David Días eternos, semanas eternas. No puedo dejar de pensarla. Paso los días en casa de Carlos, jugando Xbox o cualquier cosa que nos pueda distraer, a veces estudiamos y es que el comienzo del semestre es aburrido. No quiero estar en casa, con esto del cambio, todo es una locura, Mel y Anabel andan como unos demonios, organizando los muebles y destinando cada esquina a alguna de sus estupideces; cerré mi habitación con llave, Mel sabe que debe respetar mi intimidad, pero prefiero asegurarme y estar lejos. Tom y Jeremy son una vergüenza de la r**a humana masculina, me enfurece verlos ir tras sus novias como perritos falderos, me estremezco ante la idea, juro de rodillas en el piso que nunca me doblegaré así por una mujer. Aunque si lo pienso, Tom tiene sus motivos, cuando Emilie term

