¡Salgamos de aquí!
Amelie
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— ¡Amelie! — grita Jamilet con ese tono chillón que la caracteriza, pero por todos los santos que así la amo — ¡Mierda! ¿Has visto la hora? Apúrate niña que llegamos tarde y será toda tu culpa.
Sonrió ante su acusatoria y sigo delineando mis párpados y aplicó máscara en las pestañas.
Pongo un prendedor en mi cabello y lo acomodo.
Miro mi vestido de color celeste a medio muslo, sin mangas y abotonado desde el pecho hasta la falda, me encanta que resalta mi cintura por la pretina, lo acompaño con unas sandalias bajas de tiras.
Miro mi maquillaje natural como siempre, solo un poco de brillo en los labios, poco rubor para las mejillas y los ojos siempre resaltando con el pequeño ahumado de mis párpados.
Salgo de la habitación y al mirarme mi hermosa Jam sonríe grandemente al igual que yo al mirarla, es tan hermosa por dentro como por fuera, su piel canela es como porcelana adornada por sus ojos marron y sus labios carnosos, un cuerpo de infarto y su cabello rizado que amo inmensamente.
«Somos el café con leche perfecto» dice ella.
— Que desesperada eres Jam, te arrugaras muy joven... — le digo sonriente.
— ¡Menuda mujer! Tú me harás arrugarme. Tenemos afán, la clase inicia en media hora y no quiero que conduzcas como corredor de Nascar.
Sonrió ante lo exagerado de su comentario, estamos a diez minutos del campus.
Mi papá rentó este apartamento cuando iniciaron las clases hace ya tres años y fue muy meticuloso al elegir, quería una ubicación cercana al campus, que fuera seguro, amplio y funcional para mí.
Ha sido toda una experiencia, desde vivir sola, hacerme cargo de mi misma, aunque mi papá aún me provee de todo, incluso el auto me lo regaló justo antes de salir para acá.
Pero el hecho de no estar en casa fue un cambio radical para mí y me hizo conocerme mucho más y crecer.
No dude en vivir con Jam ni un segundo, es una mujer super especial, es divertida, muy inteligente, acomedida, responsable y sobretodo muy buena amiga.
— Vamos loca mujer, sube al auto antes de que te dé un paro cardíaco.— suelta una sonora carcajada y me dice con la voz baja como diciéndome un secreto.
— Por cierto te ves ardiente como el infierno niña, vas a hacer que más de diez tengan un severo caso de bolas azules cuando te vean— ahora es mi turno de soltar una carcajada.
Ella es muy singular en su forma de hablar, no tiene filtros, suelta malas palabras a diestra y siniestra, usa piropos sexuales y aunque me divierte lo que dice yo soy totalmente lo contrario.
Nunca uso malas palabras, simplemente no me salen.
¿Me las sé?
Claro que sí, pero las reservo solo para ocasiones extremadamente necesarias.
— Jam tienes la boca más sucia que he conocido en la vida. — le digo sonriendo.
— Y tú el culo más hermoso que había visto, así que estamos a mano bebé, ahora conduce...
Solo niego sin borrar la sonrisa y conduzco porque con esta bella morena no se puede.
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[ ··· ]
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Salgo del campus totalmente exhausta, está semana fue pesada.
Pero me espera un fin de semana en pijama haciendo labores y algunos trabajos pendientes de entregar.
Siempre soy puntual en ello, me he responsabilizado de mi carrera al cien por ciento.
Mi sueño es tener mi propia empresa y tener un impacto positivo en el mundo, estoy trabajando fuerte para ello.
— ¡Amelie! ¡Coño niña espera! —
«Jam»
Me giro a mirarla y la encuentro caminando a paso rápido hacia mí.
— ¿Nos vamos juntas? — le pregunto.
— Pero claro que sí. Tenemos que ir a ponernos hermosas para hoy en la noche...
¡Oh no!
— ...Edrian nos ha invitado a un bar para celebrar su cumpleaños, irán otros chicos de la facultad de negocios. — me mira fijamente.
