Eran las dos de la madrugada y aún los chicos no terminaban. Solo nos faltaba una gandola. Ya había enviado a uno de nuestros equipos a deshacerse de las otras dos y habían vuelto para seguir con el trabajo. —Ivanov, necesitaremos construir otro subterráneo porque este se quedó pequeño. —Tienes razón. Mañana mismo nos pondremos en eso. Creo que lo mejor es dividir lo que está en este camión, así que carguen cuatro camionetas y las llevan al galpón mañana de día. Eso no levantará sospechas y lo demás, divídanlo por la propiedad; así no habrá ningún lugar en el que nos puedan tomar desprevenidos. Cuando escuché la orden que dio Maxim, aplaudí, porque al parecer el idiota había aprendido algo el día de hoy. —Bravo. La observé con cara de asesino y le pregunté: —¿Te puedes comportar por

