Esta vez también se dejaron llevar por el deseo que los consumía por dentro. Ya estaban arrancándose la ropa el uno al otro. Ella gemía reaccionando al rosario de besos que él comenzó desde su cuello. Él le preguntó si estaba lista, ella asintió. Lo siguiente fueron embestidas intensas que provocaron gritos desesperados por parte de Rose. Sin embargo, algo les impidió continuar. Él tenía planes para ambos pero no fue tampoco lo que les hizo detener la romántica y erótica danza de sus lenguas mientras sus cuerpos desbordaban de placer, mucho menos fue la “falta de oxígeno”, sino un grito desgarrador. Cuando ambos voltearon a ver, alarmados, se separaron de inmediato. No era cualquier persona, se trataba de Grace, la madre de Rose. Estaba de pie, observando como su hija y Jared se com