— Está bien... — pega un brinquito de felicidad — pero regresamos temprano porque tengo que hacer cosas mañana y no quiero estar desvelada — advierto.
— Lo prometo — dice poniendo la mano en el corazón.
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[ ··· ]
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Miro alrededor de la mesa del bar y están todas las mesas llenas de chicos pasando el rato, algunos más bailando en la pequeña pista.
Sonrió porque cursando el último año miro en retrospectiva y creo que se siente como si el próximo año empezará a vivir en el mundo real y esto se siente como una alocada aventura que va a mil millas por hora.
Hay un rubio del otro lado de la pista que no ha dejado de mirarme y he esquivado su mirada porque se ve lo suficientemente ebrio como para traer problemas así que regreso la mirada a mí grupo de acompañantes.
Jam tiene a todos escuchándola y riendo de sus mil anécdotas.
Edrian la mira como solo se le puede mirar a quien amas, con estrellas en los ojos y me siento muy feliz por mi amiga de que haya encontrado a alguien tan especial.
Los otros cinco de la mesa son chicos de la facultad pero realmente son amigos de Edrian, no nos frecuentamos.
En primer año me involucre con un chico «Jason» del cual me enganche, pero no funcionó, era sumamente celoso y posesivo así que termine la relación y me volví a enfocar en lo mío.
Ahí decidí dejar de lado las relaciones, ya tendré tiempo «espero» más adelante.
Miro a la pista y justo mis ojos conectan con el rubio ebrio y es todo lo que él ocupa para levantarse y dirigirse hacia mí.
«Dios»
No juzgo pero no estoy acostumbrada a tratar con personas que beban de más, en casa nunca ví a mi papá ebrio aunque si bebía de vez en cuando y mi mamá siempre dijo que la única vez que valió la pena beber, fue cuando conoció a papá y de ahí en adelante no bebe.
Entonces ver a este chico casi frente a mí es algo que no está dentro de mis parámetros ya que los ebrios que he tratado generalmente terminan vomitando, en riñas o tratando de entablar una conversación cuando ni ellos se entienden.
— ¡Hola guapa! — dice acercándose para que lo escuché por sobre la música alta.
— Hola. — contesto amable pero sin hacer más plática.
— Me llamo Jonathan ¿Como te llamas? — dice y el olor a alcohol que destila es bastante evidente.
—Amelie — me extiende la mano y la tomo dándole un apretón firme.
— Eres una mujer decidida — enarco la ceja ante su comentario — no cualquier te estrecha la mano con tu seguridad. ¿Quieres bailar?
Analizó las opciones y pienso, un baile no hace daño.
Le aviso a Jam quién mira al rubio y me da una mirada mordaz a la cual respondo con un encogimiento de hombros.
Doy unos pasos a la pista y teniendo a mi pareja de baile frente a mí comienzo a moverme.
Él me sonríe bastante y me dice cosas al oído que poco entiendo.
De pronto siento un jalón en el brazo que me hace girar sobre mis pies para encontrarme con la cara de Jason y está ebrio para variar.
— ¡Entonces era pura mierda eso de que no sales a bares Amelie! Que querías espacio para tus estudios... — dice arrastrando las palabras.
«No, de nuevo»
No le contesto y trato de girarme para seguir bailando cuando me vuelve a tirar del brazo.
Tranquila lo miro y sostengo su mirada esperando que siga escupiendo lo que quiere decirme.
— ¡Eres una zorra como todas, pero con piel de oveja!
Cierro los ojos y tomo una respiración para de la manera más tranquila responderle.
No vale de nada tratar de razonar con alguien alcoholizado.
Justo cuando trato de abrir la boca veo un puño volar a lado de mi cabeza, impactar la mandíbula de Jason y casi se me cae la boca de la impresión.
Giro el rostro para mirar que el dueño del puño es el rubio ebrio.
En un parpadeo los golpes empiezan a volar y más chicos se agregan al festín de sangre.
Mis pies retroceden sin dejar de ver cómo eso se vuelve una campal hasta que chocó con un pecho que es como una pared que no me permite seguir avanzando.
