Amelie
.
.
El silencio en el auto se hace pesado, así que no quitó la mirada de la ventana mientras veo la ciudad pasar.
Realmente nunca tuve una relación estrecha con él, es muy hermético y poco cruzamos la palabra.
Se que es un caballero porque lo he visto, protector y que ama a su familia, pero su carácter es cerrado a diferencia de Leonel que es un corazón andante, cariñoso, expresivo y muy sonriente todo el tiempo.
Realmente creo que mi gusto por él inició con la admiración que me generó el que haya salvado la vida de mi mamá mientras estaba aún embarazada de Evan y Elián.
Es guapo, muy guapo.
Miro con el rabillo del ojo su perfil, su perfecta y afilada nariz, sus labios rosados y gruesos que pareciera que tienen vida propia, sus pestañas largas y rizadas que enmarcan sus ojos verdes tan parecidos a los de mamá.
Ha cambiado físicamente, se ve más grueso, con el cuerpo más trabajado su brazo sobre el volante me deja ver qué el traje está casi a medida apretando un poco sus músculos.
«Amelie ¿Que te pasa? Deja de verlo asi»
Regreso la mirada a la calle.
— ¿Quieres cenar algo Amelie? — dice interrumpiendo mi ensimismamiento.
— Yo...— no alcanzo a responder cuando suena su móvil.
— Perdona... — se dirige a mí y contesta su llamada— Hola... tuve que irme cuando empezó la trifulca pero estoy bien... voy a acompañar a mi sobrina a su apartamento, te busco mañana...
Justo esas palabras hacen que mi estómago duela.
No ocupa más para que mi humor cambie.
«No soy su sobrina»
Y no es que me avergüence de mi mamá, la amo muchísimo, pero ella no es mi mamá de sangre por tanto no soy su sobrina.
«¿Entonces por qué le dices abuelo Andrew al padre de ellos?» dice una voz en mi interior.
Y eso me pone más incómoda.
Realmente no se ni porque, se que Leonardo y yo no tenemos ni un punto en común, pero jamás ni siendo niña le dije tío, nunca lo ví así y no comprendo porqué pero me cabrea un poco pensar que el si me ve como sobrina.
Algo aún más irritante ataca mis entrañas...
¿Con quién estaba?
¿Tendrá novia?
Nunca le conocí a nadie y me genera cierta incomodidad pensar que dejó a su acompañante por «su sobrina»
Cruzo los brazos bajo mis pechos y giro aún más la cara hacia la ventana perdiendo el contacto visual con él.
— Disculpa — dice él pero no vuelvo la mirada — Te preguntaba ¿Si deseas cenar algo antes de llegar a tu apartamento?
Suspiro y trato de relajar el rostro, no hay algo por lo que tenga que molestarme y no soy el tipo de chica inmadura que hace berrinche.
— Te agradezco mucho pero no tengo apetito, me gustaría llegar lo antes posible a mi apartamento para relajarme y ocuparme de algunos deberes. — digo con diplomacia mirandolo de perfil.
Él acomoda el retrovisor supongo para verme sin tener que voltear y quitar la vista del camino.
— Disculpa si te saqué tan abruptamente de ese lugar, me preocupó mucho verte ahí en medio de esa gente que enloqueció de un momento a otro y pensar que pudiste salir lastimada — me dice y veo su expresión menos rígida, piensa un poco y carraspea un poco y dice —... Me dolería mucho ver a Bella sufrir porque te sucedió algo y más si yo pude evitarlo.
¡Claro!
— No te preocupes, entiendo. — digo y él regresa la vista al camino. — te agradezco que te hayas preocupado por mí.
— Prácticamente somos familia y la familia se protege — dice sin mirarme de nuevo — una chica como tú no debería frecuentar esos sitios.
Antes de que conteste, suena mi móvil.
Miro el contacto de llamada y es Jam.
— Hola.... — digo tomando la llamada.
— Bebé ¿Ya estás en el apartamento? — pregunta mi morena favorita.
— Estoy a unos minutos de llegar — le digo aún con la mirada en la ciudad.
— Ok... Bebé voy a quedarme está noche con Edrian. Quise avisarte para que estés tranquila. — dice y me sonrió pensando que soy la única persona a la que ella le da cuentas de sus pasos.
— Esta bien cariño, no te preocupes, nos vemos mañana. Pasenla bien. — digo con gusto y nos despedimos.
— ¿Era tu rommie? — escucho de mi compañero de viaje.
— ¿Mmm? Ah sí, era ella. Seguirá su celebración — lo miro por el retrovisor a los ojos y el tiempo él también me mira.
Siento una descarga eléctrica en el vientre que me hace bajar la mirada.
¡Caray!
Ni siquiera a Carol le baje la mirada y a él no se la puedo sostener diez segundos.
