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El invierno arrasaba con sus vientos fríos y ligeras gotas de lluvia por todo Busan, las personas salían abrigadas de pies a cabeza, las cafeterías rebosaban de gente por sus bebidas reconfortantes ante el clima y los niños celebraban por ser el inicio de su año escolar.
Al menos un grupito de niños que asistían al jardín Sweet Dreams estaban totalmente emocionados por volver.
El establecimiento estaba abastecido de las cosas necesarias para comenzar un nuevo año con los pequeños de la guardería y estaban ansiosos de recibir nuevamente a esos chicos que les robaban el corazón cada día.
Un chico rubio acomodaba los cuentos en la estantería y observaba que estuvieran correctamente acomodados, no quería mostrar un desastre a los pequeños y darles un mal ejemplo.
―Jiminie, faltan cinco minutos para abrir, tenemos que llevar los banquitos a la entrada.
Taehyung era otro de los cuidadores de los pequeños y era su amigo de años, ambos habían decidido el trabajar en ese jardín de niños por su amor por los infantes.
― ¡Voy! ―caminó hacia el pequeño closet que estaba pegado a la pared y abrió ambas puertas de este, en él guardaban los juguetes y banquitos que los chicos usaban.
Se agachó y tomó desde abajo la pila de banquillos de plástico, cargándolos y cerrando las puertas con un puntapié.
Caminó por los pasillos pintados de durazno pastel y varios dibujos de personajes que los niños amaban pegados por las paredes.
El jardín abría sus puertas a los padres, sin embargo, no podían pasar de una línea de arcoíris que estaba dibujada en el suelo, por seguridad de los niños. Después de esa línea había un pasillo y al fondo era el espacio donde los pequeños se esperaban a que llegasen sus compañeros, para después ir todos juntos al salón.
Las instalaciones eran amplias, algo que los niños y padres apreciaban.
Los niños más pequeños del jardín tenían dos años y medio y los más grandes tenían cinco, pero eran separados en varias actividades ya que eran 40 niños y niñas, siendo los salones algo chicos para tantos.
Había cuatro cuidadores; Jimin, Taehyung, Sejin y Jihoon.
También estaban las chicas del aseo y cuidado, ellas se encargaban de cambiar a las niñas, llevarlas al baño entre otras cosas más privadas, dándole más seguridad a los padres de que no hay sólo hombres con sus pequeños.
Suran, Jennie, Sana y Momo eran las trabajadoras que ayudaban a los chicos.
―Suran Noona, tenemos que traer a Jack para que Hana no llore al llegar― Jimin le recordó ese importante dato y la chica corrió al salón para llevar a Jack, el dinosaurio.
Y como Jimin predijo Hana fue de las primeras en llegar y no quería soltar a su madre, pero cuando vio a Jimin con Jack el dinosaurio en manos, corrió hacia adentro.
Jimin se encargaba de los chicos más pequeños, de dos y tres años, teniendo a diez pequeños a su cuidado.
Se escuchaba fácil, pero al ser los más pequeños requerían de mayor cuidado, siendo Suran su compañera.
Los niños llegaban y la mayoría sonreían al ver a sus cuidadores favoritos, algunos entrando con pena al no recordar a la perfección el lugar, después de un rato acoplándose.
Jimin vio llegar a su pequeño favorito, iba con su peluche de Kumamon en manos y el dedo pulgar en sus labios, buscando con miedo a Jimin.
―Sehunie, ven cariño― el pequeño lo escuchó y con pasitos torpes corrió hacia él, siendo levantado por el rubio. Se despidió de los padres del menor y sonrió, ayudándolo a sentarse en el banquito.
Los niños terminaron de llegar y ahora había trece niños en su salón, llegando tres niños nuevos en su cursito. Guardaron los banquitos en pila otra vez y en un trencito llegaron al salón, corriendo todos a ponerse en las distintas mesas del salón.
― ¡Bien niños, es momento del desayuno!
―A la mierda Namjoon, esto es culpa tuya. Está haciendo un frío terrible y estoy sin gasolina y con 10% de batería en el celular.
El chico de cabellera negra se rascó el cuello con molestia. Estaba en una ciudad que no conocía en una calle que no conocía y si alguien que le conociese le veía se armaría un desastre mayor.
―Lo siento hyung, pero no me di cuenta que había agotado mucha gasolina y con lo de tu celular necesitaba hablar con Jungkook, no pensé tardarme tanto.
Bufó y volvió a entrar al auto, cerrando la puerta y viendo las llaves que colgaban en el auto muerto.
―Dime dónde estás y mando a alguien por ti, pero tienes que darme una pista del lugar―Yoongi miró a los lados, estaba en una calle llena de casas y un y había un cartel donde anunciaba una ¿tienda de dulces? tal vez.
