Esto me traería problemas con Avery y posiblemente con mi madre y mis amigos. Pero no me importaba arriesgar un poco para disfrutar una noche con este bombón.
Quise preguntar tantas cosas pero mi boca pareció estar sellada. No podía hablar y no entendía el motivo.
—No pareces de diecisiete. —se limitó a responder dejándome en ascuas.
Ese hombre estaba a punto de causarme la más grande de las desgracias sin saberlo pero no me importaba arriesgarme siempre que fuera para hacer sufrir a la imbécil de Avery que ni siquiera era mi hermanastra, sino la hija del novio de mi mamá.
Y si logro mi objetivo de comerme este dulce antes de navidad, ya tendré parte de mi victoria.
—¿Ah no? ¿Y de qué edad parezco entonces? —le pregunté
—No sé, más de dieciocho, creo…—comentó con una sonrisa ¿coqueta? Ay Jared, no me tientes que no tienes idea de lo que puedo hacer—. ¿Y has tenido novio, Rose?
—No, pero sí unos cuantos amigos con derecho. —confesé apenada, ni mi mamá sabía de esto y ya se lo estaba contando a un extraño.
—Amigos con beneficios querrás decir. —Me corrigió, asentí con una sonrisa—. ¿Y por qué no has tenido novio?
—Soy muy exigente y muy complicada, ¿sabes? —Él me miró confundido y con picardía a la vez—. No me fijo en cualquiera.
—¿Y en mí te fijarías? —cuestionó, con una cercanía que yo consideraba demasiado peligrosa pero que me gustaba más de lo que debería.
—¿En serio me preguntas eso? —inquirí como quien no quiere la cosa—. Eres novio de Avery.
—Eso es asunto mío, yo resolveré eso. —contestó tajante—. Dime, Rose, ¿te fijarías en alguien como yo?
—¿Para qué quieres saberlo?
—Bueno, porque es importante saber si otras personas están interesadas en ti. —susurra a la vez que desliza su mano por mi pierna desnuda. Tragué saliva cuando se desvió hasta mi zona íntima—. Así el juego se hace más interesante.
—¿El…juego? ¿De qué juego hablas?
—El que comenzaremos tú y yo a partir de hoy…—me miraba con deseo, con lascivia y yo ya no podía resistirme a lo que sentía por dentro—. El juego de los amantes, Rose. —susurró acercándose más a mis labios.
Yo me quedé mirándole en silencio, no sabía que decir ni que hacer.
—¿Estás dispuesta, Rose?
Su ojos eran azules como el cielo, brillante como el diamante y ardiente como fuego. Su mirada, profunda como el océano, atravesaba cada espacio de mi ser. Sus manos eran gruesas, las observé con detenimiento, imaginándolas recorrer todo mi cuerpo. Estaba dispuesta a conocer sus habilidades en el sexo, quería saber de qué era capaz este hombre. Sentía que en algún momento acabaríamos comiéndonos. Imaginar que él podría despertar en mí los más oscuros deseos ya me tenía temblando.
Y así fue.
Esa madrugada tuve la oportunidad de comerme a Jared por primera vez. Las paredes de la biblioteca fueron testigos de la pasión que desbordaba de nuestros cuerpos, el sudor que emergía de los poros, los gemidos que salían de nuestros labios. ¡Dios! Sus besos, sus caricias, cada toque suyo me derretía por dentro, llevándome al éxtasis, al clímax del placer y no podía detenerme. No ahora que había comenzado.
El deseo fluía pero al terminar sentí que deseaba más, como si no fuese saciado esa sed que me abrumaba, que agobiaba mi alma. No se había salido aún, pero vale decir que quería tenerle una y otra vez dentro de mí, las veinticuatro horas si fuera posible.
—¿Te gusta? —preguntó en un susurro, cerca de mi oído. Asentí, tomó mi cabello y lo haló a la vez que aumentaba la intensidad—. Grita...
—Nos pueden escuchar...
—¡Me importa una f*****g mierda! Grita, Rose, quiero que grites. —Le obedecí, me sentía sumisa ante él, ¿Y cómo no? Después de esa primera noche, se convirtió en el causante de mis sueños más húmedos.
***
Él se encargó de llevarme hasta la habitación. ¿Cómo lo sé? Porque al despertar, estaba en mi cama. Era domingo, podía dormir hasta tarde pero, sin duda, no fue para nada como lo imaginé. Mamá me invitó a acompañarla a hacer mercado, no quise, preferí quedarme para relajarme en casa. Josh y Mary si fueron con ella y Jackson. Avery, por lo que supe, tampoco estaba en la casa. Por tanto, deduje que él tampoco estaba.
Me equivoqué.
Encontré una nota en el refrigerador cuando abrí para tomar mi jugo del desayuno, me percaté que apenas eran las diez de la mañana. Una sola vez la leí y fue suficiente para que, en mi mente, surgieran las imágenes de la noche anterior. Mi panty se humedeció de solo recordarlo.
—Te he estado pensando, ¿sabes? —susurró en mi oído, hundiendo su cabeza en mi cuello—. No tienes idea de lo que me causas... Pero puedes sentirlo. —agregó, apretándome contra él. Pude sentir su virilidad, me di vuelta para encontrarme con él, cara a cara. Fue la peor decisión que tomé.
Quería saber y entender que era lo que tramaba. Y aunque no me atreví a preguntárselo, le seguí el juego cayendo redonda en la tentación que él suponía para mí.
—¿A esta hora vas a desayunar?
—No veo problema, ¿tú sí?
—No, pero lo veo innecesario.
—No, no lo es. Yo desayuno —susurré sobre sus labios, acariciando su cabello. Él me apretó más fuerte contra su cuerpo, yo solo sonreía—. Y luego me pido el postre. —besé sus labios, me separé y le di la espalda pero él no parecía estar conforme.
—Si sabes que en cualquier momento pueden llegar mi mamá y Jackson con los demás, ¿no?
—Mientras no nos descubran, podemos hacer lo que queramos.
—Exacto pero tú estás rompiendo tu propia regla, Jared. —espeté—. ¿Realmente quieres que comencemos así el juego?
—Esto se trata de romper las reglas, Rose. —concluyó, cerrando la conversación con un beso que se tornó apasionado.
El timbre sonó, como yo lo había anunciado antes, obligándonos a terminar el beso. Aun así, me dejó muy abierta la invitación a vernos esa noche en el mismo lugar. ¡Dios! ¿Qué estaba haciendo? ¿En qué me convertí? Ni yo me reconocía. Pero estaba segura de que, por muy loco que fuera, ese hombre estaba interesado en mí. Me deseaba y eso era más que suficiente para seguir con el plan.
Y mi mejor amiga tenía que saberlo, por supuesto, pero con Josh cerca era muy difícil estar en privado. Tuve que cuadrar una salida de chicas para poder contarle.
—¿Qué pasa? ¿Por qué la urgencia de qué saliéramos de la casa? —me preguntó, cuando ya estábamos dentro del auto—. ¿Qué es eso que me tienes que contar que Josh no puede saber?
—Mary… —comencé a hablar, me tomó más tiempo de lo que me habría gustado organizar las ideas en la cabeza. Respiré profundo y lo solté sin pensarlo más—. Me acosté con Jared.
—¿QUÉ? —gritó, con las manos en la boca—. No puede ser, ¿en qué momento? ¿cómo?
—Vámonos, te cuento en el camino.