunta, coloca la carpeta que estaba examinando a un lado.
– Estoy en penúltimo ciclo, me falta uno y acabaré– le digo, colocó un mechón de mi cabello a un lado.
– Tus compañeros ya hubieran acabado ¿por que te retrasaste?– pregunta seriamente, me mira directamente.
No quiero decir que lo hice para no poder cruzarme con mi ex novio y por eso me retrase. Se supone que me pondría con el resto de mis compañeros, pero cuando estaba lista para hacerlo ya no había cupos.
Por primera vez en mi vida, tuve que pedirle a mamá que utilizara sus influencias para que entrara al hospital. Mayormente nunca me gusta utilizar el apellido de mi mama ya que ella en la medicina es muy influyente y estoy segura que si supieran que soy su hija, me tratarían de forma diferente.
– Tenía algunos asuntos personales y no pude registrarme antes– prácticamente murmuro, me siento algo tensa ahora.
– Está bien, te daré algunos casos. De igual forma necesito tu horario para poder programar las visitas– ella me entrega unos historiales– Necesito que te los aprendas de memoria.
– Sí, claro– asiento y comienzo a revisarlo.
– Sé que entraste aquí por un favor. Pero yo no permito errores, uno y estás fuera– alzó la vista y la veo aún más seria de lo que es.
– Yo no cometo errores, pero le demostraré que soy muy profesional– lo digo muy segura.
– Para mí son muy importantes mis pacientes, así que ellos serán tu prioridad– ella se levanta y abre su gabinete, saca un uniforme y me lo entrega– Póntelo, visitaremos al más importante.
Ella se da la vuelta y eso me indica la salida, salgo rápidamente y voy al baño más cercano a colocarme el uniforme de color rosado, veo que hay un carnet con mis datos y mi foto. Sonrió porque al fin estoy dentro, sé que mi jefa no será un pastelito, pero ya aprenderé a ganármela.
Me hago una cola alta y coloco mi ropa dentro de mi bolsa, antes de regresar revisó los casos que me ha dado. Algo que agradezco es que soy muy buena aprendiéndome las cosas, no sé si es memoria fotográfica, pero me encanta, solo una persona sabe que tengo este don y no pienso decirles a más personas.
El primero es de una niña de trece años, que tiene diabetes tipo dos, viene cada semana para revisión. Reviso la siguiente y es una niña de ocho años con insuficiencia renal, recibe diálisis y se encuentra internada. Y por último es un niño de cinco años con cáncer de pulmón, recibe alimentos, pero todo supervisado por la doctora.
Aprendo lo que puedo en el camino, tengo la vista fija en el historial cuando tropezó con una persona. Siento mi culo adolorido por el impacto, y veo el historial prácticamente volar de mis manos.
– Mierda– murmuró en español.
– ¿Chealse? – alzo mi vista al reconocer esa voz, creo que jadeo una vez más al ver esos ojos azules de los que estuve enamorada por mucho tiempo.
– Sam…