El mejor secuestro

954 Palabras

Reí a carcajadas y, cuando me recuperé, me coloqué de pie y fui al baño. Humedecí una toalla para limpiar a mi mujer y me acosté a su lado, la abracé y me dormí. Despertamos muchas horas después y ambos teníamos hambre, así que fui por la comida para traerla a la cama, porque mi esposa no podía caminar y eso me hacía sentir muy orgulloso. Le di la comida a mi mujer en la boca mientras ella sonreía y bromeaba conmigo, diciendo que así quería que la tratara toda la vida, y obvio que no pude negarme porque yo viviría para consentir a mi mujer. Esta faceta de mi esposo me encantaba, y es que es la primera vez que lo veo como es, sin ninguna barrera que nos separe. El miedo de que las cosas entre nosotros salieran mal también desapareció. Este es un nuevo Ivanov, uno que disfrutaré al máximo.

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