Vi cómo el cuerpo de Maxim entró en tensión. Me observó con esa mirada despectiva que siempre me ofrecía, esa donde mostraba todo el odio que sentía hacia mí, y eso me hizo sentir bien. Poco a poco me fui acercando y notando cómo él tomaba una posición de defensa, lo cual era lógico porque mi intención era atacar, hasta que una de las chicas del servicio salió de la cocina y se dirigió a él como si yo no existiera. Es que la muy descarada ni siquiera fue capaz de saludar o de observarme. Le dijo a él que su cena estaba servida y se dio la vuelta, lo que encendió mi furia, así que di un paso hacia ella. —¿A ti no te han enseñado modales? ¿No sabes que debes saludar a todos los presentes, más si dichas personas son tus jefas? Yo soy la dueña y señora de esta casa y espero que no se me vuelv