— ¿Amelie? ¿Eres tú? — escucho detrás de mí y mi piel se eriza al sentir ese tono de voz que tenía años de no escuchar.
Me encuentro con los verdes ojos de Leonardo el hermano de mi mamá y casi no puedo creer que lo tenga frente a mí.
Se ve cambiado, tan varonil y maduro que por un momento todo se queda en pausa.
— ¡Salgamos de aquí! ¿Como demonios te metes en estos lugares? — dice frunciendo el ceño, casi juntando sus pobladas cejas.
Me toma de la mano y juro que siento electricidad correr por mi con su toque.
Con pasos rápidos me saca de la pista de baile, eludiendo a varios ebrios que se golpean tirados en el piso.
Es en ese momento que veo que el bar se ha vuelto una campal, volando botellas y puños por doquier, por un momento no soy consciente de lo que está pasando por lo abrumada que me siento.
Creo que más que la riña es la presencia de Leonardo, justo aquí.
Caminamos hasta la calle y estando en la esquina, detengo abruptamente mis pasos.
— ¡¡Tengo que regresar por mi amiga!! — digo jalando mi mano para volver al bar.
Me toma con más fuerza de la mano.
— Ni creas que volverás ahí dentro Amelie — dice con tono autoritario. — puedes salir lastimada.
— Mis amigos están ahí dentro — digo ahora siendo yo quién frunce el ceño.
Suspira y relaja la cara.
— Márcale por teléfono a alguno, estoy seguro que están bien, pero no te dejare volver ahí, te digo que puedes salir lastimada.
Voy a abrir la boca cuando suena mi teléfono, es Jam.
— ¡¿Dónde estás Amelie?! — la voz preocupada de Jam sale de mi móvil.
— Fuera del bar. — contesto tranquila devolviendo la vista a Leonardo que me mira fijamente poniéndome los nervios de punta.
— Coño ¡Gracias al cielo! ... — exclama.
— Diles que te llevaré a casa... — susurra Leonardo acercándose a mí oído.
— ...Regresamos en unos minutos por ti. — dice Jam en el alboroto de ruido que tienen.
Miro a Leonardo y veo tanta seguridad en él, que me hace sentir segura.
— No te preocupes ya voy para el apartamento, está bien. Nos vemos allá.
— ¡Estas loca si crees que te dejare irte sola! — contesta Jam del otro lado de la línea.
Resoplo sintiendo la mirada de este hombre sobre mi en todo momento.
— Jam, de verdad no te preocupes cariño, no voy sola. — le digo tratando de calmarla.
— ¿Estas segura?
— Totalmente, muy segura, no te preocupes.
Hace unos segundos de silencio, supongo decidiendo si digo la verdad o no.
Pero ella sabe que soy responsable y que no me pondría en problemas, ni en riesgo.
— ¡Ok! Te amo niña, no tardes. — dice Jam con la voz más relajada.
Cuelgo.
Regreso mi vista al hombre frente a mí y me siento como de doce años intimidada por este hombre de uno noventa que me mira sin empacho.
— ¡Vamos! Mi auto está por aquí. — hace un ademán con la mano y me invita a avanzar.
Doy un par de pasos frente a él y siento como pone en mis hombros el saco de su traje.
¡Rayos!
Deje mi chaqueta dentro del bar.
— Gracias — le digo acomodando la prenda en mis brazos.
Encontramos un Bugatti rojo y él abre la puerta del copiloto dándome la mano para que pueda entrar.
Cierra la puerta con cuidado y rodea el auto para subirse al asiento del piloto.
— Abrocha tu cinturón por favor Amelie — dice abrochando el propio y sin darme una segunda mirada avanza. — No deberías frecuentar este tipo de lugares...
Regreso la mirada a él.
— No creo que a Izar y a Bella les complacería saber dónde estás arriesgándote — dice sin quitar la vista del camino.
Resoplo ante su comentario y me preguntó si ¿Él se dará cuenta que tengo veintiuno años no ocho como cuando me conoció?