Visualizo la fachada del edificio y doy gracias a todos los santos, estoy de los nervios.
Necesito bajarme de este auto.
— Es en ese edificio gris — le digo señalando hacia el lugar.
Leonardo asiente y unos segundos más tarde detiene el auto frente al edificio.
Con manos rápidas desabrocho el cinturón de seguridad ante la mirada constante de Leonardo.
Giro para mirarlo a la cara.
— Te agradezco mucho que me hayas traído y lamento haber cambiado tus planes de esta noche... — me mira sin gesto alguno, aguanto un suspiro — bueno, fue un placer verte.
Abro la puerta sin esperar respuesta y pongo un pie en el piso.
— Nunca bajes de un auto antes de que te abran la puerta Amelie — dice Leonardo y ruedo los ojos sin voltear a mirarlo, pero me quedo quieta por alguna razón.
Regreso la pierna al auto y cierro la puerta.
— El único que me abría la puerta del auto era mi papá, eso ya no se usa... — digo mirando al frente
— La caballerosidad nunca ha pasado de moda — dice y baja del auto para rodearlo mientras lo miro.
Abre la puerta y me extiende la mano.
Tomo su mano y bajo del auto, trato de quitar su saco de mi y me detiene.
Niega con la cabeza.
— Quedatelo, aún hace frío. — dice y su mirada es distinta, su instinto protector fue activado para su «sobrina»
— Gracias, puedes irte tranquilo. Buenas noches. — le digo más rápido de lo que deseaba porque la forma en la que me mira me puso realmente nerviosa.
— Esperaré hasta ver qué entres Amelie — dice de manera seca y tranquila, sin dejarme ver ninguna expresión.
Asiento y camino hacia mi edificio.
Aprieto mis dedos sintiendo un nerviosismo desconocido.
Estoy a veinte pasos de la puerta y giro a mirarlo para decirle que puede irse cuando una camioneta se mal estaciona a unos metros.
¡Ay no por favor!
— ¡Amelie! ¡Necesito que hablemos nena! — dice Jason caminando hacia mí.
Regreso la mirada a Leonardo que mira de Jason hacia mí ida y vuelta como calculando si es momento de intervenir o de retirarse.
— ¡Nena! Por favor perdóname fui un cretino— otra vez lo mismo de cada que nos vemos, insulto y luego perdón.
Pero en esta ocasión, no me interesa poner a Jason de nuevo en su lugar, mirar que Leonardo mueve sus pies hacia nosotros al ver que Jason está a unos metros de distancia hace que mi estómago de un vuelco en mi interior y que todo se ponga de cabeza en mi mente y realmente Jason se vuelve lo menos importante de la ecuación.
Mi mirada va de Leonardo a Jason y de vuelta.
— Amelie nena... ¿Quién mierdas eres tú? — dice cuando Leonardo se pone cuál muro humano entre el y Yo.
Y es que este portento de hombre le saca por lo menos unos quince centímetros de altura.
Leonardo permanece impasible frente a él mientras yo admiro su ancha espalda.
— Vete por dónde viniste ahora mismo... — dice con seguridad y autoridad.
— ¿Tú quién demonios te sientes anciano? ¡Apártate! — dice Jason tratando de rodearlo pero Leonardo lo toma por la camisa, haciéndolo que casi se ponga de puntas.
— Este anciano puede partirle la nariz en tres pedazos si lo desea y después refundirte en la cárcel por hostigamiento ¿Quieres hablar con él así de ebrio Amelie? — pregunta.
¿Ehhh?
— Mmm no, supongo que no — contesto sin saber que está pasando realmente.
— ¿Lo ves? Ahora lárgate. — le dice soltandolo.
— ¡¡No iré a ningún lado hasta que hable con ella!! — asegura Jason arrastrando la lengua.
— Amelie, súbete al carro. — dice sin quitarle la mirada a Jason.
«¿¿Que dijo??»
— Amelie... — gira el rostro y me ve de reojo — sube al carro por favor.
No sé que está pasando pero justo cuando voy a protestar Jason lanza un golpe que Leonardo esquiva y la misma fuerza que emplea manda a Jason al piso ante la mirada de Leonardo y mía.
Este aprovecha y me toma del brazo dirigiendo mis pasos a su carro.
— ¿A dónde vamos? — pregunto mientras escucho de fondo las maldiciones de Jason.
— A mi apartamento ¡No pienso dejarte aquí, con este imbécil merodeando!
¿A dónde dijo que vamos a ir?
Me abre la puerta y me deja en el asiento del copiloto mientras da un leve portazo y rodea rápidamente el carro.
Se sube y en menos de tres segundos estamos en camino a su apartamento.
¡Santa madre!
¿En que momento está noche se volvió una locura?