Algo estaba mal, muy mal y Jean lo sabía. Esa mañana era otra prueba de esa afirmación y lo sabía porque desde la puerta de su habitación veía a Gianni correr a la cocina nervioso, siempre mirando a su puerta, hacia él, listo para esconderse en cualquier momento. Había transcurrido casi una semana desde aquel jueves en el que Gianni había salido del departamento y había regresado temeroso y convertido en una persona que él no lograba reconocer. En el primer momento había corrido persiguiéndolo cuando había llegado a la casa con el rostro pálido y temblando, había pensado que estaba herido o algo parecido pero cuando su amigo se había encerrado en su habitación antes de que él pudiera alcanzarlo y lo había dejado fuera toda la noche sin decirle una sola palabra, supo que había ocurrido algo

