Era extraño y tan dulce levantarse de nuevo con los brazos y piernas de Jean entrelazados con los suyos, él estaba seguro de que no se merecía nada de aquello pero no pensaba quejarse, era tan bueno tenerlo así de nuevo. Gianni miraba los ojos cerrados de su amigo con anhelo, era dulce y su corazón se aceleraba viéndolo al mismo tiempo que la erección mañanera no lo dejaba pensar en otra cosa que devorar los labios de Jean en un beso salvaje para luego tenerlo debajo de su cuerpo gimiendo de placer. Desde que él se había alejado refugiado en sus propias excusas para alejar a la persona que más le importaba no había sentido nada, era como si su cuerpo se hubiera congelado en la tristeza y ahora que se despertaba rugía con hambre y la única forma de saciarlo era con Jean. Claro que él sabía

