Travis El problema de la oficina fue resuelto más rápido de lo que creí, así que tenía cerca de una hora antes de llegar a la dichosa fiesta de compromiso. Mientras conducía por las concurridas calles de Beverly Hills, algo llamó mi atención, me detuve frente a una de las mejores joyerías de la ciudad. —Buen día señor ¿en qué le puedo ayudar? —Preguntó la asistente. —Necesito un anillo de compromiso —ella asintió y me condujo hacia el mostrador en el cual había diversos modelos de anillos. —¿Tiene alguna idea? Porque tenemos distintos modelos, o también puede ser personalizado. —¿Personalizado? —Usted puede decirnos como es la personalidad de su novia y podemos hacer un anillo que se parezca a ella —explicó. —Es para un amigo que me encargó comprar uno, jamás me casaría —mentí —solo

