Esa mañana se levantaron entre sonrisas, se ducharon y luego de un muy buen desayuno preparado por Jean se dirigieron al bosque, se habían vestido con ropa para hacer senderismo porque era como una extraña tradición que se había formado entre ellos desde que eran adolescentes. En esa época lo habían visto como una forma de escapar de sus padres que todo el tiempo los estaban vigilando así que como a nadie más en su familia le apetecía ir a correr al bosque cuando estaban de vacaciones era la única forma en la que podían hablar sin ser interrumpidos. Con el paso de los años la tradición había quedado y casi siempre con el mismo objetivo, aunque sus padres ya no los perseguían tanto, no podían. Corrieron a lo largo del sendero, ambos se sabían el camino de memoria, hasta que la inclinada su