― ¿Dulces? ―el aviso que el celular estaba por apagarse sonó y el pelinegro entró en pánico, separó el aparato de su oreja y antes de cualquier cosa, se apagó.
―Ugh, lo que me faltaba―se lanzó hacia atrás en su asiento y hurgó en su bolsillo, sacando un cigarrillo, sacó un encendedor del otro lado y lo encendió, poniéndolo entre sus labios.
El auto tenía seguro, era alquilado, así que no le importaba realmente si le pasaba algo. Salió y comenzó a caminar con cigarro en labios hacia ese cartel gigante, tal vez ahí le podrían prestar un teléfono para dar su dirección.
Inhaló el humo del cigarro y lo exhaló a los segundos, lo lanzó al suelo y se colocó su cubrebocas y gorra, no podía arriesgarse a que alguien le reconociera.
Entre más se acercaba a ese establecimiento más se arrepentía de haber ido, era todo colorido y con dibujos animados pintados en las paredes.
Maldición, un puto jardín de niños.
Rodó los ojos y siguió caminando, sólo quería que alguien llegara por él e ir al estudio de una vez por todas.
Cuando por fin estaba delante del lugar vio que las puertas tenían anuncios pegados, hablando de horarios y algunos datos sobre los servicios. Luego de un rato se fijó en el timbre...
¿En serio?
El timbre tenía un sticker de pollito alrededor, haciendo parecer que el botón estaba en la pancita del pollito.
Tocó el timbre y espero a que alguien le abriera, a los segundos un chico rubio le abrió la puerta.
Labios gruesos, pelo ligeramente rizado y piel morena.
―Buen día ¿necesita algo? ―el chico no abrió ninguna de las puertas y le miraba un poco asustado.
―Me he perdido y quería saber si podría regalarme una llamada―trató de sonar lo más tranquilo posible, ya que de entrada se veía que el chico no le tenía confianza.
―Oh, claro―abrió una de las puertas y le dejó pasar. Un hombre adulto que era el vigilante del lugar le veía atento, escaneándolo.
Yoongi comenzó a caminar, pero un gritillo le hizo detenerse.
― ¡No pasa deñor! ―un niño pequeño le gritó mientras le apuntaba con su dedo índice.
Frunció el ceño y dio un paso más, retando al menor.
―Jiminie yung, el hombe no pada―se quejó el niño corriendo hacia el chico rubio, abrazándose a su pierna.
―No pase de la línea en el suelo, por favor―Yoongi miró hacia abajo y vio una línea pintada con varios colores, asemejando a un arcoíris.
Al ver la pesada mirada que el vigilante le daba decidió obedecer, sólo quería la llamada.
―Tenga, por favor sea breve―le tendió un teléfono inalámbrico y se quedó quieto frente a él.
Comenzó a marcar y esperó impaciente a que Namjoon le contestara.
―RM Industry ¿Quién habla?
―Namjoon, estoy en un jardín de niños y el auto está a unas cuadras, manda a alguien por mí―vio como el chico rubio levantaba al niño y lo cargaba, dándole un beso en la mejilla.
― ¿En un jardín de niños? ¿estás en Sweet Dreams? ―Yoongi frunció el ceño, al parecer Namjoon conocía ese lugar.
―Ajá ¿ya mandaste a alguien?
― ¡Pásame a Jiminie, dile quién soy!
Yoongi volvió a fruncir el ceño y miró al chico rubio, quien señaló su muñeca repetidas veces, diciéndole que se apresurara.
―Puedes socializar después, sólo manda a alguien por mí, carajo.
El pequeño Minguk abrió los ojos como platos y señaló al adulto pelinegro con cara de espanto.
―Yung, dijo mala padabra―Jimin frunció el ceño hacia el mayor y luego miró al menor.
―Eso está mal, no lo hagas ¿sí pequeño? ―el infante asintió y se acomodó en el hombro del mayor, llevando su pulgar a su boca.
―Ya iré por ti, espera unos minutos―le dijo Namjoon a Yoongi, este bufó y colgó sin decir adiós.
―Gracias―dijo en voz baja y le devolvió el teléfono. ― ¿puedo quedarme un rato aquí, mientras viene mi amigo?
―Sí, pero no puedes pasar la línea―volvió a ver por sus pies y esa tonta línea arcoíris.
―Por cierto, Kim Namjoon te dice hola ¿eres Jimin? ―el rubio abrió los ojos con sorpresa y sonrió.
―Kai hyung, cuando vengan por él me avisas por favor―el rubio sonrió hacia el vigilante y este le devolvió la sonrisa.
El rubio se fue sin decir nada más, dando saltitos y jugando con el pequeño en el camino.
―Agust D, millones de reproducciones, premios codiciados―miró la esquina que estaba por la puerta y se sentó en el suelo. ―como un perro, en...un jardín de niños.