Estaba feliz por la sorpresa que me habían preparado, y es que estas hormonas me han traído loca y siento que ya nadie me quiere, pero hoy comprobé que son ideas tontas que pasan por mi cabeza. Ivanov me guio hasta el centro y comencé a recibir abrazos de todos los presentes, al igual que obsequios, pero aún no había notado de qué se trataba esto, y mi mente asumió que era el baby shower, hasta que noté un signo de interrogación en medio de dos bebés con ropita azul y rosa, y entonces sonreí hacia mi marido. Lo miré con cara de sospecha. —¿Ya lo sabes? —Por supuesto que no, princesa. —El único que lo sabe es Pavel. —Ahh… La mención de su nombre me hizo sentir mal, porque yo la había cagado en grande con él y, sin embargo, seguía aquí, al pie del cañón. Borra esos pensamientos. No e

