La Duquesa de Fife miraba a través de la ventana, contemplando la panorámica vista a los jardines del palacio, había llegado hace ya una hora, la importante reunión a la que asistió le demoro toda la mañana, y parte de la tarde, como la mayor representante de la realeza en su ciudad, está envuelta en un sinfín de reuniones, por lo que su agenda siempre está ocupada. Toma otro sorbo de su te, sin despegar la mirada de las flores blancas que relucen en todo el pasto verde, pero sus pensamientos no están admirando la belleza natural, las neuronas de su cerebro están trabajando muy rápido, ha de ser por el agitado día labor que ha tenido, pero no es así, la Duquesa no puede dejar de pensar en su hija.
Después de la muerte de su esposo, Yolanda Margaret, ha tenido que salir a delante sola, con una pequeña que ahora se ha convertido en toda una mujer, la Duquesa se ha esforzado para darle la mejor educación a su hija, y hasta el momento no sea equivocado, Amelia es una joven ejemplar, todos en el consejo la admiran y reconocen que será una excelente sustituta, cuando Yolanda le seda el trono, pero para dar ese paso, Amelia tiene que casarse con un integrante de la realeza, un hombre poderoso que le ofrezca la seguridad que necesita.
Los Müller fueron unos traicioneros, humillaron a su hija, dejando que Cristian se comprometiera con una plebeya sin clase, que no le llega a la altura a su hija, eso es algo imperdonable, el consejo no los perdono, y por tal motivo están fuera de este, aunque aún siguen gobernando en Kent.
Necesita buscarle un buen partido, diariamente le llegan cartas de pretendientes para Amelia, pero la Duquesa no permite que su hija sepa nada al respecto, ella como duquesa y madre es quien debe evaluar los prospectos y hasta el momento ninguno es digno de su hija.
Su asistente personal dice cosas que ella no logra identificar o captar, pues está muy concentrada en sus pensamientos, Amelia pronto cumplirá veintiséis, ya Yolanda a esa edad estaba casada, el consejo le exige que tome una decisión en cuanto al matrimonio de su hija, pero ella está esperando al indicado.
– Mi señora, el señor Halord Visiny le envió un recado – expresa la asistente personal, de la Duquesa.
Ante la mención del señor Visiny, la Duquesa sale de sus pensamientos, retira la vista de la ventana y se enfoca en la mujer de que ha sido como su amiga por muchos años.
– ¿Qué ha dicho? – pregunta un poco intrigada Yolanda.
– Que la espera esta noche en sus aposentos – dice la mujer un poco incomoda, sabiendo el mensaje tan explícito del encargado del consejo.
– Gracias Natalia, puedes retirarte – le indica la Duquesa.
– Perdone mi intromisión señora, pero la noto algo pensativa, ¿está todo en orden? – expresa Natalia, preocupada por el silencio de la Duquesa, desde que volvió de la reunión, sea quedado absorta en sus pensamientos, no se ha movido de la ventana en más de una hora lo que preocupo a la asistente.
El te que la Duquesa había pedido en cuanto llego, ya estaba frio, la postura de su cuerpo provoco que le dolieran los pies de estar parada por tanto tiempo, si Natalia no la interrumpe con el recado del señor Visiny, talvez estuviera un pensativa.
Yolanda camina hasta el sillón enorme detrás de su escritorio y se sienta, con su mano le indica a Natalia que haga lo mismo, la asistente obedece y ocupa una silla frente a la Duquesa.
– Natalia, necesito que ahora seas mi amiga – le pide Yolanda – olvida que soy la Duquesa y que estas bajo mis órdenes, solo las amigas de universidad que se conocieron hace más de treinta años – habla la Duquesa, abriendo una parte de su corazón, con la mujer que la conoce más que así misma.
Natalia, atendiendo al llamado de socorro de su amiga, asiente con la cabeza en señal de estar de acuerdo con la propuesta de su amiga, que aunque es la Duquesa es una de las personas más importantes de su vida, Yolanda le brindo su mano amiga cuando más la necesitaba, le permitió salir de una familia donde no la valoraban y explotaban su talento, sus padres y tíos constantemente la obligaban a vender zapatos de cuero que ella elaboraba, lo hacían con el fin de quedarse con todo su dinero y sin darle beneficio alguno, Yolanda no permitió que ese abuso se continuara dando, por lo que tomo a Natalia y la llevo a vivir con ella en el palacio, desde entonces Natalia ha estado presente en etapas muy importantes en su vida.
Natalia estuvo presente cuando Amelia nació, fue la única vez que vio la parte vulnerable de Yolanda, sostenía a su pequeña en sus brazos todo el tiempo y le cantaba canciones de cuna, pero las cosas se fueron tornando más difíciles cuando el Duque enfermo debido a esta caída, Yolanda ahí sintió el peso de perderlo, su corazón se marchito en mil pedazos, ya no estaría más con el amor de su vida, el hombre con el que había procreado una bella familia, ahora ella debía sacar adelante y sola a un pueblo que depende cien por ciento de ella.
– El consejo me exige que debo darle un esposo a Amelia – habla la Duquesa, Natalia no se sorprende de lo que escucha, en el mundo en el que viven, esos son acontecimientos normales, aunque de normal no tengan nada.
– Creo que eso era de esperarse – dice Natalia.
– Quieren que sea en tiempo record – Yolanda no despega lo ojos de los de Natalia.
– ¿Y es eso lo que perturba tus pensamientos? – pregunta intrigada Natalia, Yolanda es muy decidida en cuanto a tomar decisiones se refiere.
