Un sonido rompió el silencio. El vaso que tenía en la mano cayó al suelo en el mismo instante en que escuché aquella presentación. El cristal se estrelló contra el mármol y el líquido se extendió lentamente, pero yo apenas lo noté. Estaba en shock. Mi mente se había quedado completamente en blanco, incapaz de procesar lo que acababa de escuchar. Las palabras seguían repitiéndose dentro de mi cabeza como un eco que no se detenía: Maxim Ivanov y su esposa, Aleksandra Ivanov. No podía creerlo. Simplemente no podía. Durante un segundo pensé que había escuchado mal, que mi mente me estaba jugando una broma cruel, pero entonces levanté la mirada… y la vi. La mujer que más amaba en toda mi jodida vida estaba de pie frente a mí, tomada del brazo de Maxim Ivanov. El aire abandonó mis pulmones de

