David No tuve tanta suerte. Mi celular sonó a la mañana siguiente, pero sólo para avisarme que era hora de despertar. Y a pesar de haber quedado como estropajo la tarde anterior en las máquinas de ejercicio, salí a correr esa mañana; mientras más cansado y adolorido se sintiera mi cuerpo, más adormecidos estaban mis pensamientos. Tengo hambre, pero no soy capaz de mover un dedo por algo de comida. Me tiene mal acostumbrado, saciándome con esos almuerzos orgásmicos que suele preparar. Algo huele delicioso en cuanto cruzo la puerta al llegar de clases y mi corazón salta descontrolado, corriendo hasta la cocina, pero sólo es Tom preparando una especie de tortilla, tiene el desastre más grande y ya imagino los gritos de Emilie cuando se dé cuenta. —¿Va a sobrar algo ahí? —Sip —concentrado