– No he visto al primero que cumpla las expectativas, además no puedo arriesgarme a que la dejen plantada otra vez, eso sería desastroso para nuestro imperio – suelta palabra por palabra la Duquesa.
– ¿Y Amelia que opina al respecto? – pregunta Natalia, sabiendo la respuesta, la Duquesa la mira entre cerrando los ojos – vas a obligar a tu única hija a casarse con alguien que no conoce, vas a exponerla a que le rompan el corazón, porque si sabes que al romperse el compromiso no solo se rompieron las alianzas, sino también el corazón de tu hija ¿verdad? Además Amelia es una mujer que puede decidir con quién quiere estar, ¿acaso le has preguntado lo que quiere hacer con su vida? – algo molesta Natalia toma del escritorio entre sus manos una fotografía de Amalia cuando era bebe, y se la entrega a su amiga – Amelia fue lo mejor que me paso en la vida, así me decías siempre, ¿recuerdas cuando era bebe? Te pasabas cantándole, oliendo sus ropitas y besando sus pies – Yolanda algo alterada, y entendiendo hasta donde su amiga está dirigiendo la conversación se pone de pie.
– Sabes que amo a mi hija más que a nada, solo quero lo mejor para ella Natalia, siempre me dices lo mismo, como si todo lo que hago demuestra lo contrario- habla Yolanda.
– Porque así es como lo veo, ¿querías que fuera tu amiga? Pues es lo que estoy haciendo, estoy cansada de ver como tú y ese consejo manejan la vida de una persona como si no tuviera vida propia – Natalia imita su acción poniéndose de pie, colocando ambas manos sobre la mesa – mira esa fotografía, esa era la bebe que necesitaba ser cuidada y que los demás tomaran las decisiones por ella, pero esa bebe ya creció y ahora es toda una mujer.
– Y es una mujer ejemplar gracias a las decisiones que hemos tomado por ella, le facilito la vida y le entrego todo en bandeja de plata.
– Entonces, si ya sabes que hacer, ¿por qué me pides mi consejo? ¿Por qué tus pensamientos te perturban?
– Olvídalo, no debí decirte nada – dice Yolanda – escuche suficiente de ti, ahora continua con tu labor – la mirada fría e inexpresiva de Yolanda, hace que Natalia apriete y levante el mentón, se lleva las tazas de te.
– Con su permiso mi señora – Natalia se alisa el uniforme y se encamina a la puerta – a por cierto, Amelia y el señor Katunaric aún no han vuelto, ¿quiere que mande por ellos?
– Oliver los traerá – responde con una ceja levantada la Duquesa y vuelve a tomar asiento, dejando que Natalia cierre la puerta y la deje sola otra vez, la fotografía de Amelia de bebe, aun reposa en su mano.
Recordar cuando la tenía en sus brazos, durante la muerte de su esposo, Amelia se convirtió en su paño de lágrimas, lloraba todas las noches y secaba sus lágrimas con las cobijas de Amelia, aspirando su fragancia de bebe que inmediatamente la calmaban.
Ama a su hija, claro que sí, solo que no es muy afectiva como en esas épocas, ha tenido mano dura con su hija, para lograr en ella lo que es hoy.
Las miradas azules de Amelia y Nikolas se funden en una sola, ninguno puede despegar la mirada del otro, es como si el cielo adsorbiera al océano, inconscientemente ambos estaban experimentando una conexión simultánea, ellos habían pasado por rompimientos amorosos, en diferentes contextos, pero el dolor experimentado era el mismo.
Amelia, quiera escuchar una respuesta negativa, a su anterior pregunta formulada, pero el silencio de Nikolas le otorgo la respuesta positiva, no sabía ¿Por qué? dentro de sí misma anhelaba escuchar el no, quizás porque esa mujer ya era felizmente casada con alguien más y no quería ver a Nikolas infeliz, en el corto tiempo que lleva de conocerlo, ha cambiado de parecer respecto a su impresión, pero luego de escuchar su historia ha comprendido lo dura que ha sido la vida con él.
Nikolas por su parte, deja que el silencio interprete su respuesta, conociendo en su interior que aun ama a Anika, pero la pregunta en cuestión es: ¿Qué clase de amor es?
Oliver a unos pasos de ambos, no quiere romper con la burbuja, pero la hora de volver ha llegado y es necesario estar a tiempo en el palacio.
El chofer personal de la familia Wilson, carraspea su garganta y dice – disculpe señorita Wilson, pero es preciso volver al palacio – Amelia es la primera en romper con el contacto visual.
Nikolas como todo un caballero ayuda a Amelia a ponerse de pie, el increíble día había llegado a su fin, por lo que obedecieron las indicaciones del chofer, ocupando el auto que los llevo hasta la entrada del palacio.
Durante el viaje, el incómodo silencio había desaparecido, ahora Amelia y Nikolas tenían cosas en común de que hablar, por lo que una conversación trivial se expandió, con anécdotas y risas.
Al estacionar Oliver en la entrada principal, Nikolas se apresura a salir del auto y con toda caballerosidad, ayuda a Amelia a salir, la escena no pasa desapercibida por la Duquesa, quien al escuchar desde su sillón las chantas del auto, fue directo a la venta para observar lo que pasaba.
Desde la primera vez que los vio juntos, Yolanda se siente algo presionada, sabe que Nikolas estuvo a punto de casarse y que tiene una hija, no creyó que fuera tan joven y guapo, una tentación para cualquiera, hasta para una joven solitaria.