Unidos

1092 Palabras

Después de arreglar las cosas con Pavel, subí a la habitación y encontré a mi esposo dormido boca abajo, solo en bóxer y con la tele prendida. Sonreí, porque hay cosas que nunca cambian. Me quité la ropa y me subí sobre su cuerpo para comenzar a besar su cuello. —Mmm… —se quejó Maxim. Pero yo seguí. Comencé a pasar mis uñas por su espalda y eso lo estremeció. —Princesa, tengo sueño, pero me estás tentando. Si me despierto, te daré duro todo lo que resta del día. —Mmm… eso suena fabuloso. Pero soy yo quien quiere devorarte a ti. Dejé besos húmedos por su espalda y él se tensó mientras sus manos se aferraban a la almohada. —Aleksandra, te castigaré. Juro por Dios que gritarás mi nombre hasta que no puedas más. —Jajaja… no soportas la presión, cariño. —Voltéate —ordené. Él obedeció y

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